¿De qué Fiestas se siente la alcaldesa Quislant satisfecha si el 70% de la población de Pozuelo ni se enteró de que se estaban celebrando y su seguridad fue profesional a su propio pesar?

La alcaldesa de Pozuelo Susana Pérez Quislant no pierde ocasión de ponerse medallas.
Ahora, tras unas desorbitadas fiestas para un barrio de Pozuelo, ha mostrado su satisfacción. Está satisfecha con el resultado final. Dice en una nota de prensa que por el alto número de participación de vecinos y visitantes y sobre todo porque hayan discurrido sin incidentes.
Ay, sin incidentes. Sobre todo sin incidentes, alcaldesa, aunque la seguridad de la que tanto presume no le preocupó hasta dos días antes del inicio de las propias fiestas…
Pero vayamos por partes como diría Jack el Destripador…
En primer lugar diré que, en agosto, la alcaldesa Quislant estaba muy orgullosa por el dispendio económico que había hecho para su despedida festera (el vecindario la recordaría por algo) y la seguridad, dicho sea de paso, no le preocupaba lo más mínimo… ELLA estaba disfrutando de sus vacaciones y solo pensaba en el fastuoso éxito político que le acarrearían…
Sin ánimo de auto-citarnos, fue El Correo de Pozuelo el que hizo la primera llamada de atención (el 25 de agosto) sobre el peligro que suponía tener unas fiestas “muy divertidas” pero que no habían tenido en cuenta (al menos que se supiese) los problemas de inseguridad ciudadana que la amenazaban, especialmente, por parte de las bandas juveniles (latinas y árabes).
Aquel artículo tuvo una gran repercusión entre los lectores y al día siguiente volvimos sobre el tema, exigiendo conocer algunas medidas de prevención que se tuviesen preparadas ya que, a nuestro entender, la publicación de algunas de esas medidas forman parte de la disuasión.
Pero la alcaldesa seguía de vacaciones totalmente despreocupada y haciéndose fotos con David Villa, su gran estrella festera que iba a dar el pregón.
Pero el peligro que denunció El Correo de Pozuelo tuvo su materialización el día 28 de agosto en las fiestas de Alcalá de Henares en donde hubo unos incidentes muy graves entre el caos que produjeron las reyertas protagonizadas por bandas juveniles…
Aquellos sucesos pusieron en prevengan a la Comunidad de Madrid y a la Delegación del Gobierno y la cosa de la seguridad en las fiestas se puso muy seria, recomendando a los alcaldes la convocatoria de la Juntas Locales de Seguridad…
Pero Quislant seguía soñando con sus maravillosas fiestas de despedida y aún esperó hasta el día 1 de septiembre para reunir a los responsables de seguridad de la Policía Nacional y la Policía Municipal… No era la Junta Local de Seguridad pero daba el pego…
El caso era que ELLA ya se había acojonado por los sucesos de Alcalá de Henares y la presión de la Comunidad de Madrid y la Delegación del Gobierno, y tuvo que mentir diciendo que todo estaba previsto… Pero no lo estaba…
Ahora, cuando ya han pasado las fiestas sin ningún tipo de incidencias reseñables, la alcaldesa se deshace en elogios de los profesionales que mantuvieron a esas bandas juveniles a raya…
Es lo mínimo que puede hacer. La policía (nacional y municipal) salvaron su trasero porque a su descrédito solo le hubiera faltado que en Pozuelo se hubiera montado un pollo parecido al de 2009…
Dicho esto, pasemos a la asistencia de personas a las fiestas…
Y me gustaría, para continuar, que nos dijera algo más sobre ese alto número de participación de vecinos en ellas porque el 70% de la población pozuelera no se esteró de que las fiestas se estaban celebrando…
Oyó los cohetes y, de noche, oyó un cierto chundarateo… Y, como mucho, preguntó a qué se debía… pero poco más.
Y es que yo creo que sobre las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de la Consolación hay que hacer una profunda reflexión para años venideros, algo imposible de hacer con esta alcaldesa… La reflexión y ELLA son incompatibles.
Una reflexión que lleve a dejarlas, por ejemplo, más cortas. Ocho días es una barbaridad y, más, si se piensa en que la mayoría de esos días son laborales. Y en esos días, solo se divierten los peñistas que, como fantasmas, recorren el Centro de Pozuelo acompañados de una música infernal sin sentido…
Y con el agravante de que varios de esos días laborables, además, son lectivos, hecho que afecta muy seriamente a la participación de los niños…
No tiene sentido una fiesta de ocho días. Y hay que empezar a pensar seriamente si conviene ir con las fiestas hacia los últimos días del mes de agosto en lugar que alargarla a la primera semana de septiembre cuando ya, entre otras cosas, se ha celebrado hace casi una semana el día de la Virgen.
En agosto, en cambio, hay mucha gente de vacaciones y los niños no tienen colegio. En cualquier caso, nunca ocho días.
Por otra parte, hay que reflexionar también sobre la necesidad de que las fiestas sean compartidas por la mayoría de los habitantes de Pozuelo. No tiene tampoco sentido que estén circunscritas a una población muy exigua que ni siquiera llega al 10% de los vecinos.
Es absolutamente necesario que participen en ella el 90% de población restante. No basta con que unos cuantos vecinos se sientan protagonistas de ellas, llegando incluso a presumir de que sin las peñas no habría fiestas… Es necesario que las peñas se limiten al porcentaje de población que representan.
Hay que hacer que una inmensa mayoría de la población de Pozuelo sienta las fiestas como suya. Ya sé que esto no será fácil de conseguir tal y como se entienden en este momento ya que es un error de aurora boreal el acaparamiento de las fiestas por una minoría que, además, presume de su ordinariez.
No son esas fiestas las que necesita esta ciudad y que nadie me venga a defender que son parte de la idiosincrasia de ella porque no es cierto. Este tipo de celebración apenas tiene 50 años.
Y hace 50 años, tendría su razón de ser… Hoy, no tienen ninguna salvo que se circunscriban a la zona en la que sobreviven, imitando a las fiestas del norte. Quieren parecerse a Pamplona hasta en “El pobre de mí”…
Pero no se trata de que desaparezcan. Nadie quiere que desaparezcan. De lo que se trata es de que las fiestas sean algo de toda la ciudad de hoy. No de la ciudad de hace 50 años. Aquella ciudad no tenía nada que ver con la actual. La ciudad actual sostiene de manera mayoritaria el presupuesto de la ciudad y, consecuentemente, el de las fiestas… Y tiene derecho a participar y sentirla suya…
Y debo decir que esa reflexión tiene que partir del futuro Gobierno de la ciudad porque es una decisión política…
Amén.
El Capitán Possuelo






