Y en eso llegó Trump

Los medios de comunicación, el cuarto poder, se fueron convirtiendo, desde la Transición, en impulsores o detractores de las distintas corrientes e inclinaciones políticas en función de sus filias o fobias, más acordes a sus intereses económicos que a las consecuencias derivadas de las ideas que decían defender, bajo el lema, ya acuñado en aquellos tiempos de: no hay otro dios que el dinero
Como ya lo había definido muy bien y con total claridad, el Sr. Marx, Groucho los que llegaron detrás solo tuvieron que aplicar su famosa frase : Tengo estos principios, pero si no valen…, tengo otros y la virtud se vio superada por el hedonismo y el placer por el triunfo y así, hasta alcanzar el euro final. La única meta a perseguir.
Y a algunos medios y periodistas, no les fue mal y se fueron añadiendo emisoras de radio, también televisiones y nadie quedó exento del planeta formado y, se creó un mantra imposible de superar que fue ejerciendo tiranía sobre el ciudadano, hasta convencerlo que lo que ellos pensaban y querían era razón suficiente para que fuese lo mejor y más conveniente para todos. Así nació la tiranía de lo políticamente correcto.
Y estábamos en ello y en eso llegó Trump, al que todas las encuestas daban perdedor, además de malo y patán y nuestros defensores del bien social y lo políticamente correcto se envolvieron en la bandera de la enseñanza a los atolondrados votantes Useños que desconocían las maldades del irreverente candidato, frente a la inteligencia, experiencia y defensa que del mundo libre hacía Hilaria, de profesión: eterna candidata a la Presidencia Useña, salvo su etapa de Presidenta consorte.
Y la gente se arrimó a las urnas y, ante el asombro de nuestros defensores de la verdad anticipada el voto cayó del lado oscuro…o claro, que ya se sabe que cada uno habla de la feria por cómo le ha ido en ella. Y los paladines del anticipo y de la verdad eterna se vieron sorprendidos ante un pueblo inculto que no les hizo caso. No les bastó la experiencia patria y tuvieron que saltar el Océano para chocar, nuevamente, con el voto ajeno a las bondades por ellos transmitidas.
Me temo que el ciudadano acierta o se equivoca por sí mismo y las encuestas y los líderes de opinión se están convirtiendo en charlatanes de una feria de verano en la que por buscar la sombra y estar cómodo, uno se sienta en una silla, escucha sus soflamas y mientras espera que la brisa del mar refresque el rostro sudoroso y le dé tiempo a recuperar sus gastadas energías para seguir caminando; ellos prosiguen con su discurso y es tal su soberbia y vanidad embaucadora que se auto-convencen del éxito de su perorata y del predicamento sobre los allí sentados, sin percatarse que hay siestas que se hacen con los ojos abiertos.
Espero que los nuevos tiempos, que avecinan personajes entre lo histriónico y lo paranoico, no nos hagan olvidar que para cambiar las cosas y procurar su mejora no hay mejor argumento que el respeto a las personas y a las leyes y en la defensa de ambas se acaba encontrando el éxito de la cosa pública.
A. Nogueiro





