La alcaldesa de Pozuelo Paloma Tejero sigue despreciando y cabreando a los vecinos de Humera que, exasperados, ya están esperando que les vaya a pedir el voto en las elecciones

Humera ya no duerme. Y no es una metáfora: Es una realidad que se repite, fin de semana tras fin de semana, en este rincón que durante años fue uno de los grandes orgullos medioambientales de Pozuelo de Alarcón.
Lo que antes era silencio, aire limpio y convivencia vecinal hoy es ruido, suciedad y descontrol. Y lo más preocupante no es solo lo que ocurre sino la sensación de abandono institucional que denuncian sus vecinos.
Esto contaban en sus chats, este mismo fin de semana:
1:38 Acabo de llamar a la policía xq hay 8 chavales tranquilamente haciendo botellón en la plaza…cada uno con su botella. Dicen q pasa un patrulla q está x la zona…
1:39 Cada uno con su botellita ya mezclada! Pa q se van a esconder! Si es legal!
4:03 Ahora mismo hay mucho follón en la plaza no puedo sacar fotos porque no me llega la cámara de casa
4:17 Acabo de llamar a la policía municipal y poco más o menos me han dicho que ellos no se están tocando las narices..
4:18 Por favor, los que estéis escuchando lo que pasa en la plaza y alrededores, o en torno a lo que sea… Llamad a la policía, no hay más que darles la coña una y otra vez
Es solo un ejemplo. Hay muchos mensajes y mucho cabreo.
Y la responsabilidad política tiene nombre y apellidos: Paloma Tejero.
Bajo su mandato, Humera ha pasado de ser un pequeño paraíso residencial a convertirse en una especie de “Magaluf” improvisado en la zona oeste de Madrid, como hemos contado otras veces.
Y lo ocurrido esta pasada Semana Santa no ha hecho más que confirmar una tendencia que lleva años agravándose.
A veces, llega la Policía Municipal pero no multa…
Y los hechos son claros.
El fin de semana previo a las vacaciones, con la apertura puntual de la conocida discoteca, llegaron los botellones masivos, los destrozos en portales (ya entran en os portales) y las denuncias vecinales.


Después, aunque el local cerró unos días, el problema no desapareció: simplemente se trasladó a las calles. El sábado 4 volvió la actividad y con ella el ruido, el caos y la sensación de impunidad. Vecinos aseguran que el domingo a las siete de la mañana todavía había grupos bebiendo por el pueblo.
7:00 Aún hay niñatos bebiendo por el pueblo. Esto es insoportable.
¿Y la respuesta municipal? Insuficiente. Tardía. Casi simbólica. Alguna presencia policial —motos nuevas incluidas—, pero sin sanciones visibles ni medidas disuasorias reales. La percepción es clara: No se está actuando. O no se quiere actuar.
Mientras tanto, Humera se ha convertido en la válvula de escape de una parte del ocio nocturno madrileño que busca diversión sin límites, sin control y sin consecuencias.
Botellones multitudinarios, consumo de drogas, música a todo volumen desde coches, gritos hasta el amanecer, e incluso escenas impropias de un entorno residencial forman ya parte del paisaje habitual.
Lo que más indigna a los vecinos no es solo el ruido, sino el contraste. Pozuelo presume de calidad de vida, de orden y de excelencia urbana. Pero esa imagen se desmorona en cuanto cae la noche en Humera. Allí, el descanso depende del volumen de los altavoces y la paciencia de quienes intentan dormir.
La alcaldesa, sin embargo, parece ausente. Los vecinos no perciben liderazgo, ni empatía, ni voluntad política para atajar un problema que ya es estructural. A su lado, la gestión policial tampoco transmite firmeza.
Pero la paciencia se ha agotado.
Según hemos podido saber, los vecinos están en pie de guerra, organizándose, denunciando y esperando que el PP y la alcaldesa Tejero vayan a pedirles el voto.
Y eso ya son palabras mayores…
Porque el PP, con tanto cabreo como hay en la ciudad, la cosa se le puede poner chunga…
Tacita a tacita, concejal perdido a concejal perdido, la mayoría absoluta volará como le voló a Quislant…
Y entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes…
Juan Manuel Sánchez







Esperemos que con los nuevos BMW’s, lleguen más rápido y más cómodos, valga la ironía.