Dos años de torpeza política: Tejero, viendo que no había dinero en el Ayto, debió abandonar su política de obras faraónicas innecesarias y dedicarse a arreglar las locuras de Quislant

Estimado Capitán:
Permítame que haga una serie de disquisiciones sobre la torpeza política de la alcaldesa Paloma Tejero ahora que se van a cumplir dos años de su gestión, lo que significa que hemos cumplido ya más de media legislatura porque los meses de 2027 no hay que contarlos ya que, como mucho, podrá hacer una administración ordinaria.
Y es que lo de Paloma Tejero en el Gran Pozuelo de Alarcón está siendo de traca.
Recuerdo que llegó al Ayuntamiento con promesas por delante, como hacen todos, vendiendo la moto de que iba a arreglarlo todo. Y que iba a transformar la ciudad. Pero pronto se topó con la realidad que había dejado Susana Pérez Quislant. Y la realidad era una ruina.
Pero en vez de coger el toro por los cuernos y ponerse a tapar los agujeros que dejó su antecesora, se lanzó a prometer obras faraónicas que no tienen ni pies ni cabeza. Es cierto que iban en el programa electoral pero no había dinero para ello y tuvo que cambiar su política. Rajoy lo hizo cuando sucedió a Zapatero, Paloma, y no se le cayeron los anillos. Todo el mundo te hubiera entendido.
Pero no lo hizo. Ella quería pasar a la historia de esta ciudad. Para que cuando alguien, algún día, mire atrás diga: “Eso lo hizo Paloma Tejero”.
Pero, insisto, no había un euro en las arcas del Ayuntamiento. Y ella lo supo desde el principio. Aun así, en vez de aplicar sentido común y hacer política con cabeza, decidió tirar de chequera como si estuviera en Las Vegas. Cheques políticamente sin fondo que solo servían para pagar las vergüenzas de Quislant.
Nada de arreglar lo que estaba roto, nada de gestionar con criterio. Ni siquiera se molestó en aprovechar que tuvo que tragar con Eduardo Oria, el que fue mano derecha de Quislant, y que podría haberle dicho por dónde empezar a limpiar el desaguisado. Pero no. Supongo que hablar con alguien que conocía el terreno sería demasiado sensato. O tal vez no quería deberle nada a nadie. O, simplemente, se creyó tan lista que pensó que podía hacerlo todo sola porque ella lo valía.
No sé quien la engañó, aunque lo sospecho.
Lo curioso es que estas cosas no se notan en los despachos, se notan en la calle. Porque mientras ella busca dinero (vendiendo patrimonio y subiendo impuestos) para obras que no se necesitan, los vecinos seguían con los problemas derivados de 8 años de una indigente alcaldesa que solo pensaba en su carrera personal y política.
Qué pena de Partido Popular.
Eso sí, mucha foto, mucha nota de prensa y mucha sonrisa falsa. Y ahora, tras dos años, nos damos cuenta de que no ha cumplido ni la tercera parte de lo que prometió en aquella esperanzadora campaña, ni ha resuelto los brutales problemas que dejó Quislant.
En dos años no ha tenido cabeza política. Ni humildad.
Los vecinos están hasta las narices, y con razón. Se sienten ninguneados, ignorados, como si su opinión importara un carajo y es que lo único que parece mover a esta alcaldesa es su necesidad de dejar marca.
Ha jugado con las expectativas de un pueblo entero y ha fallado a lo grande porque los ha enfadado.
Quiere pasar a la historia, sí. Pero lo va a hacer, probablemente, como la alcaldesa que más oportunidades desperdició.
Tuvo la ocasión de hacer las cosas bien, de ser valiente, de arreglar lo que estaba podrido. Pero prefirió el postureo, la obra absurda y el “yo mando aquí”.
Y así, claro, no se va a ninguna parte. Salvo al recuerdo de los vecinos como otro político más que vino a lo suyo y dejó Pozuelo peor de lo que lo encontró.
Le hubiera ido mucho mejor políticamente y los vecinos estaríamos encantados…
Gracias, Capitán, por la libertad que permite.
Juan Pozuelo






