Otro ‘éxito’ de Tejero: La productividad usada torticeramente para dividir a los trabajadores de Ayto (funcionarios y laborales) y la Policía Municipal o la rara lotería interna del Ayto

Estimado director:
Por si fuera de su interés, aquí le dejo unas líneas sobre lo que considero una gran injusticia.
En el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón ya no se habla de política de personal, ni de trabajo, ni de servicio público… Se habla de suerte. O de mala suerte, según el despacho en el que uno trabaje.
El pasado 18 de diciembre, mientras media España soñaba con que los bombos de la Lotería le trajesen algo de suerte, en el Consistorio se celebraba su propio sorteo con el reparto de productividades. Enhorabuena a los agraciados. De verdad. Algunas eran justas, otras largamente solicitadas y por fin concedidas y otras negadas. Pero, como en todo sorteo mal organizado, el problema no es que haya premios, sino a quién le toca siempre la pedrea…
Porque este año el premio grande no se ha repartido de forma equitativa. Las miradas dentro del Ayuntamiento apuntan a un lugar concreto: el cuartelillo de San Juan de la Cruz. Allí, según comentan los propios trabajadores municipales, la lluvia de productividades ha sido especialmente generosa. Y no es una anécdota aislada, es una tendencia que empieza a chirriar.
Mientras funcionarios de administración y personal laboral vuelven a despedir el año sin cobrar los fondos de valoración presupuestados —ni consolidados en nómina ni abonados mediante productividad—, otros colectivos miran al Camino de Alcorcón porque allí sí encuentran siempre la fórmula para mejorar sus retribuciones. Legalmente, sí. Políticamente, de forma muy discutible.
La alcaldesa Paloma Tejero, en una maniobra política de mala gestora (aunque lo llamen listeza) ha optado por un modelo de reparto discrecional para conseguir la división. Divide, vencerás y tendrá a gente agradecida a tu servicio.
Y es que Tejero decidió que productividades serían para quien las concejalías y direcciones generales considerasen oportunos. Sin criterios claros, sin transparencia y sin un planteamiento global. Una decisión que no solo genera desigualdad sino que enfrenta a trabajadores que comparten edificio, acuerdos y obligaciones.
El contraste es difícil de justificar. Para unos, silencio administrativo, retrasos injustificados y promesas que se alargan durante años. Para otros, estudios, propuestas y mejoras constantes.
Y no hablamos de pequeñas cantidades. Las cifras que se manejan en horas extraordinarias para la Policía Municipal en 2025 rozan los 280.000 euros.
Para ponerlo en contexto: en la anterior legislatura no se alcanzaban los 20.000.
Y, claro, la pregunta es inevitable:
¿Qué está pasando para que este incremento sea necesario y, sobre todo, quién lo controla?
Porque aquí aparece otro problema de fondo: la falta de transparencia.
Las condiciones económicas que afectan a toda la plantilla municipal deberían negociarse en los foros comunes del Ayuntamiento. Sin embargo, hay decisiones que se toman en circuitos paralelos, fuera del radar del resto de trabajadores. Se negocia solo, se acuerda solo y se cobra solo. Y al resto se le pide comprensión.
Conviene insistir en que esto no es una crítica a la Policía Municipal. Defienden sus intereses, como haría cualquiera y tienen un jefe que no quiere problemas, como no quiere problemas la alcaldesa, y el dinero fluye.
Y es que el foco de esta anomalía está en la responsabilidad política. En una alcaldesa que permite esta asimetría, que no explica los criterios y que acepta subidas encubiertas mientras niega soluciones generales.
El problema viene de lejos. Hace ocho años se prometió una carrera horizontal para funcionarios y laborales que nunca llegó. No hubo plan B, ni compensación, ni sistema alternativo.
Hoy seguimos igual: niveles retributivos por debajo de otros municipios, fuga de talento constante y una plantilla cada vez más desmotivada.
A todo esto se suma la inejecución de compromisos básicos: años sin aportaciones al plan de pensiones, ejercicios completos sin plan de formación y negociaciones que se eternizan porque los tiempos los marca, siempre, el equipo de gobierno.
Pozuelo no necesita más sorteos internos ni más productividades usadas como moneda política. Necesita reglas claras, equidad y una política de personal que no enfrente a sus propios trabajadores. Porque cuando en un Ayuntamiento unos siempre cantan línea y otros nunca tienen ni cartón, el problema no es la suerte: es quién reparte los números.
Juan Pozuelo






