La nueva terapia “CAR-T” contra el cáncer, aún con todas las reservas científicas del mundo, ha empezado a dar resultados positivos y ha abierto caminos a la esperanza. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Hasta hace unos pocos años el tratamiento del cáncer se ha apoyado en tres armas básicas que son la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia.
Hace más de 35 años se oye hablar de una nueva estrategia de tratamiento apoyada en la inmunología. Su objetivo es combatir el tumor activando los mecanismos inmunitarios naturales del propio organismo.
Las células tumorales, aun siendo células propias, presentan una serie de estructuras en su superficie diferentes de las células sanas. Son células distintas a las normales.
Algunas de esas estructuras funcionan como un antígeno, es decir, son capaces de activar el sistema inmunitario que las reconoce como células extrañas.
El descubrimiento de que el sistema inmune es capaz de identificar células tumorales y destruirlas eficazmente es relativamente antiguo y de ello ha surgido una prometedora línea de investigación que ha tardado mucho tiempo en obtener resultados eficaces.
El uso de anticuerpos monoclonales ha sido el avance más importante en el campo de la inmunoterapia contra en el cáncer hasta ahora.
Los anticuerpos monoclonales emplean una vía de acción natural de nuestro sistema inmune que habitualmente produce anticuerpos para defenderse de las infecciones, unas grandes proteínas que se unen muy específicamente a un antígeno, poniendo en marcha una cascada de reacciones que destruyen las células tumorales.
Hasta ahora estos anticuerpos eran lo mejor y más novedoso en la lucha contra el cáncer, pero ya hay otra opción más eficaz.
Y es la que se ha puesto en marcha en algunos hospitales de la Comunidad de Madrid y Cataluña: la denominada terapia con células CAR-T.
Hace unos pocos días se informaba de que los 5 primeros pacientes tratados con ella habían sido dados de alta en nuestra comunidad.
Se trata de personas en las que el tratamiento convencional había fracasado, con una esperanza de vida de pocos meses y en los que este nuevo tratamiento ha logrado resultados espectaculares.
Aunque sea ésta una palabra poco empleada en ambientes médicos, los primeros resultados, sin duda lo son.
La terapia CAR-T se basa en utilizar un tipo de glóbulo blanco denominado linfocito T que es extraído de la sangre del paciente. Estas células se modifican en el laboratorio para que ataquen células cancerosas.
De una manera simple, esta modificación consiste en añadirles un gen que fabrica un receptor que se une a cierta proteína antigénica de las células cancerosas del paciente.
Este receptor especial se llama receptor de antígeno quimérico (CAR, del inglés “chimeric antigen receptor”).
A continuación se deben producir grandes cantidades de células T con CAR en el laboratorio y se administran al paciente mediante perfusión intravenosa en varios ciclos.
Dicho así, parece fácil, pero el proceso es increíblemente complicado ya que debe hacerse de manera personalizada para cada paciente lo que dispara los costes (entre 400.000 y 500.000 euros actualmente, con un horizonte de unos 200.000 euros).
Pero con ello se han logrado respuestas clínicas prolongadas en pacientes que de otra manera habrían muerto, casi todos niños o adultos jóvenes, dando una buena calidad de vida solo tres meses después del inicio del tratamiento.
Actualmente solo dos tipos de tumores se han visto beneficiados de esta terapia, leucemia linfoblástica aguda (LLA) o el linfoma difuso de células B grandes.
La primera supone casi un 80 % de las leucemias infantiles y la segunda, un 40 % de los linfomas de la edad adulta.
Son enfermedades relativamente frecuentes y la dos se han beneficiado del éxito de la quimioterapia y el trasplante de médula ósea, especialmente la leucemia.
Pero un 15-30 % de los casos sufren recaídas de la enfermedad y en ocasiones, todos los tratamientos conocidos fracasan, algo que ocurre en un poco más del 10 % de los casos.
Es en esa ocasión cuando este nuevo tratamiento está demostrando una gran eficacia, máxime teniendo en cuenta de que se trata de personas con un importante deterioro físico por una enfermedad muy grave y avanzada.
Nuestra comunidad ha sido la primera en diseñar un plan para el uso de este tratamiento (denominado Estrategia para Terapias Avanzadas) para coordinar las tareas de investigación, formación, asistencia y gestión de esta avanzadísima, compleja y cara terapia.
Algunos de los retos que se abren por delante son apasionantes, ya que cabe preguntarse legítimamente que sucedería si se empleara en fases más precoces de la enfermedad y la extensión a otros tipos de tumor más frecuentes como el de mama, colon, pulmón o próstata.
Menos apasionante, pero muy importante, es el problema de su elevado coste.
Los resultados que tenemos sobre la mesa nos dicen que podemos estar dando un gran salto cualitativo en el tratamiento del cáncer, pero como en todos los avances científicos debemos ser prudentes ya que solo tenemos una limitadísima experiencia con un puñado de pacientes seguidos unos pocos años.
Todavía está por ver si como algunos aventuran, estamos frente a la curación del cáncer. Lo que si tengo seguro es que cada paso que hemos dado, coronado por el éxito o el fracaso, ha sido un paso adelante.
Porque en Medicina podemos decir que un tratamiento no ha sido eficaz, pero el avance en el conocimiento que se genera siempre nos coloca un poco más de la solución correcta.
Y parece que la terapia inmune es la solución correcta.
Juan J. Granizo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública





