Las obras que tienen a Pozuelo “patas arriba” deben ser la herencia envenenada que Quislant quiere dejar a su posible sucesor en la lista del PP en las ya próximas elecciones municipales

Pozuelo es una ciudad tomada por las obras.
Tomada la villa, y los vecinos, sin estar del todo sometidos, se encuentran ya a un centímetro del estado de desesperación.
Porque no es únicamente el barrio de la Estación, en el que poder desplazarse con facilidad es toda una aventura, en el que intentar llegar a los comercios una maniobra arriesgada y en el que lograr cargar la compra de la semana en el coche una prueba de superación personal, cercana al pentatlón.
Un barrio en el qué si mal lo tienen los vecinos, peor, bastante peor lo tienen los comerciantes. Aunque ya saben lo que opina de ese asunto cierta concejala del equipo de gobierno, que por cierto anda muy escasa de empatía y bastante más escasa todavía de sentido político. Aunque, quizás, todo pueda deberse a que acostumbra a moverse muy poco por esa zona.
No, no se trata de una única zona, es que las obras están por todos lados. Una nueva rotonda por aquí, calles levantadas por allá, bulevares puestos patas arriba acullá. Nadie está a salvo.
Nadie, ni por supuesto yo mismo que me he visto sometido a unas obras intempestivas en mi torreón. Aunque lo mío, me temo, que debe ser únicamente por aquello de molestar.
No acierto a saber cuál es el motivo que está llevando a esta situación. Ni tampoco llego a entender la necesidad de algunas de las actuaciones que se están llevando a cabo. Puestos a elucubrar, pudiera ser que, tal vez, hubiesen sido picados por un bicho, uno de esos tan frecuentes ahora, que les haya transmitido una enfermedad que condujese a un estado de febril actividad.
Pero sea cuál sea la causa, el resultado es que tenemos todo patas arriba. Y en casos como éste, no puedo dejar de acordarme de ese dicho que recoge que no hay nada peor que alguien con pocas luces, pero con una gran capacidad de trabajo.
Aunque quizás todo se deba al simple hecho de que queda poco menos de un año para las elecciones municipales. Unas elecciones en las que, muy probablemente, pudiera haber cambios en el cartel electoral con el que se presente el partido político que gobierna en la actualidad.
Pudiera ser que quién manda ahora, entreviendo que ya no va a estar, haya pensado que detrás de ELLA el diluvio y que sean otros los que se hagan cargo de la herencia.
Otros deberán ser quienes tendrán que responder de una gestión que no han llevado a cabo.
Y es que hay regalos envenenados.
Ya saben, qué en esto de la política, hay un grado peor de enemistad que el de ser adversarios acérrimos y que es, aunque parezca mentira, ser compañeros de partido.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”





