El Gobierno del Gran Pozuelo de Alarcón se mueve, en esta legislatura, entre los desechos de tienta de la política madrileña y el síndrome del paracaidista y así es imposible que prospere

En mi anterior artículo puse énfasis en el hecho incontrovertible de que Pozuelo de Alarcón es una entidad local en franca decadencia. El deterioro institucional de Pozuelo viene siendo ampliamente documentado por El Correo y no requiere más explicación.
La gestión del Partido Popular durante los últimos veinte años en Pozuelo de Alarcón ha sido deplorable. Una especie de corrupción sistémica se fue apoderando de la localidad, hasta el punto de ser considerada como la cuna de la GURTEL. Más de uno de sus alcaldes fueron procesados por corrupción.
Luego llegaron otras que vinieron, vieron el percal y se afanaron por no hacer nada. La tónica dominante estuvo marcada por el deseo de permanecer el menor tiempo posible, paralizar todo aquello que pudiera heder, cubrir con un tupido velo todo aquello que no pintara bien y fomentar la imagen personal para proyectarse hacia un puesto en otras instancias: la Asamblea de Madrid, el Gobierno de la Comunidad o el Senado suelen los destinos más apetecidos.
La recién estrenada alcaldesa muestra el mismo patrón de conducta; no parece que vaya a levantar ninguna alfombra y la legislatura se le va a hacer muy larga.
El Partido Popular se aprovecha de que el votante pozuelero es ciego. Una gran mayoría serían incapaces de nombrar a un solo concejal o mencionar el nombre de la alcaldesa. Votan a la marca porque desconocen los asuntos locales. Para ellos este es un entorno residencial donde vienen a dormir, pero se sienten ciudadanos de la gran metrópoli que es Madrid.
El partido en el poder se aprovecha de esto y cumplimenta las listas electorales con personajes que no tienen nada ver con el municipio. Son gentes que están de paso; son, los llamados paracaidistas, asalariados del partido cuyo coste nos endosan a los ciudadanos.
En cada cita electoral se produce un reparto de premios y los afortunados se desplazan a donde les indiquen. https://elcorreodepozuelo.com/2023/09/18/destrozar-pozuelo-tiene-premio-a-los-ex-concejales-monica-ga-molina-y-pablo-gil-tras-llevar-20-anos-seguidos-viviendo-del-dinero-pozuelero-tambien-los-ha-colocado-el-pp/
La consecuencia es que en Pozuelo somos víctimas de este sistema que nos deprecia como ciudadanos. Cada legislatura tenemos que padecer a unos sujetos sin mayor competencia profesional, que haciendo alarde de una inutilidad proverbial vienen a pasar el tiempo a la espera de un nuevo destino. Como contrapartida, deben mostrarse muy dóciles con al aparato. Aquí nos llegan auténticos desechos de la tienta política.
Esta legislatura va a ser más de lo mismo. Nos han colocado para gestionar Pozuelo a unos sujetos que no viven en nuestra ciudad y exhiben un desconocimiento absoluto de sus problemas. No tienen oficio ni beneficio, ni competencia profesional para cumplir con un cometido mínimamente aseado. No pintan nada.
El manual político dice que se debe poner por debajo una segunda capa de profesionales, a ser posible escogidos digitalmente (entiéndase dactilarmente) que habrán de ser quienes verdaderamente corten el bacalao. Una manera de hacerlo es creando la figura de los directores generales, como si en el Ayuntamiento no hubiera funcionarios suficientemente profesionales y debidamente capacitados.
En esta legislatura, la corporación popular ha alcanzado un nuevo grado de funambulismo político, ya que ha nombrado cuatro directores generales con nocturnidad, parece ser que con ausencia de procedimiento legal, y por lo que he entendido, con absoluto desprecio a los principios de concurrencia y transparencia.
El resultado ha sido el nombramiento de cuatro directores generales de marcado carácter político. Ya tendríamos una segunda capa de prebendados, cuya capacidad para resolver asuntos de enjundia resulta tan limitado que fue preciso no exponerse al riesgo de que tuvieran que competir por alcanzar el cargo. Por supuesto, serán sujetos muy bien pastoreados, pues deben mostrarse agradecidos con quienes les han bendecido con tal inestimable canonjía. En este caso, tampoco muestran, según tengo entendido, vinculación alguna con Pozuelo, ni acreditan una trayectoria profesional acorde con sus puestos.
Durante muchas legislaturas ya, la corporación municipal de Pozuelo muestra la misma pauta. Llegan paracaidistas totalmente ajenos a Pozuelo, con escasa voluntad por mejorar la ciudad. Son gentes que ni pinchan ni cortan. Los alcaldes, los concejales y los directores generales vienen y van, rotan las personas, pero nada cambia. Todo permanece igual.
Las cosas nos llevan a pensar que, en última instancia, hay un poder en la sombra. En los tiempos de Teodoro García Ejea era fácil hacer conjeturas. El famoso murcian power tan extensamente denunciado por este periódico no dejaba lugar a dudas. Ahora diríase que asistimos a un balanceo en ese poder sombrío. Vean los personajes públicos que muestran las fotografías publicadas por este periódico durante los últimos meses y atarán cabos.
Antes de finalizar debo hacer una rectificación. No todos los nuevos directores generales son unos incapaces. El último que nombró nuestra alcaldesa, sospecho que muy obedientemente, es un profesional con gran experiencia en materia de gestión de suelo. Según indica un medio digital, forma parte de un selecto grupo de directivos de la Comunidad de Madrid que “han sido imputados por siete supuestos delitos” (https://confilegal.com/20230615-la-justicia-admite-a-tramite-una-querella-contra-5-altos-cargos-de-la-comunidad-de-madrid-por-prevaricacion-y-desobediencia/)
Todo parece indicar que en el Partido Popular de Madrid se ha producido un balanceo en las estructuras internas de poder. Los acontecimientos suceden como si la mano que mece la cuna de nuestra insigne ciudad hubiera cambiado de sede.
En cualquier caso, cualquier lector medianamente perspicaz estará empezando a comprender las razones por las que no hay interés en que el municipio se desarrolle económica, social y culturalmente.
Fuencisla Mina






