El concejal no adscrito Ángel Hernández ha muerto: Respeto, honor y gloria a quién vivió conforme a sus principios de integridad y dignidad y luchó por alcanzar un Pozuelo mejor

Anoche, maldita sea la noche, un mensaje de WhatsApp me golpeó el móvil y el corazón. De pronto. A traición. Como llegan estas noticias. Un amigo me decía que el concejal Ángel Hernández había muerto…
Malhaya la hora.
Me hubiera gustado enterarme por el doblar de las campanas de su querido Pozuelo…
Sabía que estaba muy enfermo y esperaba que, el día que muriera, en ese momento, yo oiría llorar a las campanas…
Sabía que si las oía doblar no me haría falta preguntar por quién lo hacían…
Pero no las oí…
Había muerto un concejal del Gran Pozuelo de Alarcón y todo estaba en silencio…
Qué profunda tristeza…
Pero no importa, hoy, Ángel, tu nombre resuena en un silencio más hondo que cualquier pasillo vacío del Ayuntamiento…
Se ha apagado tu voz, pero no la huella de tu palabra firme, ni la rectitud de tus actos, ni la dignidad serena con la que caminaste, incluso, cuando el camino se volvió áspero y solitario.
Fuiste, ante todo, un hombre íntegro. Lo sé bien. No de los que se doblegan al viento cambiante de la conveniencia, sino de los que permanecen de pie aun cuando la tormenta arrecia. Como los juncos a los que tumba el viento y la riada pero se vuelven a poner de pie…
En un tiempo donde la política a menudo se disfraza de espectáculo o de nadería, tú elegiste la sobriedad de la conciencia. Donde otros buscaron el aplauso, tú defendiste el principio. Donde se tejieron silencios cómplices, tú sostuviste la palabra honesta.
Curiosamente, conocí a Ángel un día que me escribió para matizar una noticia que había escrito sobre él. Hace mucho tiempo. Ya estaba enfermo. Y desde entonces nos ‘mensajeábamos’ cada dos semanas más o menos…
-¿Cómo estás, Ángel?
-Bien. Luchando…
Y quincena a quincena le fui conociendo a fondo…
Y supe que su expulsión de VOX no fue derrota, sino prueba. No le definió la injusticia, sino la forma en que la atravesó. Sin estridencias, sin renunciar a lo que era.
Después, le quisieron apartar, reducir, despojar de su lugar, modificar su condición, como si los títulos pudieran contener la esencia de un hombre. Pero la dignidad no se degrada por decreto, ni el honor se somete a votación.
Luchaba por un Pozuelo mejor como había prometido a sus votantes.
Recuerdo (y recordarán muchos de los lectores de El Correo de Pozuelo) aquel momento en que te negaste a participar en una farsa y te levantaste de un Pleno. Tu ausencia no fue algo vacío, fue presencia moral. Devolviste la dignidad al Pleno. Fue un acto de coherencia que pesará más en la memoria que cualquier intervención pronunciada entre gestos de aprobación interesados.
Porque hay gestos que hablan más alto que los discursos, y el tuyo fue uno de ellos.
También supiste resistir cuando el dolor dejó de ser metáfora y se instaló en tu cuerpo.
La enfermedad, larga y cruel, no logró quebrar tu espíritu. Sufriste, sí, pero no cediste. Seguiste siendo tú… Digno, entero, fiel a una forma de estar en el mundo que no admite atajos ni concesiones.
En esa lucha silenciosa, lejos del foco público, mostraste una fortaleza aún más admirable.
Hoy te despedimos con la tristeza que deja la pérdida de un hombre bueno, pero también con el respeto profundo que se reserva a quienes han vivido conforme a sus principios.
Tu vida no fue cómoda, pero fue verdadera. Y eso, en estos tiempos, es una forma de grandeza.
Tuve el honor de que Ángel se despidiese de mí hace unos días.
Su situación era ya terminal…
Y tras contármelo, con mucho cariño y determinación, me dijo:
“Solo me queda comportarme con entereza para que sea la última enseñanza a mis hijas”.
Me quedé de piedra. Y aquel día volví a llorar y a querer recordar mis oraciones de niño…
(Siento contar esto, Ángel, ya sé que no te gustaba pero he creído que demuestra claramente tu grandeza)
No dije nada.
Ahora, solo digo que tu recuerdo debería permanecer como ejemplo en esta ciudad ingrata.
Que tu nombre no sea solo memoria, sino guía.
Porque hay quienes pasan por la vida sin dejar rastro, y hay quienes, como tú, trazan un camino que otros podrán seguir cuando la niebla vuelva a cerrarse.
Descansa en paz, Ángel.
Tu dignidad permanece.
Tu verdad, también.
Adiós, Amigo.
Anacleto Rodríguez, director de El Correo de Pozuelo







Una gran persona, íntegro y sin venderse a Vox. cuando una politicucha'””” enchufada por Aizcorbe se hace la chula ( como es costumbre en ella) nada inteligente y únicamente lista sin valores como persona .
La historia se escribe así., .
.Angel Hernández dado un señor educado, culto y sabiendo estar .
Que Dios te acoja en su seño. Descansa en paz.
Angel Hernando ,grandisima persona grandisimo compañeros.
Te extrañaremos siempre. Todo un Señor y una gran persona.
D.E.P
Angel una persona bella ppr fuera y por dentro Entrañable con educación y respeto.
Que Dios te tenga en su Gloria.