Sánchez los engaño: Tendió una trampa política con la Tasa de Basuras, el PP cayó como un ingenuo y ahora sus alcaldes han enfadado a sus vecinos, como en Madrid y Pozuelo, y ojito

Ya está demostrado. La Tasa de Basuras no era una obligación europea ni una exigencia ecológica ni la madre que la parió. Fue una estrategia política calculada de Pedro Sánchez para enfrentar a los alcaldes del PP con sus propios vecinos.
Y lo ha conseguido.
La jugada es de manual. El Gobierno aprobó la Ley 7/2022, que obliga a los ayuntamientos a crear una tasa por la recogida de residuos. Luego se apartó, dejó el marrón en manos de los consistorios (la mayoría gobernados por el PP) y se sentó a ver el espectáculo.
Era un caramelo para los Ayuntamientos. Sánchez bueno. Nos permite recaudar más. Fue el timo de la estampita.
El PSOE apenas tenía algo que perder y muchísimo que ganar: en casi toda España los ayuntamientos son populares. Si los vecinos se enfadan, el golpe no va contra Moncloa, va contra los despachos de los alcaldes del PP.
Y así ha ocurrido.
Y pasó en Pozuelo donde la alcaldesa Tejero y sus ansias recaudatorias cayeron en la trampa y consiguió cabrear a miles de pozueleros.
Y ahora está pasando en Madrid, donde millones de madrileños se sienten estafados. Y el alcalde José Luis Martínez-Almeida, que presumía de ser el regidor que bajaba impuestos, se ha convertido de repente en el que cobra por sacar la basura.
El enfado vecinal es monumental. Y Pedro Sánchez sonríe desde su despacho en Moncloa porque la bronca se la lleva otro.
Lo peor es que el PP cayó en la trampa sin pelear. Aceptó la tasa, la vistió de obligación europea y la aprobó como si nada en el Congreso y la obligó en los ayuntamientos donde gobernaba.
Y lo peor es que, ahora, por mucho que intente explicarla con tecnicismos y echándole la culpa a Sánchez, el daño ya está hecho: los ciudadanos no leen justificaciones políticas, leen recibos.
Y el recibo duele.
En Pozuelo, este periódico lo denunció y llamó a la sublevación vecinal pero ya daba igual. Lo único que consiguió la presión de los vecinos es que Tejero hiciese una reformita que beneficiaba a las familias numerosas y obligaba a los jubilados a identificarse ilegalmente.
En Madrid, por otra parte, el alcalde Almeida se ha zurrado ante el cabreo monumental de los vecinos y está intentado corregir su torpeza y que entrará en vigor en 2026, pero añadiendo un ingrediente explosivo: El recibo irá en función del número de empadronados en la vivienda.
La fórmula es un laberinto fiscal que ni los técnicos entienden: tarifa básica, generación de residuos, coeficiente de separación… Pura burocracia disfrazada de ecología.
El alcalde de Madrid, incluso, presume de bajar el IBI. Dice que por quinto año consecutivo, del 0,428 % al 0,414 %. Pero nadie habla del IBI: Todos el mundo habla de la basura.
El mensaje que llega a los vecinos es claro: el PP baja un impuesto y sube otro. Y en política eso equivale a mentir.
La izquierda, por su parte, está encantada y ya señala a los alcaldes del PP como recaudadores voraces y se lava las manos y dice: “Fue Europa”. Y tiene razón en parte: son ellos los que firman los recibos.
Mentira. Fue Sánchez, que supo ver el mapa: Los ayuntamientos más grandes están en manos del PP, así que bastaba con empujarles a aprobar la tasa y esperar el desgaste.
El resultado es perfecto para el sanchismo: ciudades enteras enfadadas con sus alcaldes del PP, votantes irritados, concejales escondidos y el Gobierno central fuera de foco.
Una trampa limpia, silenciosa y letal.
El PP, que presume de saber gobernar, no vio venir la maniobra.
Y ahora paga las consecuencias.
Salvo que en Génova 13, por una vez en la vida, le echen un par y ordenen a sus alcaldes a que dejen la ilegitima e injusta Tasa de Basuras en algo testimonial, reduciéndola al 5% de su recibo. Incluso, al 2%. Aún hay tiempo con una buena campaña de comunicación.
Aunque es raro que el PP le eche “güevos” a la cosa. Sería un milagro.
Pero la realidad es que la Tasa de Basuras no huele a residuos. Huele a trampa.
A trampa de Sánchez. Y a ingenuidad del PP, que cayó en ella de cabeza.
Y sus consecuencias serán fatídicas en las próximas municipales.
El Capitán Possuelo





