El Partido Popular de Pozuelo, de manera incomprensible, no defiende a los suyos (ni afiliados ni votantes), los deja tirados y muestra que carece de esos valores de los que presume

El Partido Popular en el Gran Pozuelo de Alarcón agoniza. Repito, agoniza. Y lo sabe pero no sabe cómo recuperar el aliento. Es lo que tiene vivir de cara a la galería como vive la cigarra.
Y hay muchos ejemplos que lo demuestran. Pero, en este Lunes de Pascua de Resurrección, quiero resucitar solo un asunto que, de entrada, pareciera menor pero que, en la realidad, es una muestra más del abandono de la Agrupación del Partido Popular a su gente.
Una Agrupación que tanto presume de valores, y que, al contrario, está marcada por la soberbia. O por la soberbia de sus políticos responsables ya que no han sido capaces de solucionar el problema de uno de los suyos…
Uno de los suyos, insisto. Un afiliado. Un tío que trabajó mucho por esa Agrupación y que ahora lo han dejado tirado como están dejando tirado a tantos votantes en esta ciudad.
Y es que esta Semana Santa he vuelto a releer su caso en un periódico nacional y me ha servido de percha para que hoy vuelva a romper una lanza por ese afiliado abandonado y por la poca sensibilidad política que la Agrupación ha demostrado. Una pena porque, en otra hora, fue la madre de todas las agrupaciones políticas de Pozuelo.
Entiendo que Manu Montero esté harto. Cansado de pedir explicaciones y que haya llegado a ese punto donde la paciencia se acaba y esté dispuesto de ir a donde sea menester, como puede ser la justicia, algo que acarrearía graves problemas políticos en tiempo electoral, pero ya el tema «No es por el huevo, sino por el fuero».
Porque mira que era fácil que todo hubiera terminado como una anécdota. Bastaba con hablar, dar explicaciones y decir lo siento aunque, incluso, no se sintiese. Pero la soberbia y la carencia de valores, de esos que tanto presume el PP, parece que lo han impedido…
Me da que la Agrupación pepera no entiende lo que se denomina política.
No se puede tratar tan indignamente (lleva muchos años afiliado) a un señor por protestar que injustamente se le castigase por arbitrar un partido de fútbol en el que jugaba el hijo del concejal de deportes Luis Magide (y perdió por goleada) y que nadie le haya dado una mínima explicación a tal injusticia.
Pero llueve sobre mojado. Y, tal vez, fue entonces cuando comenzó la muerte de la Agrupación.
Y e que la presidenta de la Agrupación del Partido Popular de Pozuelo Paloma Tejero da la sensación de ser solo presidenta de honor. Sin mando. Sin potestad. Solo figurando. Le faltan los valores que dentro del Partido Popular se dan por sentados.
La señora Tejero, y es voz populi, no estuvo a la altura de algunos eventuales de la legislatura anterior, como Montero. Qué le hubiera costado, en su momento, decir “gracias por el trabajo desempeñado y por la dedicación en la campaña electoral de 2023 pero he decido contar con gente nueva”, palabras que se hubieran entendido a la perfección pero no dijo nada. Como si ella se mereciese el esfuerzo por llevarla a la alcaldía. Ay, la soberbia.
Tampoco contestó, por ejemplo, a los 5 mensajes que le envió Montero. Nunca contestó a ninguno…
Y ahora, lógicamente, tampoco está a la altura de su responsabilidad en el partido.
Es cierto que ella no tiene ninguna obligación, ninguna, pero los gestos políticos dicen mucho de los políticos.
De esta demanda de explicaciones ni se ocupó. Y, políticamente, hubiera sido un puntazo de líder. El PP nunca abandona a los suyos.
Y el Secretario General de la Agrupación Félix Alba tampoco. Echó balones fuera en un Pleno cuando el tema nunca debió llegar al Pleno.
Y luego está Carmen Salas, coordinadora del Partido Popular en Pozuelo. Entiendo que esto no iba con ella pero algo más pudo hacer.
Lástima que el cargo oscurezca a la persona. O la acobarde.
Sobre el concejal Luis Magide poco más que decir… Le ha faltado gallardía, esa de la que tanto presume en la calle…
Lo fácil ha sido echarle la culpa a la empresa adjudicataria de la organización de los partidos que es la responsable de los hechos y quien tiene la potestad de convocar o desconvocar a un árbitro.
Pero en política nada es blanco o negro. Existen grises. Y la política siempre tiene algo que decir. Y, en este caso, mucho. Pero nadie quería mojarse. Y ahí estuvo el pecado.
Bastaba con que Magide hubiera llamado, como concejal de deportes, al árbitro y le hubiera dicho que él no tuvo nada que ver y que, en cualquier caso, mediaría en el tema.
Esta competición no es la Champions ni esa concejalía es la UEFA.
Muy fácil era. Bastaba con dar la cara y poner algo de interés. Sentido común. Pero era mejor pasar de un un simple árbitro… No era nadie.
Un árbitro, compañero de partido político y con el que, curiosamente, muchos habían trabajado codo con codo.
Era mejor pasar y que todo pasase.
Pero no ha pasado.
Y el Partido Popular defraudando otra vez en esta ciudad.
E, insisto, era bien simple resolverlo.
Resumiendo, otro desatino pepero.
Un desatino político que puede terminar en los tribunales.
Manolo Pérez






