La naturaleza pone en ridículo a las alcaldesas pozueleras: La lluvia vuelve a desbordar el Arroyo Pozuelo y los vecinos del edificio RDA de Coca de la Piñera entran con botas katiuskas

Lo hemos dicho muchas veces. Hemos escrito infinidad de artículos. Se lo dijimos a Susana Pérez Quislant y se lo hemos dicho a Paloma Tejero. Los edificios de las viviendas públicas de Coca de la Piñera tienen muchos problemas y la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) no dará permiso para que se construyan mientras que no se realicen una serie de obras previas que eleven el terreno a la altura de la calle Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo o la calle Juan XXII…
Ha dado igual. Aquella fue una alcaldesa indigente intelectualmente y cabezota que se pasó la recomendación por el arco de triunfo y construyó un edificio (tipo RDA) sin encomendarse a Dios ni al Diablo. Es más, ni lo pagó. Era todo un personaje y con una flor en el trasero porque, al final, el PP la tapó…
Pero como era muy torpe lo construyó sobre el viejo lecho del Arroyo Pozuelo que, en los años 50 del siglo pasado, se desvió para ganar terreno y construir un edificio más de vivienda pública. Cosas de aquel tiempo. Por eso la CHT está muy enfadada con Pozuelo ya que no se atreve a tumbar ese edificio por respeto a sus vecinos.
Y esta alcaldesa es una ilusa adanista. Sin escuchar a nadie, se lanzó a construir dos edificios más (con piscina y conserje, manda güevos) sin cumplir con las exigencias de la CHT. Y ahí sigue parada su construcción.
Pero a estas dos alcaldesas les afectaba la erótica del poder, esa fascinación que produce el mando, el estatus elevado y el poder político y, claro, no escucharon… Pero…
Pero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero no ha habido más que esperar…
Esperar a que lloviese como está lloviendo, que parece el día que enterraron a Zafra, para ver la barbaridad que hizo aquella dislocada alcaldesa y lo que quiere hacer esta que está tan perdida.
Y con la lluvia, la inundación. Lógico. Y los vecinos entrando en el garaje con katiuskas en pleno siglo XXI porque el agua mana del suelo y las paredes y no hay manera de achicarla con una goma…

Y, si se usa la goma, no se cierra la puerta…
Y no es mala suerte.
No es un fenómeno imprevisible.
No es “la lluvia de este año que ha venido muy fuerte”, ese clásico administrativo.
Es que el edificio está construido sobre el viejo cauce del arroyo.
Los caprichos de los dirigentes los paga el pueblo.
¿Y ahora qué?
Ahora solo queda otra chapuza con la construcción caprichosa impulsada en tiempos de la exalcaldesa Susana Pérez Quislant, rodeada desde su origen de dudas, polémicas y preguntas incómodas sobre su legalidad y sobre el cumplimiento de las recomendaciones técnicas pertinentes.
El tiempo, que es muy poco dado a la propaganda, ha respondido con la sinceridad del agua:
cuando llueve, se ve la realidad.
Mientras tanto, desde el presente municipal se anuncian grandes colectores, inversiones millonarias y planes casi épicos contra inundaciones futuras.
Todo muy solemne. Muy de render en 3D. Muy de discurso con casco blanco.
Pero el vecino de Coca de la Piñera no vive en el futuro.
Vive hoy.
Y hoy entra en su garaje con katiuskas.
Quizá la lección sea sencilla, aunque poco lucida en campaña:
Antes de inaugurar viviendas, conviene escuchar a los ingenieros y también al arroyo.
Porque el agua tiene una costumbre muy fea para la política:
no entiende de mayorías absolutas,
no lee notas de prensa
y siempre, siempre, encuentra su camino.
El Capitán Possuelo





