El Ministerio de Transporte del insultón Oscar Puente compra trenes para Cercanías de la Comunidad de Madrid tan largos que no caben en los andenes de las estaciones de la línea C-5

Lo que pasa en España no pasa en ningún sitio. Somos únicos. A torpeza también ganamos.
Aquí tenemos un ministro de Transporte sectario e insultón, llamado Oscar Puente, que cobra por ofender a la presidenta de la Comunidad de Madrid y al PP en general.
Dicen que quiere ser el sucesor de Pedro. Pero no piensen mal, hablo del “moribundo”, políticamente hablando, Pedro Sánchez por mucho que trate de agarrarse a la brocha…
Y es que, cuando todavía no se ha apagado el escándalo de los trenes de Cantabria y Asturias que resultaron demasiado anchos para circular por algunos túneles, ahora descubrimos, gracias a Vozpópuli, otra joya de la ingeniería administrativa. Este ministerio del sucesor de Pedro ha comprado trenes de 200 metros para la línea C-5 de Cercanías…
Pero, ay amigo, resulta que los andenes no tienen longitud suficiente para recibirlos…
No es un chiste. Es la realidad.
La primera chapuza tuvo como protagonista a José Luis Ábalos, el exministro que hoy es mucho más conocido por sus problemas judiciales y su afición al puterío que por su gestión al frente de Transportes.
Bajo su mandato, en 2021, Renfe adjudicó cerca de 1.000 millones de euros a la empresa Stadler para fabricar 59 trenes de gran capacidad destinados a aliviar el colapso de las Cercanías de Madrid.
Todo sonaba magnífico.
Trenes de dos pisos, hasta 200 metros de longitud y miles de plazas adicionales para una línea, la C-5, que cada día viaja completamente saturada.
Solo existía un pequeño inconveniente. Un detalle sin importancia. Los andenes medían aproximadamente 150 metros pero nadie los midió.
También puede ser que en ese presunto Ministerio de la corrupción socialista nadie llevaba un metro en el bolsillo…
Esas cosas pasan.
Luego, Ábalos salió del Gobierno. Y llegó Raquel Sánchez que duró poco, no se sabe por qué, pero la retiraron a presidir Paradores. Pero nadie corrigió el disparate de metro arriba, metro abajo. La señora Sánchez debía estar muy ocupada.
Y el contrato siguió adelante como si nada ocurriera.
A nadie se le ocurrió medir los andenes.
Y los trenes que debían comenzar a entregarse en 2024, tampoco llegaron. No podían llegar porque no cabían. Los andenes eran más cortos. 50 metros más cortos, como poco.
Y ahora Óscar Puente, ese ministro políticamente responsable de la cosa y presuntamente responsable del accidente ferroviario de Adamuz con 46 muertos, le toca dar la cara.
Pero el ministro, como digo, que dedica más energía a provocar en las redes sociales, a insultar a Isabel Díaz Ayuso y a mantener broncas políticas, no dice nada.
Dicen que anda buscando a quien echarle la culpa…
No se le cae la cara de vergüenza que a un departamento con miles de técnicos y cientos de altos cargos haya vuelto a tropezar dos veces con la misma piedra.
Porque esto ya no puede calificarse de error.
Es un patrón de funcionamiento.
Primero fueron los trenes que no cabían por los túneles.
Ahora son los trenes que no caben en los andenes.
La solución, como casi siempre cuando se gobierna sin planificación, consiste en gastar todavía más dinero público. Otros 1.300 millones de euros para alargar andenes, renovar la señalización, modificar vías, adaptar talleres y modernizar toda la línea C-5.
Las obras terminarán, si todo sale bien, en 2031.
Traducido al castellano, unos trenes encargados en 2021, previstos para 2024, no podrán aprovechar todas sus prestaciones hasta, como mínimo, una década después de haber sido contratados.
Mientras tanto, cientos de miles de viajeros seguirán viajando hacinados todos los días y el sucesor de Pedro tuiteando con furor…
Grrrrrrrrr….
Aunque, lo verdaderamente preocupante no es solo el dinero perdido. Eso con este Gobierno sanchista se da por descontado.
Lo peor es comprobar que nadie parece asumir responsabilidades.
En cualquier empresa privada, un directivo que compra maquinaria incompatible con sus instalaciones estaría haciendo las maletas al día siguiente.
En el Ministerio de Transportes ocurre exactamente lo contrario: los ministros cambian de despacho, las chapuzas permanecen y las pagan siempre los contribuyentes.
Más le valdría a Oscar Puente taparse un poquito y dedicarse a trabajar para lo que se le paga…
Pero no tiene tiempo. Quiere ser el sucesor de Pedro.
Y él no conjuga el verbo dimitir.
Juan Manuel Sánchez






