Entre las alcaldesas que la abandonaron, los jefes que no quisieron problemas y los agentes que solo tienen derechos, la Policía Municipal de Pozuelo no es servicio público. Es otra cosa
Me pongo a escribir esta columna, tras la repercusión que tuvo el meme de El Mudo de hace un par de días, para aclarar la confusión que en algunos lectores ha generado, cosa que me alegra mucho porque de remover conciencias se trataba y vaya si las removió…
Parece que muchos lectores han descubierto, con el meme de El Mudo, la realidad de una Policía Municipal del Gran Pozuelo de Alarcón que ya no es ni sombra de que fue… Y fue mucho. Fue una de las cuatro patas en que se basó el desarrollo de esta ciudad (junto a la limpieza, el medio ambiente y el deporte) al conseguir rebajar de verdad (de la buena) la inseguridad ciudadana hasta términos admirables y hacer que los vecinos sintiesen su cercanía como servicio público y se sintiesen orgullosos de ella…
Pero hace tiempo que la Policía Municipal de Pozuelo dejó de funcionar como servicio público de verdad. Lo que tenemos hoy no se parece en nada a aquel cuerpo cercano, eficiente y presente en la ciudad, que protegía y servía a los vecinos de este municipio. Y digo servía porque parece que a muchos agentes se les ha olvidado que son servidores públicos. Ya ni se nota, ni se siente su presencia en la calle. Y lo peor es que no parece importar demasiado a nadie.
¿Y quiénes han sido los responsables de esta debacle?
Muchos.
Pero vayamos por partes que diría Jack el Destripador…
Para empezar habría que señalar a las últimas alcaldesas de este municipio que han optado, sistemáticamente, por no meterse en líos. Su prioridad no ha sido mejorar el servicio, ni revisar cómo está funcionando, ni exigir lo que toca a un cuerpo que cuesta mucho dinero a los contribuyentes y no cumple con la relación precio-servicio público.
Lo que han hecho estas alcaldesas ha sido lo contrario…
Han evitado conflictos con los agentes no tocando privilegios, firmando convenios generosos y mirando para otro lado mientras la plantilla envejecía, se reducía y se acomodaba.
El Convenio Colectivo por encima del Servicio Público. El mundo al revés.
Y ese este sería el segundo gran problema. Porque los agentes, sabiendo que nadie les va a exigir demasiado, tampoco han tenido ningún interés en dar más de lo justo que creen que es su derecho. Cobran bien -muy bien-, trabajan con un convenio más que favorable y están, en general, en una ciudad tranquila donde rara vez se enfrentan a situaciones complicadas.
¿Para qué complicarse la vida, entonces?
Patrullas mínimas, turnos cubiertos con lo justo y poco más. Todo a base de horas extraordinarias. Aún así, no se les ve por la calle. No existen. Y los vecinos se sienten huérfanos.
Y la tercera pata del problema han sido los Jefes o Comisarios o como se llamen que, como las alcaldesas, no han querido complicarse la vida con los sindicatos… Eso sí, hasta llegar a este último Jefe que ni eso. Este solo vive para aparentar. No se le ensucia la gorra ni se le arruga el uniforme, no. Yo, solo yo, siempre yo… “Ego sum qui sum que por algo soy comisario”.
Mientras tanto, se anuncian nuevas incorporaciones (ya veremos cuando llegan y cuanto duran “vírgenes”) y se presentan drones, pistolas Taser y cámaras de vigilancia. Todo parafernalia. Cartón piedra. Estupideces. Como si eso fuera a compensar la falta de presencia real del policía de calle.
Y es que no se puede tapar una estructura inoperante con tecnología. Es algo imposible si los problemas de fondo siguen ahí: vehículos que no se revisan, instalaciones descuidadas y un cuerpo que, más que funcionar como un servicio público, parece una oficina de funcionarios privilegiados.
Y lo más grave es que todo esto ocurre a plena luz del día, con total impunidad administrativa y con la sensación generalizada de que aquí nadie va a mover un dedo. Tejero sigue invirtiendo en imagen fatua pero no en una reforma seria del cuerpo. Y los vecinos, que pagan sus impuestos religiosamente, tienen que conformarse con ver cómo su policía brilla por su ausencia cuando se la necesita.
Es más, a esta redacción llegan continuas protestas de vecinos que no son atendidos por la policía municipal… Ya no es SU POLICÍA MUNICIPAL, dicen…
En resumen, lo que hay en Pozuelo no es una policía municipal al servicio del ciudadano. Es un cuerpo caro, anquilosado, al que nadie fiscaliza y que ha sido abandonado por unas autoridades locales que prefieren no tener problemas.
Y los agentes, que no son tontos, se han adaptado a ese escenario: trabajan poco, ganan mucho y nadie les pide cuentas.
Pero esto no va de criticar por criticar. Eso lo hemos hecho muchas veces y no ha servido para nada. No es esa la intención de esta columna.
Solo digo las cosas como son. Y, simplemente, doy unas pinceladas de realidad.
Aunque sé que esta vez, también, todo dará igual no dejo de mantener la esperanza de que algún día la alcaldesa (el actual concejal de seguridad es una autoridad en el escaqueo y no se puede contar con él) tenga la valentía de enfrentarse a esta situación y poner orden. Aunque sea duro y le amenacen. Porque mientras eso no pase, Pozuelo seguirá teniendo una policía municipal que funciona solo para sí misma.
Y eso, por definición, deja de ser un servicio público.
Amén
El Capitán Possuelo






