El divorcio temprano acecha a los famosos

Harry Benson, director de investigación del Marriage Foundation estudió a 488 parejas de famosos que se casaron entre 2001 y 2010. Los resultados revelaron que el número de divorcios durante los primeros 14 años era el doble que la del resto de la población en el mismo período de tiempo.
Para alegría, supongo, de los directores de la llamada “Prensa del Corazón”, a quienes les da absolutamente igual si una pareja se casa o se divorcia, siempre que la audiencia aumente con la publicación de dichas noticias. Benson asegura que si bien el nivel económico de los cónyuges parece que debería aportar más estabilidad económica a la pareja, en realidad los famosetes tienen seis veces más probabilidad de que su matrimonio naufrague que el resto de los pobres mortales.
Lástima que el estudio no analice las causas de por qué sucede así, pero es muy probable que un buen número personas de entre la gente de a pie, experimenten una especie de sentimiento de consuelo por aquello de comprobar una vez más que “los ricos también lloran”.
Pero a mí se me ocurre otra posible y malintencionada causa. La cual tendría que ver con esas truculentas listas que circulan por tan acaudalado mundillo que se titulan algo así como “Los 10 divorcios millonarios más sonados de Hollywood”.
Algún alma bienintencionada dirá que jamás el dinero tendrá el suficiente poder como para acabar con algunos de esos románticos y fastuosos amores cuyas bodas y parafernalias adjuntas harían palidecer incluso a los enlaces de las más rancias monarquías mundiales.
Pero quizá cuando valoremos tranquilamente algunas de las cifras que se barajan en tales rupturas, admitamos que sí, que hasta las barreras levantadas por el más poderoso amor, podrían ceder ante las embravecidas olas que arrasan sus vidas en forma de cuantiosas cuentas corrientes.
Así, por ejemplo, nos enfrentaríamos al divorcio del millonario ruso Dimitri Rybolovlev, quien firmó un acuerdo de separación con su mujer por el que tuvo que pagarle 4.000 millones de francos suizos, unos 3.300 millones de euros.
Un poco más atrás en este ranking, tenemos al empresario de la comunicación Rupert Murdoch, que en 1999, tras su divorcio con Anna Torv, aflojó la nada despreciable cifra de 1.700 millones de euros, que era algo así como la mitad de la fortuna que poseía en aquél momento. No está de más observar que en su siguiente matrimonio, Murdoch firmó unos acuerdos prematrimoniales que le impidieran quedarse pelado del todo.
Con cifras bastante más pobretonas (¡en comparación, por supuesto!), tenemos al impronunciable Arnold Schwarzenegger, cuyo divorcio con María Shriver le supuso que de los 300 millones que constituían su patrimonio, le volara la mitad, lo cual sin duda lograría congelar durante un tiempo su fastuosa sonrisa.
Tampoco anduvo mal servida Robyn, la señora del actor Mel Gibson, quien se benefició de 450 millones de euros, así como de una propina consistente en el 50% de los beneficios que obtuviera su ex en todas las películas que interpretara durante toda su vida laboral.
No cansaremos más con una lista interminable donde figurarían aportaciones (no voluntarias, of course) como las del político y empresario Silvio Berlusconi (3 millones mensuales), Bernie Ecclestone, jefazo de la Formula One Management (1.000 millones), el golfista (y golfo) Tiger Woods (600 millones), así como el no despreciable 7% de la empresa Inditex (valorada hoy en más de 100.000 millones) que Amancio Ortega le cedió a su esposa. Pobre.
Pobres famosos. ¿No se os llenan los ojos de lágrimas al conocer sus atribuladas vidas de pareja? No importa. A mí tampoco.
Abelardo Hernández





