A propósito de la llegada de 400 MENAs, Pozuelo no necesita maquillaje estadístico sino serias respuestas en defensa de los intereses de los vecinos. Un artículo de José Antonio Rueda

El reciente anuncio del traslado de 400 menores no acompañados al centro CREADE de Pozuelo ha generado una comprensible preocupación entre los vecinos. Preocupación que no nace del rechazo a los menores en sí, sino de la falta de información, de recursos y de planificación por parte de las administraciones responsables.
Desde Vecinos por Pozuelo, consideramos que las declaraciones de la alcaldesa, plagadas de lugares comunes y frases hechas, que solo reflejan su deseo de que esta medida no afecte negativamente a las estadísticas de criminalidad del municipio, resultan profundamente decepcionantes.
Tiene su razón de ser: ni ella ni su familia reside en Pozuelo, por lo que no representa un peligro inmediato para ellos. En lugar de exigir al Gobierno central las garantías necesarias para gestionar una llegada de esta magnitud, se opta por proteger la imagen pública del municipio y su lugar en los rankings de ciudades “seguras”.
Lo que nos preocupa no es la estadística, sino la realidad. Y la realidad es que el CREADE de Pozuelo, con una ocupación ya cercana al 83 %, no está preparado para absorber una llegada masiva de menores sin provocar una sobrecarga insostenible. Tampoco lo está el entorno, que carece de los medios adecuados para garantizar una integración real de los menores y la seguridad y tranquilidad de los vecinos.
No se trata de alarmismo. Hay antecedentes que justifican esta preocupación: la situación vivida en Alcalá de Henares, donde el Gobierno trasladó a centenares de menores de forma improvisada, generó graves tensiones sociales y obligó incluso a reubicar a muchos de ellos tras unos meses.
Del mismo modo, la decisión de la Comunidad de Madrid de ubicar a estos menores inicialmente en Fuenlabrada —municipio gobernado por el PSOE— fue contestada con firmeza por su alcalde, lo que provocó que se reconsiderase la ubicación. En cambio, Pozuelo, con un gobierno municipal dócil, sin peso político en su propio partido y más preocupado por los titulares que por sus vecinos, ha resultado ser un destino fácil.
Podemos admitir que tenemos prejuicios, pero no son gratuitos: están fundamentados en hechos, en experiencias anteriores y en la falta de transparencia actual. Lo que exigimos no es un “no” por sistema, sino rigor, previsión, medios adecuados y un compromiso real con la integración y la convivencia.
La gestión de este tipo de situaciones exige responsabilidad, claridad y coordinación entre administraciones. Nada de eso se ha visto hasta ahora. Ni el Ayuntamiento ha alzado la voz con la contundencia necesaria, ni la Comunidad de Madrid ha facilitado información clara, ni el Gobierno de España ha acompañado su decisión con los recursos técnicos y humanos imprescindibles.
Tampoco se está abordando la raíz del problema. La mayoría de estos menores no llegan de forma espontánea, sino como resultado de redes de mafias que se enriquecen traficando con sus vidas, impulsados también por los cantos de sirena de ciertas ONGs o por una narrativa buenista que promueve falsas expectativas. Muchos de ellos podrían y deberían estar con sus familias, si desde los países de origen y desde la cooperación internacional se trabajara con responsabilidad para protegerlos y ofrecerles oportunidades en su lugar de nacimiento.
A esto se suma un agravio que muchos vecinos no entienden y que nosotros compartimos: el coste por menor en estos dispositivos de acogida supera con creces lo que el Estado invierte en nuestros mayores en residencias, en nuestros soldados o en nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad. No es de recibo que quienes han trabajado toda su vida, quienes nos defienden o quienes garantizan el orden reciban menos atención y recursos que menores extranjeros llegados de forma irregular. Esa comparación ofende el sentido común y erosiona la confianza en las instituciones.
Desde Vecinos por Pozuelo exigimos al equipo de gobierno que, más allá de cuidar las cifras y los titulares, actúe en defensa de los intereses de los vecinos y del bienestar de los propios menores, que merecen una acogida digna, realista y bien gestionada. No se trata de rechazar, sino de hacer las cosas bien. Y hoy por hoy, no se están haciendo.
Pozuelo necesita menos propaganda y más seriedad. En estas circunstancias creemos que la respuesta de los vecinos de Pozuelo es un NO rotundo a esta actuación.
José Antonio Rueda, Presidente de Vecinos por Pozuelo de Alarcón





