Así se prepara un Pleno en los despachos del Pasillo del Infierno del Ayto. de Pozuelo y en los que la alcaldesa, al borde de un ataque de nervios, tiene que ser calmada por Eduardo Oria

Me gusta ver la amanecida desde mi baluarte. Ver ese Pozuelo que se va despertando. Ese comienzo del ir y venir de las gentes de mi pueblo. Aprovechar esos momentos de tranquilidad en “la Casa”, cuando todavía no se han despertado los malos rollos que impregnan sus despachos.
Como mi tiempo es infinito, los días para mí carecen de nombre. No obstante, he decidido aceptar algunos de los convencionalismos de los mortales y uno de ellos es el de seguir dividiendo el tiempo de años, meses, semanas y días.
Y, hoy, de acuerdo con ese convencionalismo es jueves. Y uno de esos jueves del mes que toca Pleno municipal. Un día que suele ser divertido. Les voy a contar lo que pasó en el último jueves de 2019 y en la previa del Pleno que se celebró:
Ese día, los concejales suelen acudir prestos a sus despachos. Los funcionarios y trabajadores se sienten relajados al tener a sus jefes políticos alejados de ellos durante toda la mañana y al salón de plenos suelen acudir vecinos, no muchos, para ver que se cuece entre estas paredes.
Como casi siempre sucede en estos casos, el movimiento es madrugador en la zona de alcaldía. Se dan los últimos toques al guión del Pleno. Se oyen allí los primeros gritos de la alcaldesa porque en esos papeles no aparece el sentido del voto de los concejales del partido que la hace tener mayoría absoluta. No sabe cómo van a votar los miembros de VOX. ¡Es inaudito!, exclama. ¡Quieren tenerme contra las cuerdas, hasta el último momento! ¡Llamad a Oria!
Instantes después, acude Oria al despacho. Se ha vestido para la ocasión. En algo se ha de notar que es de derechas. Pero la urgencia de la llamada y el ascensor que no funciona, han hecho que tenga que subir por la escalera. Y aunque el tramo es corto, la abundancia del primer teniente de alcalde ha hecho que empiece a sudar por todos los poros. La corbata se ha desajustado y la camisa deja traslucir la humedad de su pecho.
¡Buenos días alcaldesa!, dice con voz entrecortada por el esfuerzo. ¡Buenos días serán para ti!, y sin dejar tiempo a que el aludido responda, prosigue como un torrente:
¡No has hecho tu trabajo! ¡Estáis todos contra mí! ¡Así no es posible gobernar con tranquilidad! ¡Sois un atajo de ineptos! ¡Soy yo sola la que tengo que sacar todo adelante! ¡Que van a hacer al final en nuestra moción estos de VOX! ¡Soy la única que hace su trabajo en esta casa!
Poniendo al mal tiempo buena cara, Oria saca la mejor sonrisa que puede y contesta: ¡Alcaldesa, todo está controlado! Ya sabes que estos chicos quieren hacerse notar un poco, refunfuñarán algo en su intervención, pero al final votarán lo mismo que nosotros ¡Los tenemos en el bote!
La alcaldesa se tranquiliza con estas palabras. ¡Es verdad!, piensa. Al final tragarán con todo. ¡Cómo van a votar con los sociatas lo de proporcionar dos horas gratis para aparcar en el pueblo! ¡Lo que nos faltaba! ¡Como si eso contribuyese a mejorar el comercio!
Y mientras todo esto que he contado sucede, más abajo los vecinos siguen su tranquilo ir y venir por la plaza.
Don Agustín, “el Fantasma del Torreón”






