Mal de muchos, consuelo de tontos: La política de seguridad de Tejero se basa en decir que Pozuelo se mantiene como la ciudad más segura de la región pese a aumentar los delitos

Hay una vieja expresión popular que resume a la perfección la política de seguridad ciudadana de la alcaldesa Paloma Tejero: «Mal de muchos, consuelo de tontos».
Porque eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo en Pozuelo de Alarcón. Los delitos aumentan. Los datos del Ministerio del Interior reflejan un repunte de la criminalidad durante el primer trimestre de 2026. Los vecinos comentan cada vez más robos, intentos de robo, hurtos y situaciones pero desde el Gobierno de Tejero llega el mensaje alucinante de, “oiga, no se preocupen, porque en otros sitios están peor”.
Son unos genios de la artimaña política.
(Lo avanzamos en El Correo de Pozuelo hace unos días)
Si mañana nos roban el coche, siempre podremos consolarnos pensando que al vecino se lo han robado dos veces. Problema resuelto.
La estrategia política de la alcaldesa consiste en retorcer unos datos ya de por sí discutibles para construir un relato optimista. Un relato donde Pozuelo sigue siendo una especie de paraíso de la felicidad rodeado por un océano de delincuencia regional. Un nirvana urbano donde todo funciona correctamente aunque las estadísticas empeoren y aunque los vecinos perciban otra realidad muy distinta.
Y aquí aparece un concepto fascinante del que ya hemos hablado alguna vez y que se llama “la sensación de inseguridad” que no recoge el Ministerio pese a su cocina.
La sensación de inseguridad es algo parecido a la sensación térmica. El termómetro puede marcar una cifra concreta, pero el cuerpo percibe otra muy distinta. Con la seguridad ocurre exactamente igual. Una cosa son los cuadros estadísticos elaborados en despachos ministeriales y otra muy diferente es la percepción de quienes caminan por las calles, utilizan los parques o hablan con sus vecinos.
La sensación de inseguridad no surge de la nada. Aparece cuando disminuye la presencia policial visible, por ejemplo. Cuando los vecinos conocen casos cercanos, por ejemplo también. O cuando circulan historias de robos en urbanizaciones, o de vehículos o de hurtos. Pozuelo, desde hace años ¿quién lo iba a decir? Es el paraíso terrenal del hurto del móvil…
Y frente a esa preocupación creciente, el Gobierno municipal responde con comparaciones con otras ciudades de la Región…
No parece importar que los delitos aumenten.
Lo importante es que aumenten más en otros municipios.
No parece preocupar que la tendencia empeore.
Lo relevante es encontrar una ciudad donde empeore todavía más.
Sin duda, es una forma muy peculiar de gobernar. Una especie de competición en la que el objetivo ya no es reducir la delincuencia sino quedar mejor clasificado que los demás.
Pero los vecinos de Pozuelo no pagan algunos de los impuestos (altos impuestos) para que les expliquen que en otros lugares las cosas van peor. Pagan para vivir en una ciudad segura. Como lo fue en su origen moderno. Pagan para que exista una presencia policial suficiente. Pagan para que los problemas se afronten y no se maquillen.
Porque la seguridad ciudadana no se mide únicamente con porcentajes.
También se mide con confianza. Y la confianza, como la temperatura, depende mucho de lo que realmente sienten las personas cuando salen a la calle.
Y esa sensación, por mucho que se cocinen los datos, resulta bastante más difícil de manipular.
Pozuelo, señora, fue una ciudad que, históricamente, presumió de ser una de las más seguras de España no puede conformarse con el argumento de que otros municipios están peor.
La comparación razonable no es con ciudades más inseguras, sino con el propio nivel de excelencia que durante años caracterizó a Pozuelo.
Manuela García






