El Fantasma de don Agustín comenta, con su sorna habitual, la elección de Paloma Tejero como candidata a la alcaldía, la renuncia (o lo que sea) de ERE y los codazos por ir en la lista

Tras una larga espera, al menos así nos ha parecido, ya sabemos los nombres de quienes van a encabezar las listas que los principales partidos políticos van a presentar a las próximas elecciones locales. O lo que es lo mismo, quienes son los que van a disputarse el sillón de la alcaldía.
Por lo que se refiere a los populares, al final saltó la sorpresa. Si existían apuestas, me da que no hay ninguno que haya acertado. Incluso, hasta es posible que algunos hayan tenido que echar mano del frasco de las sales para recuperarse de la pájara. Está claro que la señora Ayuso les ha cogido con el paso cambiado.
Vamos, que les ha dejado con un palmo de narices.
Es lo malo que tiene lo de confundir los deseos con la realidad. Y más en esto de la política en la que nada es seguro hasta el último momento.
Confieso que a mí también me ha sorprendido la designación. No sólo no lo esperaba, es que ni siquiera se me había ocurrido. Creo que en esto tengo menos porvenir que el señor Tezanos, aunque me salva aquello de que yo no realizo encuestas.
A mí la designación de Paloma Tejero no me parece, de momento, ni bien ni mal. No es de Pozuelo, pero lo conoce por haber estado aquí cuatro años de concejal y, además, llevando eso tan importante del urbanismo. Desde luego, no es alguien ajeno a esta villa.
Lo que sí me parece, es que es representa un cambio respecto a lo que ha venido sucediendo en los últimos años. Y, aunque sea sólo por eso, estoy dispuesto a concederla el beneficio de la duda.
Como estoy encerrado en este convento, desconozco cuales han sido los motivos que han llevado a los dirigentes de la primera planta de Génova a este desenlace.
Dicen por ahí que el eterno candidato, el señor consejero de Sanidad, no ha querido competir para ser alcalde de Pozuelo. Tal vez sea así. O tal vez no. Los órdagos algunas veces se pierden porque no se sabe calcular bien a quién se echan. Y, además, no siempre es conveniente jugar de farol.
Lo que no deja de llamarme la atención es que, nada más conocerse que el señor Ruiz Escudero no era el candidato a la alcaldía, se solucionaba el ya largo conflicto que había mantenido la sanidad madrileña, en concreto la atención primaria.
Puede ser, sin duda, una casualidad, pero a este fantasma, que ya es viejo y resabiado en estos asuntos, cada vez cree menos en eso de los hechos fortuitos. No es que uno sea mal pensado, es que la experiencia le ha ido maleando durante mucho tiempo.
Y ahora, después de la designación, la campaña electoral. Y, sobre todo, los empujones y codazos que se van a propinar aquellos que quieren acompañarla en la lista. Son, desde luego, muchos los competidores y escasos los puestos.
Han dado comienzo las maniobras de aproximación.
Y como ya le sucedió a San Pedro, más de uno negará, al menos tres veces, que alguna vez haya sido “susanista”.
Ya saben aquello de que “a toro muerto gran lanzada”.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






