Exploración del Océano Pacifico siglo XVI-XVII (III): La Costa de Alta California que exploraron Vázquez de Coronado, Hernando de Alarcón, Pedro de Alvarado y Juan Rodríguez Cabrillo

Después de la expedición de Francisco de Ulloa, se organizaron más expediciones con el mismo fin que las anteriores: afán de aventura y descubrimiento, conocimiento de las costas, búsqueda de riqueza y fama descubriendo algunos de los mitos de la época: El estrecho de Anián (ya hablamos de él en el capítulo anterior); Las islas Armenias (islas del Océano Pacifico que podían servir de escala en las viajes transpacíficos, llegaron a estar asociadas a las islas Hawái); Las islas de las Amazonas y Las ciudades de Cíbola y Quivira (siete ciudades legendarias llenas de riquezas que se suponía estaban al norte de Nueva España).
El mito de las ciudades de oro fue extendido por los escritos del misionero franciscano, y explorador Fray Marcos de Niza, uno de los misioneros más importantes de su tiempo. Fray Marcos fue enviado por el virrey en 1539 a explorar el territorio al norte de Nueva España. A su regreso, escribió un relato de su viaje en el que afirmaba haber descubierto una ciudad más grande que la ciudad de Méjico, donde había oído hablar de las siete ciudades de oro.
A la búsqueda de las siete ciudades, el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco organizó una expedición mixta, naval y terrestre. El componente terrestre mandado por Francisco Vázquez de Coronado y el naval por el extremeño de Trujillo, Hernando de Alarcón, en 1540.
Las órdenes de Hernando era explorar el golfo de California, confirmar los descubrimientos de Francisco de Ulloa y apoyar desde el mar a Francisco Vázquez en la búsqueda de las ciudades de oro, además de la búsqueda del estrecho de Anián.
Ambas expediciones, la naval y la terrestre, tenían que encontrase en el fondo del Golfo de California, en una latitud aproximada de 36º N, pero nunca llegaron a encontrase.
Hernando de Alarcón zarpó de Acapulco a primeros de mayo de 1540 en dos buques bajo su mando: el San Pedro y el Santa Catalina. El piloto de la expedición era Domingo del Castillo.
Navegaron rumbo norte y alcanzaron el extremo final del golfo a finales de agosto. Confirmó el descubrimiento del actual río Colorado del que ya se tenía noticias por los escritos de Ulloa. Hernando lo bautizó con el nombre de Nuestra Señora del Buen Guía.
Al no localizar a la expedición de Vázquez Coronado, decidió explorar el río, remontándolo río arriba en botes hasta la confluencia con el rio Gila.
El río Colorado es un río de los Estado Unidos, famoso por discurrir por el Cañón del Colorado. Cruza los actuales estados de Colorado, Utah, Arizona, Nevada y California. Desemboca en el Océano Pacífico, en el Golfo de California después de fluir por los estados mejicanos de Baja California y Sonora de los que forma frontera. El río Gila es un afluente del Colorado en el que desemboca a la altura de la ciudad de Yuma (estado de Arizona).
Hernando, antes de internarse en tierra, dejó enterrados documentos en un lugar que marcó con una gran cruz. Documentos que fueron encontrados por un destacamento mandado por el capitán Melchor Díaz y enviado por Vázquez Cornado en su búsqueda.
En su vuelta a Acapulco, cartografió la costa y confirmó que la Baja California era una península.
La siguiente expedición, la de Francisco Bolaños, se llevó a cabo un año más tarde, 1541.
Bolaños estaba al servicio de la siguiente expedición, la de Juan Rodríguez Cabrillo y fue enviado por este último.
Zarpó el puerto de Navidad (puerto del Océano Pacífico en el actual municipio de Cihuatlán, estado de Jalisco, Méjico).
Siguió la ruta de Francisco de Ulloa explorando las costas del Pacífico y de la península de Baja California, hasta la bahía de la Magdalena en las costas del Pacífico. Sus mapas fueron utilizados por Rodriguez Cabrillo.
En 1542, el virrey de Nueva España envió dos expediciones navales: la primera, al mando de Pedro de Alvarado (en la foto de portada), con Juan Rodríguez Cabrillo como segundo, a las costas de California y, la segunda, al mando de Ruy López de Villalobos a Poniente con el objetivo de recabar información sobre la expedición de Loaísa y encontrar el tornaviaje (historia que narramos en el capítulo correspondiente de esta serie titulado El Galeón de Manila).
Las dos zarparon del puerto de Navidad, la de Cabrillo en junio de 1542 y la de Villalobos en noviembre del mismo año.
