Y Pozuelo salió a la calle (no es una ciudad muerta como se dice): Y lo hizo para defender la integridad de España, condenar la invasión de Ceuta y rechazar esta política colaboracionista

Ayer ocurrió algo que, por encima de pancartas, consignas y banderas, merece ser contado como algo inusual.
Pozuelo salió a la calle.
Nadie lo creía. Es una ciudad muerta, dicen.
Pero salió. Y lo hizo para defender algo que parecía que ya no necesitaba defensa.
Salió para defender la unidad y la integridad territorial de España.
Algo que todos creíamos un caso cerrado hasta que Pedro Sánchez lo abrió.
Y había que movilizar la calle para mostrar el más firme rechazo a su política colaboracionista con Marruecos en la invasión de Ceuta.
Y Pozuelo tapó esa calle abierta por la sumisión y la indecencia.
Y es que mientras el sanchismo pozuelero ha preferido mirar hacia otro lado y sus amigos (los que lo sostienen) parecen preocupados por no incomodar al poder, cientos de pozueleros decidieron que había llegado el momento de hacerse oír.
Parecía imposible.
Pero salieron, insisto porque hay que insistir en ello, a recordar que Ceuta también es España. Que su españolidad no está en juego. Y que ningún Gobierno puede jugar con la integridad territorial de nuestro país como si fuera una pieza más de su estrategia política.
O, tal vez, como política que busca su propio perdón.
Ayer, Pozuelo despertó.
Y lo hizo con la fuerza de quienes todavía creen que hay asuntos que están por encima de intereses partidistas, cálculos electorales o conveniencias diplomáticas.
Y yo me acordé de aquella estrofa de Gabriel Celaya…
“¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo!”
Pozuelo está vivo.
Había que salir y se salió.
Y Pozuelo fue uno.
Aún hay esperanza de que sea una sola ciudad.
Y nadie sabe lo que me alegra.
El Capitán Possuelo
Posdata:
Lástima que la alcaldesa Tejero no sintiese la llama encendida del pueblo.
Se oyó mal y su voz apenas mostró algún entusiasmo.
Y lo peor es que se demostró el abandono del centro de la ciudad.
Los ascensores del aparcamiento del Padre Vallet, por ejemplo, no funcionaban y hubo muchas personas que maldijeron en voz baja…





