Temperatura del Pasillo del Infierno: ¿Es verdad que no existe Gobierno, que hay concejales que no saben qué hacer porque nadie les manda que hagan algo y que están peleados entre ellos?

Me cuentan y no paran. Lo que está pasando en el Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón empieza a ser una especie de película de Berlanga. Si don Luis volviera a Humera y se enterase, estoy seguro de que llamaría a su amigo el guionista Rafael Azcona y rodaría de nuevo “Moros y Cristianos” pero en versión municipal pozuelera.
¿Cómo hemos podido llegar a esto?
Yo sé, lo sé, pero el abogado del periódico tiene gripe y no me arriesgo.
Y lo sé porque solo hay que escuchar a los concejales del Gobierno para que canten el “Porompompero” (no a mí directamente) pero a gente que me lo cuenta luego.
Hay días, me dicen, en los que uno se asoma al llamado Pasillo del Infierno y lejos de escuchar la algarabía propia de un centro de trabajo importante, solo se escucha el silencio administrativo. Algo inquietante. Casi aterrador. En el ambiente hay una especie de murmullo constante, con resonancias de “El Coro de los esclavos” de Nabuco. Un tanto desafinado, eso sí, que entonan, sin querer cantarlo, los propios concejales del Equipo de Gobierno. Y no porque tengan espíritu lírico, sino porque la situación empieza a ser un auténtico esperpento y se sienten “prisioneros de oro” por lo que cobran.
Y, claro, la pregunta que empieza a crecer en la Cafetería Suri no es si el Gobierno funciona, sino si existe. Hay concejales que vagan por la Plaza Mayor como almas de la “Santa Compaña”, mirando papeles que no saben si firmar, esperando órdenes que no llegan, reuniones que no se convocan y decisiones que nadie toma.
Entre ellos, las tensiones internas ya forman parte del mobiliario: Se soportan, sí, pero con la resignación de quienes comparten la misma desdicha. No se fían los unos de los otros, pero tampoco pueden permitirse romper filas.
Basta con querer escucharlos para que cuenten. Y lo que cuentan es siempre lo mismo: Que el Gobierno de Pozuelo es una orquesta sin director, afinación ni partitura. Una especie de “Danza de las Chirimoyas”, de David Sánchez, el Hermanísimo. Y lo digo sin acritud.
Así que no me ha quedado más remedio que tomar la temperatura del Pasillo del Infierno, en base a lo que me dicen de los concejales de Gobierno, siguiendo el orden de la lista electoral…
Todo sea dicho, sin acritud también:
Félix Alba solo está para moverse en las redes sociales. Su actividad es frenética. Parece un ‘youtuber’ creando contenidos…
Macarena Lora, en cambio, no está para nada. Era la gran esperanza blanca de la lista electoral de Tejero y se ha quedado en blanco pero de sábana de fantasma.
Lucía Molares, ojito, que esta sí que manda. O a esta concejala es a la que se agarra Tejero porque sigue creyendo que puede salvar al Ayuntamiento de la ruina. Veremos si Lucy no termina haciéndole una queimada y se queda con todo.
Miriam Picazo, iba a ser la estrella y apenas ha quedado en la decoradora de la Navidad. Eso sí, tiene más prerrogativas que un presidente yanqui. Pero nada más. Incluso, dicen que ya no quiere salir en más fotos junto a Tejero. Creo que son habladurías. ¿Dónde va a estar mejor? Pero todo se andará.
Eva Cabello junto a Almudena Ruiz Escudero son lo más parecido a Thelma y Louise, en pozuelero, que se ha visto por la ciudad. De hecho las llaman así. Terminarán mal también porque no hacen más que cuchichear (como en la legislatura anterior) sobre lo mal que lo hace la alcaldesa y lo buenas que son ellas.
Luis Magide está siempre enfadado. Siempre. No sé sabe si es para darse importancia ya que es más estirado que Antolínez, pero lo cierto es que va por la vida pareciendo que es el que parte la pana. Como un día le graben, nos vamos a reír. Nunca debió llegar a ser concejal.
Ignacio Santana, pobrete, es un cero a la izquierda. Lo fue, lo es y lo será.
Eduardo Oria de Rueda es el clásico “sanchopanza” que se ríe como el ‘Perro Pulgoso’ de todo lo que está pasando en el Ayuntamiento y de estos listos que venían a salvar Pozuelo. Quién lió a Tejero para que lo colocase en la lista electoral es un genio. Lo suyo fue venderle un frigorífico a un esquimal, pero allí, en el Polo Norte que es lo complicado.
María del Carmen Salas, por su parte, es una “niña muy rica”. Una ricura. Adorable. No sabe nada de nada. Pero sonríe como nadie.
Patricia Peinado es lo que pudo haber sido y no fue. Cuando llegó ponía en todo un interés ejemplar. Incluso creía en los Reyes Magos. Ahora es tan cero patatero que ya ni les escribe.
Manuel Moreno es el ejemplo claro del Principio de Peter. En una jerarquía, los empleados competentes son promovidos hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Verdad verdadera. Cuídate, Manolo. La salud es lo importante.
Susana Penedo es una mujer encantadora pero que, en su vida, se ha visto en otra igual aunque pone mucho interés. Wow.
Juan Manuel Ruiz Boj no sabe ni dónde está. Dicen que anda pensando huir aunque no sabe hacia dónde…
Eduardo Vázquez de Parga aún sigue traumatizado. Se vino de Méjico creyendo que iba a ser el ‘Miriam Picazo’ del alcalde Enrique Ruiz Escudero y aún no se ha repuesto de shock de que sea el último mono de Paloma Tejero.
Y Delfina Lafuente, esa mujer que anda por el Ayuntamiento como si fuese un fantasma buscando un traductor binario para enterarse de qué es eso de la administración digital…
Qué malamente va a terminar todo en esta legislatura…
Puf.
Y es que quien mal anda, mal acaba.
Las personas, aunque sean concejales, que viven con desorden, deshonestidad o tomando decisiones equivocadas, suelen tener un final con consecuencias negativas.
El Capitán Possuelo





