El Fantasma de don Agustín cree que la alcaldesa ha jugado con los vecinos de Pozuelo (les ha tomado el pelo) con el asunto de los tests masivos ya que solo eran un “globo-sonda”

Todo se acaba por terminar. Y los nervios han dejado paso al enfado. Y el enfado con uno mismo siempre acaba por ser enfado con los demás. Con todos los demás.
No se escapa nadie: De Oria abajo, a todos les toca.
Al final, la culpa no es que se la lleve el viento, es que la culpa la tiene el tiempo, pero no el cronológico, sino el climatológico.
Y es que con los calores que se aproximan, se dice, no podemos obligar a los sufridos vecinos a aguardar pacientemente su turno en las colas a la espera de que les hagan las famosas pruebas. ¡A ver si va a ser más grave el riesgo de insolación que el virus!
Alguien, con gran inocencia, sugirió hacer una nota de prensa. Se debía informar a los vecinos.
¡Todavía resuenan los exabruptos por las dependencias!
-¡Si no hemos comunicado oficialmente la campaña, como vamos a anunciar oficialmente su desconvocatoria!
He de reconocer, qué en eso, no la dejaba de asistir la razón. Al final, no había sido más que una noticia de un medio de comunicación. El Ayuntamiento no lo había anunciado. Pero continuó:
-¡No ha dejado de ser una filtración!
-¡Sí alcaldesa, pero la noticia la habíamos filtrado nosotros!, insistió el inocente, que firmaba al hacerlo su sentencia de despido.
-¡Tú no eres más tonto porque no te entrenas!, le contestó.
-¡Pero y la transparencia, alcaldesa!, remachó el ya condenado.
-¡No me vengas ahora con lo de la transparencia! ¡No te has enterado qué nos acaban de dar un premio!
¡Pues ya tenemos bastante, … y deja ya de tocarme más las narices!
El inocente agachó la cabeza y, dándose cuenta del lío en el que su buena intención le había metido, salió apresuradamente del despacho presto a ir preparando sus pertenencias personales para cuando, más pronto que tarde, le terminase por llegar la orden de desahucio.
Me retiré yo también a mi aposento mientras meditaba sobre el asunto. Y tras darle varias vueltas, comprendí que, al final, todo lo que había sucedido no había sido nada más que la historia de unos “test fantasmas”, porque nunca oficialmente habían terminado por ser reales.
Y que todo el lío, que se había construido alrededor de la campaña de detección, no habría dejado de ser un vulgar astracán, un vulgar juguete cómico artificioso, de no haber sido por un pequeño e insignificante detalle:
Se había confundido lamentablemente a los vecinos, se había jugado con ellos y con su ansiedad en relación con la epidemia, creando unas expectativas que finalmente se habían defraudado.
En definitiva, se les había tomado el pelo.
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”





