Brillante análisis político de un vecino de Pozuelo sobre las Elecciones en EEUU: Ni Trump ni Kamala son lo que parecen ni sus capacidades políticas son lo que venden

Próximamente se van a celebrar las elecciones en los Estados Unidos y los norteamericanos elegirán un nuevo presidente. Todo parece indicar que Donald Trump lleva la delantera en la carrera electoral.
Los medios de comunicación, mayoritariamente de izquierdas, parecen dar todo por perdido y su apoyo a Kamala Harris se ha vuelto mucho más tibio. La propia candidata demócrata da muestras de nerviosismo y en sus apariciones públicas se prodiga con discursos agresivos y erráticos. La campaña demócrata está alcanzando el máximo paroxismo de la indecencia política con videos lamentables y performances indignas que tratan de descalificar al adversario como nunca se había hecho.
Se tacha a Donald Trump de fascista al tiempo que se intenta generar miedo ante su posible regreso a la Casa Blanca. Y por qué no decirlo, se inyecta odio en la sociedad norteamericana aprovechando el dominio abrumador en los medios de comunicación. Salvo la Fox, todas las grandes cadenas son declaradamente de izquierdas. Por otra parte, hasta la llegada de Elon Musk a Twitter, todas las redes sociales ejercieron la censura descaradamente y ejercieron un papel estelar en la polarización de la sociedad.
Mientras tanto, en España se proyecta una visión caricaturizada y peyorativa de Trump, al tiempo que se presenta a Kamala Harris como una mujer moderna, progresista, adalid de la democracia y de los derechos de las minorías.
La realidad es muy distinta. Al margen de su proverbial inutilidad, ampliamente acreditada durante el ejercicio de la vicepresidencia, Kamala es una política radical (en esto es muy parecida a Pedro Sánchez). Parece evidente que bajo su mandato la ideología Woke se impondría de manera implacable, alterando irreversiblemente el orden social de la nación (en esto es muy parecido a Rodríguez Zapatero).
Algunos tratan de ridiculizar a los votantes norteamericanos por el hecho de votar a Trump. Se les tacha de ignorantes o de incultos. Sin embargo, los norteamericanos saben perfectamente por qué votan a Trump: sencillamente, con él vivían mejor que con Biden.
Desde los años setenta del siglo pasado, las rentas del capital se han incrementado de manera soberbia, mientras las rentas del trabajo se ven congeladas o reducidas en términos reales. Si analizamos la lista Forbes de los más ricos del mundo, observamos que en 2014 la mayor fortuna del planeta poseía un patrimonio de 76.000 millones de dólares. En 2024 la fortuna del más rico del mundo alcanza el monto de 233.000 millones.
La clase media vive cada vez peor mientras la mayoría de las nuevas fortunas están del lado del partido demócrata. La misma aseveración podríamos hacer con relación a la poderosa industria armamentística o a la farmacéutica. En los Estados Unidos, el partido de los trabajadores es el de Donald Trump.
Las élites han utilizado históricamente los mismos mecanismos para amasar sus fortunas mientras limitan la prosperidad del pueblo. Durante el mandato de Biden se han abierto las puertas a diez millones de inmigrantes ilegales que han atravesado la frontera sur. Estos movimientos migratorios producen una presión a la baja sobre los salarios, de ahí que las rentas del trabajo se vean estancadas mientras la gente tiene que hacer frente a los estragos de la inflación.
Sorprende que un partido presuntamente obrero se identifique con Harris, pero en esto se ha convertido la izquierda española. Mientras tanto, el Partido Popular silba y mira para otro lado, no vayamos a saber cómo piensa.
En lo que respecta a Pozuelo, los vecinos quisiéramos que nuestros dirigentes tuvieran cierta altura intelectual y talla política, pero me malicio que nunca sabremos qué opinan sobre estos asuntos. Bastante tienen con seguir los clichés de moda y hacerse selfies como colegialas. La realidad es que nuestra clase política está impregnada de cachanchanes. Tenemos un exceso de meapilas y de gente acomodaticia. Mediocridad, en suma. Mientras tanto, seguiremos viendo cómo se demoniza desde el Deep State a cualquier outsider que se salga del guion establecido por las élites.
Juan Pozuelo





