Lucía Molares solo vive para justificar su error político con la ilegítima Tasa de Basuras: Llega a reconocer que, en Pozuelo, Quislant la elevó brutalmente en 2021 y que ya se pagaba mucho

Hace unos días, el Canal 179 de televisión entrevistó a la inefable paracaidista Lucía Molares, concejala de Hacienda, Economía y Digitalización en el Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón. Y en ella, a la gallega se le volvieron a ver las costuras, demostrando su incompetencia política y su falta de conocimiento de la ciudad y de su Ayuntamiento.
En definitiva, confirmando que nunca debió cruzar el Arroyo Meaques y menos viniendo con esas ínfulas de sabihonda que aparenta.
Y es que, en la entrevista, aparte de justificar la injustificable aplicación antes de tiempo e irresponsablemente de la ilegítima Tasa de Basuras para sacar dinero y tratar de paliar los desastres económicos de facturas sin pagar que dejó la olvidable Susana Pérez Quislant y decir, además, que el Gobierno de Pozuelo ha creado un grupo de trabajo de técnicos de gestión tributaria y medio ambiente (a buenas horas, mangas verdes) para que “puedan cumplir el pago por generación”, volvió a mentir.
No se puede ser más trapacera políticamente hablando que esta señora.
La concejala popular dijo también, en el Canal 179, que desde el Gobierno establecieron un criterio político para que “la repercusión fuera la menor posible en los ciudadanos”.
No se puede ser más embustera, insisto, al olvidarse de finales de 2024 cuando la cobró de manera impropia con forma innegable de rapiña. Aquello fue un saqueo en toda regla ya que rechazaron los recursos de los vecinos como si hubiesen sido hechos por súbditos y no por los contribuyentes que les pagaban sus buenos sueldos.
Y ya, en el colmo de los colmos de esta política descarada, Molares dice en la entrevista que el problema está en que Pozuelo cuenta con un contrato “elevado” que se modificó en el 2021, antes de que se elaborara esta ley, por lo que ahora se ven en la “obligación” de “repercutirle un mayor coste a los ciudadanos”.
Es que la cosa es para entrar en “Villa Meona” y no echar ni gota ni gota.
¿Es que, en 2024, no sabían de aquella impresentable subida del contrato intolerable de Susana Pérez Quislant?
O sea, que esta forastera, ni siquiera quiso saber cómo y cuánto se estaba pagando ya de recogida de basuras en la ciudad. Solo les interesaba cobrar. Lo que fuera y cuanto antes.
Ahora, cuando Madrid obligó a Tejero a reducir la barbaridad de Tasa que se impuso en 2024 (y que nos están vendiendo como maravillosa) todo suena a pantomima. Ya que tenía que bajarla y sabía lo de Quislant, debería haberla dejado en una cosa simbólica y no vivir para justificar su barbaridad política.
Todo para justificarse, que no para pedir perdón que es lo que debería hacer.
Y es que Molares lo dice como si fuera una víctima. Como si ella no hubiera sido la que adelantó ilegalmente esta tasa. Como si no hubiera mentido en una carta oficial diciendo que era de “obligado cumplimiento inmediato”.
Molares, si hubiese sido una política seria y no una arribista forastera, hubiese preguntado antes del atropello de 2024 por aquel contrato de 2021 de Quislant, que fue un dislate político y administrativo y que aquí denunciamos con pelos y señales.
Un contrato licitado tarde, prorrogado una y otra vez desde 2018 que fue cuando debió firmarse.
Un contrato con crisis de concejales en la Junta de Gobierno, maniobras oscuras y el sainete del murciano (impuesto por Teodoro García Egea) Paquito Melgarejo, incapacitado para firmarlo por conflicto de intereses y que fue sustituido a toda prisa por David Rodríguez, un concejal de paja que usó Quislant para firmar dicho contrato irresponsable ya que llevaba una subida descomunal: Pozuelo no había aumentado el número de habitantes ni se mejoraba el servicio. Bueno, sí, decían que se mejoraba con chuminadas de aquella alcaldesa caprichosa.
Molares, en su soberbia, ni siquiera le preguntó a su compañero de Grupo Municipal Eduardo Oria por el tema, que se lo sabía todo porque había sido protagonista del dislate.
Al final, la adjudicación fue a FCC Medio Ambiente por más de 16 millones anuales, que podían escalar hasta los 22 millones, y fue el mayor escándalo de la era Quislant.
Y, ahora, Molares lo utiliza como coartada. Es que manda güevos.
Reconoce que el servicio de basuras ya estaba “superpagado” pero, en lugar de plantarse, en lugar de defender a los vecinos contra el abuso no obligatorio de Sánchez, decidió pasarles la factura. Adelantó una tasa que no era obligatoria hasta abril de 2025. Mintió. Manipuló. Y la cobró por la vía rápida para tapar las trampas de aquella alcaldesa olvidable.
Lo más grave es que ninguna de estas tres damas de cartón piedra que mandan en Pozuelo (Tejero, Picazo y Molares) vive en la ciudad. No pagan la tasa. No sienten el atraco en sus bolsillos. Pero imponen la carga con la frialdad de quien se sabe inmune.
Veremos que terminan diciendo los tribunales…
Por eso ahora Molares se defiende justificando lo injustificable. Lo que defiende ahora Molares no es una rectificación. Es otra tomadura de pelo. Una nueva humillación a los vecinos. Una demostración de que Pozuelo está en manos de politiqueras sin arraigo ni vergüenza torera.
Lucía Molares debió ser cesada hace mucho tiempo como concejala de Hacienda para convertirse en concejal de Zona. Por mentir, por manipular, por no vivir aquí y por seguir creyendo que puede engañar a todo el mundo como engaña a la oposición con su suavidad ficticia.
Pero la paciencia de los vecinos se acaba.
Y cuando llegue el momento, Pozuelo no olvidará este atraco fiscal.
El Capitán Possuelo





