La guerra de las centésimas y la estupidez: El Gobierno de Pozuelo basa su éxito en ser la ciudad más segura de la Comunidad de Madrid pero ahora el de Boadilla dice que son ellos

Hay rivalidades históricas que han marcado el destino de los pueblos. Atenas y Esparta. Roma y Cartago. Coca-Cola y Pepsi. Y ahora, por supuesto, Pozuelo de Alarcón y Boadilla del Monte.
Amabas ciudades del noroeste de la Comunidad de Madrid están enfrascadas en una apasionante batalla para determinar cuál de las dos es la ciudad más segura de la Comunidad de Madrid.
Mientras que el Gobierno de Pozuelo presumía que se mantenía como la ciudad más segura (pese al repunte de delitos) en toda la región, ahora el Gobierno de Boadilla asegura que es el municipio de más de 50.000 habitantes más seguro de la Comunidad de Madrid.
Madre mía, qué disgusto para Tejero…
Esta mujer no gana para sustos…
Tranquila, mujer, no hablan de una diferencia sustancial. No. Hablan de una distancia estadística tan microscópica que haría falta una lente electrónica para apreciarla.
Según los últimos datos del Ministerio del Interior, Boadilla registra 5,38 infracciones penales convencionales por cada mil habitantes y Pozuelo 5,41. Tres centésimas de diferencia. Tres.
En cualquier otro ámbito, semejante margen sería considerado un empate técnico. Pero en la política municipal moderna y absurda cualquier decimal es susceptible de convertirse en una gesta histórica.
Pozuelo, si se suman los ciberdelitos, es más segura pero cada uno cuenta la feria según le favorece.
Pero Boadilla se ha apresurado a proclamar que es el municipio de más de 50.000 habitantes más seguro de la región.
En otras palabras, si contamos unas cifras, gana uno. Si contamos otras, gana el otro. Lo importante no es la realidad, sino encontrar la categoría adecuada para subir al podio.
Publicidad Política Barata.
Lo verdaderamente admirable es que ambos ayuntamientos utilizan exactamente la misma fuente. No hay estudios enfrentados ni informes contradictorios. Los dos beben de los datos del Ministerio del Interior. Lo único que cambia es el ángulo de la fotografía.
Un clásico de la comunicación política contemporánea: no importa tanto lo que dicen los números como la manera de presentarlos.
En fin, Paulita… Que no sé si denominar esta guerrita como la de las centésimas o la de la estupidez. O de las dos.
Da igual. El resultado es que el ciudadano contempla el espectáculo con una mezcla de indiferencia y escepticismo. Porque la percepción de seguridad no suele construirse a partir de balances trimestrales ni de complejas tasas por cada mil habitantes basados en unas estadísticas absolutamente cocinadas y, presuntamente, manipuladas.
La percepción de seguridad se construye cuando un vecino escucha que han entrado a robar, cuando le cuentan una estafa sufrida por un familiar o cuando ve patrullas policiales menos frecuentes de las que considera necesarias.
Y ahí aparece la gran paradoja. Pozuelo y Boadilla son, probablemente, dos de los municipios más seguros de España. De eso hay pocas dudas. Lo que resulta más discutible es esta necesidad permanente de convertir cada informe estadístico en una competición olímpica.
En Pozuelo, le va la vida a la alcaldesa. Supongo que, en Boadilla, le pasará lo mismo a su alcalde. Estamos en precampaña y unas décimas de estupidez sirven para vender política.
Quizá porque la política actual vive obsesionada con los rankings aunque su incapacidad de transmitir otra cosa.
Hay que ser el primero en renta, el primero en calidad de vida, el primero en zonas verdes, el primero en innovación y, por supuesto, el primero en seguridad.
Aunque para lograrlo haya que celebrar una ventaja de tres centésimas como si se hubiera conquistado la Luna.
Y es que, mientras los gabinetes de comunicación afinan calculadoras y redactan titulares triunfalistas, los vecinos seguramente siguen ocupados en asuntos bastante más terrenales.
Y tal vez, por eso contemplan, esta guerra de las centésimas con una mueca de hartazgo y desdén…
Manolo Pérez






