El abrazo de Sánchez e Iglesias, en plan chuchipandi, tiene un peligro mayúsculo ya que puede provocar el mismo efecto que la Primera República: Una nueva revolución cantonal

La mala suerte está echada. Y estamos en un estado más confuso que antes: nuestros políticos siguen a lo suyo y los problemas del pueblo, de la gente, se los pasan por la entrepierna. Nadie ganó las elecciones del pasado domingo, pero Pedro Sánchez dice que ganó él. Su falsa victoria, victoria pírrica, es posible que le lleve hasta la derrota final, como diría Groucho Marx. ¿No sería más realista que Pedro se cambiase el nombre y pasase a llamarse Pirro?
Confundir el mayor número de votos con la victoria es querer falsear la realidad. Pedro ¿Pirro? no ha llegado a pedir a los demás partidos que se rindan como sugirió durante la campaña electoral; pero, como es un político trashumante y frío que antier decidió pactar para pastar con los nazi-onalistas estelados y con los ikurriñados, hoy -ha debido tomar algún somnífero- y la presencia de Pablo-Manuel Iglesias en el futuro gobierno ya no lo quitará el sueño que tanto temía hace unos meses. Hasta se han dado besitos
Y como Pablo-Manuel y su compañera Irene, quienes antes estaban más chulines, se han amansado y a lo que aspiran es a ser ministros y tener un sueldo de por vida con el que poder hacer gala de pagar a la catalana Caja de Ingenieros el casoplón que han comprado y dar de comer a sus tres hijos y otros tantos perros, ahora están encantados con el futuro matrimonio político entre Pedro y Pablo.
Por otra parte como a Pablo Manuel fue la Caja de Ingenieros catalana la que lo dio la pasta para comprar el casoplón (¿es Pablo Manuel tan ingeniero y catalán como Pedro Sánchez doctor?) cabe sospechar que al no tener que agradecer nada a los bancos siga con su obsesión de meterles mano y que como la pasta se la dieron los catalanes no tenga ningún remilgo en afirmar contundentemente que Cataluña tiene derecho a decidir.
El gobierno Pedro-Pablo y su afición por la España plurinacional puede provocar el mismo efecto que el producido al proclamarse la Primera República: todos podemos ser y formar el cantón que nos dé la gana.
¿Evitarán el Pedro y el Pablo una nueva revolución cantonal, aunque ellos le den otro nombre?
Porque si Catalunya y Euskalerria tienen derecho a decidir su futuro ¿por qué no sé le concede también a los demás territorios de lo que hoy se llama España? o lo que es mismo: si los nazi-onalistas catalanes y vascos pueden elegir entre ser independientes o no ¿por qué, por ejemplo, a uno que es hijo de andaluz y salmantina, esposo de extremeña y residente en Madrid no se le concede el derecho a decidir si la colonia llamada España se puede separar de la Cataluña que según Wenceslao Fernández Flores es su metrópoli?
Como es muy probable que Pedro Sánchez, si logra ser investido presidente, no pueda serlo por mucho tiempo no tendrá más remedio que convocar nuevas elecciones. No debiera hacerlo sin antes dimitir para que otro de su partido intentara hacer que España sea gobernable de forma racional.
Y si no logra ser investido, le hago una sugerencia. Puesto que quienes han sido elegidos diputados demostrarían con ello su incapacidad para cumplir con su primera obligación como diputados que es elegir presidente del gobierno, Pedro debiera pedir por realismo (e incluso, por venganza, porque no le han besado los pies) que esos diputados incapaces no puedan volver a presentarse a las elecciones ya que en caso de ser reelegidos el resultado sería tan malo como el de ahora.
Sería la más brillante idea, acaso la única, expuesta por él como presidente funcional u ocasional.
Y, a la vez que dimita Pedro ¿Pirro?, debiera repasar la Historia para consolarse. Antes que él hubo tres convecinos nuestros, de nuestro Pozuelo, que también fueron presidentes de gobierno (Calvo Sotelo, Felipe González y José María Aznar) que cuando dejaron la Moncloa regresaron aquí (incluso, el Zapatero que no era forastero también se vino; Rajoy se ha venido a Aravaca, que está al lado).
Don Pedro o ¿don Pirro?, ¡haga usted los mismo que los anteriores presidentes!:
¡Deje de ser un funcional u ocasional presidente de gobierno y véngase para acá!
Le esperamos en Pozuelo. Sus convecinos no somos mala gente del todo y sus congéneres sociatas son hasta simpáticos.
Juan D. Pozuelo






