Habrá intercambio de cromos: Ayuso y Aguado aparcan la crisis de Gobierno hasta el verano y, al final, la solucionarán con una permuta: Los ceses de Ruiz Escudero y Alberto Reyero

Todo indica que, mientras mucha gente habla de mociones de censuras y de elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid (que solo favorecerían a esa extrema izquierda echada al monte), ya se ha enterrado el hacha de guerra entre el PP y Ciudadanos o mejor, entre Ayuso y Aguado. Ambos, por la cuenta que les tiene, han decidido fumar la pipa de la paz.
No podía ser de otra manera. Es sentido común. No está la Comunidad de Madrid para experimentos ni para que en su Gobierno pueda entrar esa extrema izquierda que representan Mas Madrid y Podemos tras la experiencia del Gobierno de España. Qué pena de Perpinyà…
La paz llegó la semana pasada. La tensión estuvo en lo más alto. Dicen, incluso, que Enrique Ruiz Escudero había puesto su cargo a disposición de la presidenta Ayuso y que esta le había dicho que no era el momento adecuado…
Y es que mientras ERE presentaba su dimisión, Alberto Reyero era defendido por el vicepresidente Aguado cuando el consejero de lo social (C’s) había sido, precisamente, el que había prendido el incendio que reinaba por docquier.
Desde el PP culpan a Reyero de haber desencadenado la guerra, filtrando los correos que envió a Escudero en el comienzo de la pandemia de coronavirus y le culpan también de haber filtrado los protocolos de marzo que tanto daño le ha hecho a Ayuso. Está muerto, políticamente. Dicen.
Tanto en el PP como en Ciudadanos reconocen que el consejero de Sanidad se ha dejado la piel en esta crisis pero su enfrentamiento con Reyero desde mediados de marzo le ha acabado pasando factura. Está muerto, políticamente, también. Dicen.
Escudero, a fin de cuentas, no es un hombre de Ayuso. Fue descubierto por Cristina Cifuentes y mantenido en el cargo por Ángel Garrido y ninguno de los dos está ya. Y ninguno de los dos se fue, precisamente, dejando buen sabor de boca en el PP.
Por esa etapa en la anterior legislatura, Ayuso lo dejó fuera en las listas cuando era un hombre fuerte del partido en Madrid al ser presidente en el otrora influyente PP de Pozuelo. Dicen que tuvo que ser Casado personalmente quien pidió que entrase en la lista pepera.
Por otra parte, en Ciudadanos saben que la cabeza de Reyero es objetivo del entorno de Ayuso desde que comenzó a pedir un mando único para la intervención en las residencias.
Pero a nadie le convenía tirar por el aire un Gobierno que lo ha hecho muy bien, dentro de lo que cabía, en esta brutal crisis sanitaria (de ahí los ataques del Gobierno Sánchez-Iglesias) y, por lo tanto, se ha impuesto un punto y aparte.
Aguado (se ve claramente) ha recuperado visibilidad, algo que buscaba como alma en pena: Aparecer más en los medios como portavoz del Gobierno. Y Ayuso ha conseguido la tranquilidad de poder trabajar sin la espada de Damocles de la moción de censura a causa de una más que rumoreada traición de Aguado.
Los dos líderes han cedido y las cabezas de Escudero y de Reyero son el precio. Suele pasar. Ni para ti ni para mí.
Los dos consejeros, por otra parte, están quemados en la gestión de la pandemia y saldrían del Ejecutivo para afrontar un posible rebrote sin el lastre de esa imagen de mala gestión que, hoy por hoy, sigue pesando mucho.
Seguiremos informando…
La Piraña del Meaques






