El Fantasma de Don Agustín (que ya es objeto de “caza de brujas”) piensa que la Oposición del Ayto. de Pozuelo no está para solucionar problemas sino para disfrutar de prerrogativas

No paro de advertir como se afanan en encontrarme por los recovecos de “la Casa”. Buscan, indagan, hacen cábalas. Ayer, sin ir más lejos, les sorprendí cuando revisaban concienzudamente las grabaciones de las cámaras de seguridad que hay en el edificio, intentando localizarme. Pasaban lentamente las imágenes, esforzándose por adivinar una sombra fugaz, tal vez una imagen borrosa que delatara mi presencia
¡Pobrecillos!, se creen que van a ser capaces de encontrar algún rastro de mí. Todavía no se han dado cuenta de que mi existencia no es real, de que soy un espíritu errante que se limita a contar cuanto observa. Que no soy sino un mero espejo en el que se reflejan, tanto ellos como sus debilidades. Pero claro, ¡eso no les termina de gustar!
Intentando que serenen su ánimo, por un tiempo, aquellos que mandan, voy a pasarme por los despachos de quienes son llamados “la oposición”. He de decirles que, de forma un tanto ingenua, llegué a pensar, hace tan solo unos meses, que el discurrir de los acontecimientos, gracias a ellos, iba a tener mucho más picante por estos lares. Eran mayoría. Podían controlarlo todo.
Pero ¡cuán equivocado estaba!, todo cambió, sí, … pero para que todo siguiese igual.
Triste, muy triste, casi decepcionante, resulta entrar en sus despachos y escuchar sus conversaciones. Falta de ideas, ingenuidad, e incluso ausencia de sana malicia, es cuanto únicamente puedo observar.
Muchos de sus componentes desconocen el municipio. Algunos otros pareciesen como si estuviesen encantados de conocerse, satisfechos con salir en alguna foto, aunque sea solo como relleno.
Alguno hay, incluso, que llega a creerse imprescindible para el gobierno municipal y no actúa sino como mero palanganero de la única persona que aquí, en realidad, manda.
A todos, a casi todos, les cuesta desenvolverse en los intricados expedientes, encontrar entre los abultados legajos administrativos los puntos débiles del ejercicio de la política municipal.
¡Es, sin duda, muy trabajoso, hacerlo!
Se nota que les falta oficio y les sobra inexperiencia en esto de la cosa pública.
Y, por si eso fuera poco, han de enfrentarse a quién no posee sino oficio, mucho oficio, en eso de ejercer el poder.
Ya se decía en mis tiempos que, en el reino de los ciegos el tuerto es el rey.
Y entre los unos y los otros, lamentablemente, ¡la casa sin barrer!
Y en estas andamos. Que en viendo lo que se desarrolla a mi alrededor, no puedo si no pensar que aquí, el que más y el que menos, lejos de afanarse en solucionar los problemas de los vecinos, como sería menester, lo hace para mantenerse en el puesto y disfrutar de sus prerrogativas.
¡Cosas veredes, amigo convecino!
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”