Ambas tenían un origen común, la escuadra de trece navíos construidos por Pedro de Alvarado, conquistador de Méjico y gobernador de Guatemala, quien había firmado una capitulación con el Emperador Carlos V para intentar descubrir a Poniente lugares no ocupados ni concedidos a su costa.
Para ello fundó un astillero en las costas guatemaltecas del Océano Pacifico. Formó una escuadra con la que se dirigió, inicialmente, hacia Perú en busca de la riqueza de este reino, pretextando la necesidad de ayudar a los conquistadores, a pesar de que estos no le habían solicitado tal ayuda y desoyendo el veto de la Audiencia.
El segundo en el mando de la armada era Juan Rodríguez Cabrillo, un cordobés de Palma del Rio que formó parte de las huestes de Cortés en la conquista de Méjico, se hizo rico en Guatemala y en la escuadra de Alvarado el navío, el Salvador, de su propiedad.
Alvarado embarcó a 500 hombres y 150 caballos que los desembarcó en Perú. Se retiró gracias a 120.000 pesos con los que lo compensó Diego de Almagro, el socio de Francisco Pizarro en la conquista.
Alvarado, enterado del mito de las siete ciudades de oro, puso rumbo norte y se presentó en el virreinato de Nueva España. Se entrevistó con el virrey Antonio de Mendoza, ambos se asociaron y decidieron dividir la armada de Alvarado en partes. Tres naves y una galera fueron puestas bajo el mando de Villalobos para viajar a las islas Molucas y, el resto, a las órdenes de Alvarado navegarían rumbo Norte por las costas americanas del Pacífico en busca de las ciudades de oro y del estrecho de Anián.
Antes de emprender el viaje, Alvarado enterado de los problemas que estaban produciéndose por la rebelión de los nativos chichimecas (pueblo nómada que habitaba el centro norte de Méjico), desembarcó aparte de la gente y acudió en socorro de los españoles que estaban siendo atacados en la ciudad de Guadalajara (estado de Jalisco, Méjico). Murió al atacar un cerro ocupado por el enemigo en 1541
En estas circunstancias, el virrey ordenó a Juan Rodriguez Cabrillo continuar la exploración de las costas de California. Le proporcionó dos naves, una de ellas la del propio Cabrillo, el Salvador.
Zarpó en junio de 1542 del puerto de Navidad. La expedición fue remontando la costa californiana haciendo mapas de ella y recogiendo información de los ríos, islas, accidentes del terreno, puertos, bahías y todo aquello que consideraban interesante para futuros viajes.
Pocos días más tarde descubrieron la bahía de la Magdalena y llegaron a la isla de los Cedros, último punto alcanzado por la expedición de Ulloa.
Siguieron subiendo y descubrieron el puerto de Ensenada, la bahía de San Diego, el puerto de Los Ángeles, Santa Bárbara, San Buenaventura y sobrepasaron la bahía de Monterrey.
Sufrieron fuertes vientos y tormentas que separaron las dos naves y les obligaron a refugiarse en la isla de San Miguel (la isla más al oeste del Archipiélago del Norte, situado en el canal de Santa Bárbara, en la costa del Pacífico californiano) que ellos habían descubierto. En esta isla murió Cabrillo a primeros de enero del año 1543.

Su sucesor fue el bilbaíno Bartolomé Ferrelo continuador de la expedición. A la altura de los 40ª N descubrieron un gran cabo al que bautizaron como cabo Mendocino (en honor al virrey Antonio de Mendoza) después de pasar por delante de la bahía de San Francisco sin verla por la niebla.
Los vientos lo llevaron más al norte hasta alcanzar los 44º N, al sur del cabo Blanco en el actual estado de Oregón (USA), el punto más al Norte jamás alcanzado por un europeo hasta entonces.
Con los barcos desarbolados, casi sin víveres, con gran parte de la tripulación enferma y azotados por el frio intenso, decidieron volver y, finalmente, fondearon en el puerto de Navidad a mediados de abril de 1543.
Después de recorrer 1.300 Km de litoral de lo que se llamó la Alta California, de la que fueron sus descubridores, regresaron sin descubrir el estrecho que comunicaba los dos océanos.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Pinzón Ríos, Guadalupe. Descubriendo el Mar del Sur de los puertos novohispanos en las exploraciones del Pacífico. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Martínez Ruiz, Enrique. LA NAVEGACIÓN POR EL PACÍFICO De la nao Trinidad al tornaviaje de Urdaneta y sus consecuencias. Universidad Complutense de Madrid.
- Wheeler, M. Report upon United states geografhical surveys west of te one hundredth meidian. In charge of First Lieut.Geo. Corps of Enginefers U.S. Army.
- Spanish Voyages to the northwest coast in the sixteenth. California Historical Society Quarterly.
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval






