Resumen 2025: El Gobierno de Pozuelo ha sido un fracaso por falta de autocrítica. Paloma Tejero ha confundido gobernar con comunicar, gestionar con anunciar y escuchar con posar

Termina 2025 y en Pozuelo de Alarcón conviene parar un momento y hacer balance, antes de que otro evento municipal, otra inauguración o un nuevo encendido de luces vuelvan a ocupar el espacio del debate público. Porque si algo ha quedado claro este año es que una ciudad no se gobierna a base de actos sino de decisiones bien tomadas. Y en ese terreno, el año político ha dejado demasiadas dudas.
El año ha estado marcado por una forma de gobernar basada en la improvisación, el anuncio constante y la escasa rendición de cuentas. Una pauta repetida: primero se comunica, luego se ejecuta como se puede y, si surgen problemas, se mira hacia otro lado esperando que el siguiente evento tape el anterior.
No es una anécdota; es el modelo de Gobierno de Paloma Tejero.
Las fiestas y grandes eventos municipales han sido el mejor reflejo de este desorden.
Contrataciones polémicas, expedientes mal explicados y prisas de última hora se han convertido en rutina. La gestión de la Cabalgata de Reyes, lejos de ser un ejemplo de planificación, acabó envuelta en licitaciones fallidas, recursos y decisiones precipitadas.
Algo tan básico como organizar una tradición consolidada terminó siendo un problema administrativo de primer nivel.
Tampoco ayudó la reiteración de controversias en torno a infraestructuras temporales y servicios asociados a las fiestas, con contratos que generaron más preguntas que respuestas.
La sensación general fue clara: se repiten errores sin aprender de ellos, como si la memoria institucional se borrara cada septiembre.
Los plenos municipales tampoco aportaron tranquilidad. Lejos de transmitir solvencia y control de la situación, muchos evidenciaron falta de preparación, debates mal encauzados y una preocupante desconexión entre el gobierno y los problemas reales de los vecinos. La política municipal se volvió reactiva, defensiva y excesivamente centrada en el relato.
En el plano económico, las cuentas del Ayuntamiento fueron otro foco de inquietud. Presupuestos presentados como ambiciosos, pero cuya ejecución se explicó poco y mal. Advertencias externas, preguntas sin respuesta y una transparencia más formal que real. Pozuelo sigue siendo un municipio con recursos, pero empieza a extenderse la sensación de que tener dinero no equivale a gestionarlo bien.
Durante 2025 también se hizo evidente un problema de modelo de ciudad. Fiestas patronales que representan a cada vez menos vecinos, eventos pensados más para la imagen que para la convivencia y una idea de “prestigio” basada en la apariencia y no en el bienestar compartido. Gobernar una ciudad diversa exige algo más que marketing institucional.
Ni siquiera la Navidad escapó a esta lógica. Ferias y actividades aprobadas sin explicaciones claras, decisiones administrativas poco transparentes y una constante sensación de desorden en la trastienda. Todo puede ser legal; lo preocupante es que no parezca ejemplar.
2025 termina dejando una conclusión incómoda: Pozuelo no sufre por falta de medios, sino por falta de autocrítica. Se ha confundido gobernar con comunicar, gestionar con anunciar y escuchar con posar. El resultado es una ciudad que funciona por inercia, no por liderazgo.
El próximo año será clave. O el gobierno municipal corrige el rumbo, mejora la planificación y apuesta por la transparencia real, o Pozuelo seguirá acumulando actos y perdiendo confianza. Y eso, por muy bien que se iluminen las calles, no se arregla con confeti.
Juan Manuel Sánchez






