Pozuelo es esa ciudad maravillosa donde su alcaldesa gobierna con anteojeras políticas (de marca, claro) para no ver a sus vecinos muy enfadados por sus raras y estúpidas decisiones

La forma de gobernar de Paloma Tejero es un espectáculo digno de analizar en un estudio político. Una forma de gobernar con anteojeras. De marca, eso sí. Todo en el Gran Pozuelo de Alarcón tiene que ser de marca que aquí el glamur está al cabo de la calle.
Algún día, estoy seguro de que alguien hará una tesis doctoral sobre esta nueva forma de Gobierno que evita que, por una pequeña distracción, la autoridad competente vea un vecino cabreado y le dé un soponcio. Y eso no estaría bien. Es una forma de gobernar mirando al frente, sin atender a los lados, detrás o debajo. Y eso, lo confieso, es un arte. Es tal la habilidad de Tejero que, en El Pasillo del Infierno, conocen esta acción política como “La visión política del túnel”.
Esas anteojeras tan divinas solo le permiten ver un Pozuelo- Edén, donde todo funciona, nadie protesta y los problemas solo existen en la mente calenturienta de cuatro vecinos malhumorados que, seguro, no entienden la compleja arquitectura política de gobernar sin mirar a los lados.
Una técnica avanzada que, en el Ayuntamiento, sus pelotas quieren comercializar como “gestión moderna”.
Pero la realidad es otra. Y esas anteojeras de marca le impiden ver el cabreo reinante de los vecinos y la pregunta hay que hacerla al revés:
¿Cuántos vecinos de Pozuelo quedan sin cabrear?
A mi entender, pocos.
Empecemos, por ejemplo, por el centro de Pozuelo, esa zona histórica que en cualquier municipio normal se protege, se cuida y hasta se mima. Menos aquí. Aquí el centro es como ese tío lejano del que nadie quiere hablar pero al que hay que invitar en Navidad.
Paloma lo ha abandonado con la elegancia del que deja una nota en la nevera: “Me he ido a por tabaco. No sé cuándo volveré”. Y así llevan los vecinos varias legislaturas pero en esta es desesperante: La nevera vacía y la paciencia gastada.
¿Cuántos vecinos del centro quedan por cabrearse con la alcaldesa?
Y seguimos por la Avenida de Europa, donde el caprichito del Recinto Ferial ha sentado como una cornada. Nadie sabe muy bien por qué tenía que ser ahí pero está empeñada. Su espíritu festivo es así. Cuanto más cerca del dormitorio de los vecinos, más auténtico.
¿Cuántos vecinos del final de la Avenida de Europa quedan por cabrearse con la alcaldesa?
Y ahora, saltemos a Humera. En ese barrio, los vecinos viven en un festival permanente. Ruidos, botellones, noches eternas… Todo muy chic. Pijo, que se dice. Pero como las anteojeras de la alcaldesa no apuntan en esa dirección, pues nada, ahí siguen los vecinos haciendo karaoke involuntario a las tres de la mañana.
¿Cuántos vecinos de Humera quedan por cabrearse con la alcaldesa?
Y llegamos a Pozuelo Estación, donde la famosa Zona de Bajas Emisiones ha sido recibida con los brazos abiertos para cerrarlos inmediatamente en forma de protesta. No pasa nada. Todo sea por modernizar el municipio. Aunque la modernidad la paguen siempre los mismos.
Una tomadura de pelo porque en el Barrio de la Estación no hay contaminación.
¿Cuántos vecinos van a quedar en la Estación sin cabrearse con la alcaldesa en cuento se ponga en marcha y tengan que empezar a pagar?
Y luego están las tasas. Ay, las tasas. El 80% de los habitantes del municipio está echando humo y eso que los vecinos de las grandes urbanizaciones ni se han enterado porque, a ver, cuando pagas lo que pagas por vivir ahí, un extra más o menos es como un mosquito en medio del campo. Molesto, pero asumible.
Para el resto, en cambio, ha sido como un banderillazo fiscal. Por cierto, ¿recuerdan aquello de bajar impuestos de la campaña electoral?
Yo sí. Ella, parece que no.
¿Cuántos vecinos quedan por cabrearse en Pozuelo por pagar una tasa ilegitima?
Y luego están los deportistas del pueblo, esos héroes de las pistas destartaladas que ya ni protestan. Han pasado a la fase de resignación zen. Al final, entrenar en instalaciones municipales es una especie de homenaje a los años 90 y, oye, eso también forja carácter.
¿Cuántos deportistas quedan en Pozuelo sin cabrearse con la alcaldesa?
Total, que cada barrio está mosqueado por un motivo distinto, pero todos comparten una misma certeza: Que la alcaldesa va a lo suyo, como esos caballos que solo ven el camino recto porque les ponen orejeras para que no se asusten de lo que puedan ver a su lado.
Aquí, lo malo, es que quien se está asustando es el pueblo entero.
Pero no os preocupéis. Tejero sigue firme, convencida, segura de su visión aunque esa visión sea ya del tamaño de una rendija. Una especie de ranura de una urna electoral…
Y por esa ranura, mucho me temo, que las papeletas electorales de los vecinos de Pozuelo no caben…
Está hinchada de puro cabreo…
Juan Manuel Sánchez







No se olvide de los del distrito Norte, donde los bancos de los parques están con las tablas roídas después de 20 años al sol, sin ningún equipamiento municipal cercano (ni bibliotecas, ni pistas deportivas, ni na de na), y sin apenas adornos navideños en sus calles, salvo la rotonda de entrada de las gasolineras. Dudo que esta señora sepa incluso donde estamos.
Muchas gracias por su participación. Y tampoco hay que olvidarse de los usuarios del Centro de Mayores Parque de Torrejón. Saludos