Homenaje al Policía Municipal de Pozuelo Julio Peguero, que se acaba de jubilar, un policía de la vieja escuela que vivía, como todos los de su generación, para servir de verdad a los pozueleros

Como yo vivo en esta villa y digo lo mismo que el filósofo “Nada de lo humano me es ajeno”, me acabo de enterar de que este verano se han jubilado algunos policías municipales que ingresaron en nuestro ayuntamiento el 23 de febrero de 1981. Y lo he sentido porque creo que ese grupo de policías de la vieja usanza era muy diferente a bastantes de los de ahora.
Y eso lo puedo afirmar con toda rotundidad por la sencilla razón de que en varias ocasiones formé parte del tribunal que examinaba a quienes querían ingresar en la policía municipal y una vez acabada la oposición siempre procuré saber si la elección que los miembros del tribunal habíamos hecho era acertada o no. Estoy convencido de que elegimos a los mejores. Y pongo dos ejemplos.
Uno: Alguien me llamó diciendo que un amigo común le había dicho que había tomado pastillas para suicidarse. Me puse al habla con las policías nacional y municipal. A los agentes que llegaron les insinué que podían acceder a casa del presunto suicida a través de una terraza que había en el primer piso.
La policía nacional dijo que no podía hacerlo sin permiso de un juez, la municipal estaba dispuesta a subir a la terraza si yo me hacía responsable de la presunta intromisión. Le dije que sí. Subieron dos municipales y salvaron al presunto suicida.
Dos: En una ocasión paseando por la calle oí a una niña gritar y llorar angustiada dentro de su casa. Éramos varios los escuchantes. Llamé a la policía municipal. Llegaron varios agentes casi de inmediato. Les señalé la vivienda. Tocaron el timbre. Dijeron que eran la policía. Los gritos de la niña cesaron.
Abrió la puerta un señor de bastante edad. Los policías le preguntaron la causa del llanto y los gritos de la niña. Ante el silencio del hombre le dijeron que si la niña estaba enferma ellos la llevaban al hospital pero que si lloraba porque estaba siendo agredida llamarían al juez y se quedarían allí hasta que éste llegase.
La niña apareció y se abrazó a uno de ellos, les dijo que podían irse, que no tenía miedo. Antes de marcharse los agentes le dijeron al hombre (era el padrastro) que como la niña volviese a llorar cambiarían las cosas.
Y al margen de esos recuerdos imperecederos que demuestran la valía de la policía municipal de la vieja usanza me viene también a la memoria que durante uno de aquellos exámenes-oposición el jefe de la policía municipal le entregó al alcalde, el doctor don José Martín Crespo, un papel. Éste me lo enseñó. Era el parte de lo que los agentes habían observado en las calles de la villa: farolas apagadas, setos de viviendas que dificultan el paso por la acera, alcorques en mal estado,… en fin, todo aquello que de una u otra forma perjudicaba al ciudadano.
Por lo visto todos los días la policía municipal recorría a patita las calles del pueblo para comunicar a la alcaldía las incidencias observadas.
No tengo la menor duda de que en caso de que peligre la vida de alguien los polis de hoy actuaría igual que los de antes. Lo que ya no creo es que cuiden de las calles como los de entonces. Hace años, que no veo a ningún poli pasear por mi calle a ver que hay de anómalo en ella. Siempre los veo en coche ¿es que son minúsvalidos y no pueden andar?
¿Quién vigila las calles?
Me dicen que nadie, que los sindicaleros cumplen bien con su función que es defender a quienes no trabajan. La poli de mi juventud era bien diferente.
Por cierto, uno de los policías ejemplares que evitaron el suicidio era don Julio Peguero a quien entonces yo no conocía. Era de la promoción del 1981. Se ha jubilado como cabo este verano.
Me dicen que en el SEAPA y en Protección Civil, que él ayudó a organizar cuando se crearon, le echarán de menos.
Le recordaré siempre y seguiré honrándome con su amistad.
Julio ¿cuándo nos tomamos una cerveza, de Madrid por supuesto?
Domingo Domené






