Historia de los Mil Pozuelos (I) escrita por un gran pozuelero: De sus huertas y sus tenerías, y ser arrasado por la guerra civil, hasta la llegada de la democracia con el alcalde Gª de la Rasilla

Decía Ortega que la civilización consiste en coger una aldea y hacer un agujero en el centro. Ese agujero es el centro, el ágora. En Pozuelo, desde la temprana desgracia de una irresponsable corporación municipal que (por ignorancia u otros muchos motivos desconocidos) no siguió este sabio consejo tan natural y práctico con que históricamente han crecido armónicamente los pueblos, seguimos a vueltas con la estructura y cohesión de los Mil Pozuelos.
Creo que todo el mundo comentamos, e incluso protestamos donde no debemos, sin ofrecer, aunque puedan estar equivocadas, humildes ideas medianamente argumentadas.
Es obvio que para poder explicar y poner sobre la mesa cualquier sugerencia de futuro, hay que conocer y examinar el pasado que, como siempre nos han advertido los sabios: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, decía el filósofo y escritor español George Santayana.
Sin entrar en la centenaria historia de este querido pueblo, magníficamente recogido por ilustres profesores, sólo puedo resumir nuestro más cercano pasado:
La proximidad y acceso a los mercados de trabajo y venta madrileño, con la ayuda del ferrocarril y del trabajo de un señor con su propio autobús, para más señas soltero y apellidado Llorente, sumado a la buena tierra de labranza y la bendición del agua, formó un pueblo envidiable y envidiado, económicamente dinámico, culturalmente festivo y alegre, con puestos de trabajo en el campo, comercio y peculiar industria, siendo especialmente reconocido por sus tenerías y huertas.
Quedó deshabitado y prácticamente destruido al encontrarse en primera línea bélica en la llamada “toma de Madrid” de la Guerra Civil. Se reconstruyó antes que muchos pueblos por su enclave geográfico, natural riqueza y la ayuda de la Dirección General de Regiones Desbastadas.
Le siguió un acelerado desarrollo desde los años cincuenta a los setenta gracias al flujo de crecimiento económico del país, a las colonias de veraneantes y, sobre todo, a la fuerte migración que recibió la muy cercana capital en busca de trabajo.
En esos años y, auspiciado por el Ministerio de la Vivienda, cambia su configuración urbana construyéndose miles de hogares protegidos, que en la actualidad siguen siendo visibles y configuran gran parte de la estructura de los dos únicos barrios naturales en ese tiempo, el Centro y La Estación.
A finales de los años setenta todo empieza a cambiar. Se multiplica y comienza a expandirse en número y devoción, una nueva manifestación de poder, la del político profesional, ajustando, como queda demostrado, sus destinos y metálicos haberes a la altura alcanzada por su devoción ideológica al partido, y no por los resultados de su trabajo.
Nosotros tuvimos mala suerte. Aunque pretendo no usar nombres, solo exponer actitudes y realidades, si me voy a permitir hacerlo con el primer regidor democrático, Sr. Juan Carlos García de la Rasilla, vecino y director ejemplar de los primeros cambios de sistema y ajustes en el Ayuntamiento, persona tranquila y sin necesidad alguna de vivir de la política, conocedor del pueblo, integrado en sus sentimientos y rutinas, echado siempre a la calle a escuchar a todo el mundo hasta que, al caer UCD, no tuvo tiempo de organizar y aventurar las ideas y proyectos de los que hablaba con detalle.
(Continuaremos…)
Juan Pozuelo
Nota de Redacción: No existe ninguna fotografía del Sr. García de la Rasilla. Y es una vergüenza.





