“Por favor, no se muera nunca”

(10-05-15) La frase, que al parecer fue dicha por una admiradora del famoso Groucho Marx a la admirada estrella que tantos buenos ratos le había hecho pasar, hoy se la dedicamos a un personaje que ha sido y es admirado en todo el mundo. El expresidente de Uruguay, José Mújica. No es casualidad que le traigamos a esta página en plena época electoral de nuestro país. Una figura de talla histórica, única en la rareza de su ideario y su comportamiento político que bien podría servir de ejemplo vivo a todos aquellos que aspiran hoy a convertirse en líderes de nuestras erosionadas instituciones.
No vamos a comentar en detalle los mil y un detalles de la vida pública de este hombre durante su mandato, pues es bien sabido que donaba del 90 % de su salario a obras benéficas, que su coche “oficial” era un viejo Volskwagen escarabajo de 1987 y que vivía en una modesta casa similar a la de tantos uruguayos no precisamente de clase alta. Un tipo genial que dijo frases tan lapidarias como: “¿Qué es lo que le llama la atención al mundo? ¿Qué vivo con poca cosa, una casa simple, que ando en un autito viejo, esas son las novedades? Entonces este mundo está loco porque le sorprende lo normal”.
Normal, no, señor Mújica, al contrario. Lo que estamos acostumbrados a ver es a los líderes mundiales, por muy progresistas que sean, a vivir como verdaderos sultanes de oriente. Hace poco vimos el ejemplo del titular griego de economía, el señor Yanis Varoufakis (al que por cierto, cada vez que lo veo, lo imagino capitaneando la nave Entreprise, de Star Trek), viviendo en una bonita casa de Atenas, muy diferente a la de Mújica, siendo transportado a bordo de los mismos automóviles de gama alta que todos los altos cargos, y por cierto casado con una rica y hermosa artista, detalles todos que revelan su buen gusto.
Así que no, señor Mújica. Normal, no. Si acaso “lo honrado”. Y sí, claro que al mundo le sorprende tanta austeridad cuando la tónica general es ese derroche espectacular –como ha quedado en evidencia en el caso de las tarjetas black de Cajamadrid- que una vez más, bien a las claras nos está recordando el viejo adagio “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”.
¿Qué Mújica es de izquierdas? Sí, pero de una izquierda bastante atípica. ¿Cómo si no explicar un comentario que hizo recientemente? “Tenemos un flagelo adentro de carácter ético. Cuando el afán de hacer plata se mete adentro de la política nos mata a la izquierda. ¿Por qué prolifera tanto la corrupción? ¿Parece sensato que gente de 60, 70 años se emporque en unos pesos inmundos? ¡Si sabe que tiene poca vida por delante! El tema de tener plata para ser alguien puede ser una herramienta de progreso en el mundo del comercio, donde se corren riesgos empresariales, pero cuando se mete en la política estamos fritos. Pasó en Italia, en parte en España. Es inexplicable lo de Brasil. Y aquí en Argentina el vicepresidente está procesado.”
Sí, señor. Y la diferencia entre Usted y otros es que Usted lo reconoce abiertamente. Bendito sea por ello. Y cuando le preguntan sobre el populismo, su conclusión es ya demoledora: “Si populismo es la lucha por elevar el nivel de vida de la gente o las políticas de igualdad, ese pecado lo pueden tener muchos. La frontera de eso es cuando las medidas que se toman paralizan a la economía, porque querés repartir tanto que al final quebrás el interés en el trabajo y la inversión. Si matás eso no tenés para repartir. Yo llamaría populismo a eso.” Sin embargo, él ha sido capaz de reducir durante su mandato la pobreza en el país en más de 20 puntos y conseguir que la economía creciera en 4 años a razón de un 5,5 anual.
Iba a terminar estas líneas diciendo a nuestros políticos que toman nota… pero ¡qué van a tomar! Hasta que no sean capaces de reconocer con cierta humildad que sus triunfos electorales tienen más que ver con el hartazgo popular que se produce hacia los partidos gobernantes que por méritos propios, no avanzaremos ni un palmo.
Ah, y recuerden que todos somos lo bastante sensatos -y lo somos incluso a la hora de cuadrar nuestras propias economías familiares- como para implantar medidas de austeridad cuando nos hemos pasado en los gastos. Siempre, claro, que la austeridad sea para todos. Qué fácil ¿no, señor Mújica?
Abelardo Hernández





