El Coordinador Técnico de SEAPA Juan Antonio González se va: Se hartó de la irresponsabilidad política de Tejero al abandonar la gestión del Departamento de Recursos Humanos. Además.

La más que segura dimisión de Juan Antonio González, coordinador técnico del SEAPA (Servicio de Emergencias de Pozuelo de Alarcón), ha vuelto a colocar al Gobierno del Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón frente a una realidad incómoda que desde hace demasiado tiempo intenta ignorar…
Hablo del problema, no ya de las salidas individuales que tantas veces hemos denunciado en El Correo de Pozuelo, sino del modelo de gestión que las provoca.
Un modelo traído a este Ayuntamiento por unas señoras forasteras que vinieron creyéndose que en esta ciudad todo el monte era orgasmo, perdón, quise decir orégano.
Porque cuando un profesional clave, como es Juan Antonio, abandona una estructura estratégica, la cuestión no es únicamente quién ocupará su puesto. La verdadera pregunta es por qué perfiles con experiencia, reconocimiento y capacidad técnica están dejando de confiar en este Ayuntamiento como lugar donde desarrollar su trabajo.
Y la respuesta, cada vez más extendida dentro del propio Consistorio, apunta directamente a la gestión de Recursos Humanos…
Recursos Humanos, esa cenicienta municipal creada por Susana Pérez Quislant cuando despidió a Eugenia Pérez (conocida por La Merkel), simplemente porque era la única profesional que sabía de qué iba el departamento, y la sustituyó por gente menor pero obediente. Y lo peor fue que Paloma Tejero siguió de igual manera… Esa manera de no dar problemas a los jefes (se han hecho barbaridades de libro) pero jode a los buenos trabajadores…
Pero volvamos al tema que nos ocupa. Durante años, el actual Gobierno municipal ha tratado de presentar cada marcha del Ayuntamiento como un episodio aislado, como decisiones personales o reajustes normales dentro de cualquier administración. Pero ese discurso empieza a resquebrajarse. Mejor, hace tiempo que se resquebrajó.
Y es que, cuando quienes se marchan son precisamente los perfiles más cualificados, los más difíciles de sustituir y los que sostienen áreas sensibles como emergencias, seguridad o coordinación técnica, el problema deja de ser anecdótico y empieza a ser estructural. Y eso es muy serio.
A Tejero nunca le preocupó el tema porque ella no gobernó el Ayuntamiento. Su forma de gobernar era la de la cigarra. Y, como dice el huapango, cantando como la cigarra morirá políticamente.
Dentro del Ayuntamiento son cada vez más frecuentes las críticas hacia una Concejalía de Recursos Humanos (ay, Molares, que difícil es saber de todo) que muchos consideran desorientada, reactiva y sin un proyecto claro.
Se toman decisiones difíciles de comprender, se producen cambios organizativos poco explicados y se instala una sensación permanente de improvisación que acaba deteriorando la confianza interna.
Y cuando la confianza desaparece, la desmotivación empieza a extenderse.
Porque el deterioro de una administración no comienza cuando alguien presenta una dimisión. Comienza mucho antes: cuando los profesionales sienten que no existe reconocimiento, cuando la autonomía se reduce, cuando los criterios dejan de ser transparentes y cuando el futuro dentro de la organización se convierte en una incógnita constante.
Ese desgaste invisible no aparece en los comunicados oficiales ni en las ruedas de prensa, pero termina teniendo consecuencias muy reales.
Y en este punto, la responsabilidad ya no puede esconderse detrás de informes técnicos o explicaciones burocráticas. Cuando los problemas se repiten de forma sistemática, dejan de ser administrativos para convertirse en políticos.
El Ayuntamiento de Pozuelo tiene ahora una obligación que no puede seguir esquivando y no es otra cosa que responder si lo que está fallando son determinadas personas… O la forma en que se está gestionando el propio Ayuntamiento.
Porque si la respuesta es la segunda, cubrir vacantes ya no será suficiente. Harán falta cambios profundos, transparencia en la toma de decisiones y, sobre todo, responsabilidades políticas que hasta ahora nadie parece dispuesto a asumir.
El caso de Juan Antonio González simboliza además algo especialmente delicado ya que es la pérdida de capital humano en uno de los servicios más valorados por los vecinos.
El prestigio del SEAPA no se construyó solo con recursos materiales ni con campañas institucionales. Se construyó gracias al duro trabajo de unos pocos profesionales que durante años levantaron un servicio eficaz, coordinado y respetado. Nunca tantos le debieron tanto a tan pocos, rememorando a Winston Churchill…
Que una pieza fundamental de esa estructura que hablaba antes decida apartarse debería haber provocado una profunda reflexión política. Sin embargo, la sensación que me transmiten fuentes internas del Gobierno es justo la contraria. Uno menos.
-Llama a Madrid, Juan, y que nos manden a otro…
Y después, silencio, paso de pantalla y absoluta falta de autocrítica.
Qué le importa a Tejero la fuga de talento.
A fin de cuentas, ella y su gente también están de paso.
El Capitán Possuelo






