El Fantasma de don Agustín se queja de la sordera de la alcaldesa Quislant y del Gobierno (entretenidos en buscarse su futuro político) para escuchar los problemas de los vecinos

Todavía no se cómo voy a hacerlo, pero es que ya se está haciendo tarde.
Me han dicho que aquí al lado, muy cerca de la Casa, hay un establecimiento en el que se pueden adquirir. Y, tal vez, al ser muchos los que se necesitan, puedan hacer una rebaja.
El problema que se me plantea es complicado. Lo primero de todo es conseguir que alguien los compre, tarea que no se me antoja sencilla. Y después, realizada la operación, tratar de que los utilicen.
¡Uy perdón! Ruego me disculpen.
Porque a estas alturas, muchos de ustedes se preguntarán de qué demonios estoy hablando. Y no andarán faltos de razón si así lo hacen. El caso es que a veces pierdo el rumbo y creo que estoy hablando únicamente para mí.
Me estoy refiriendo a la imperiosa necesidad de proveer a los miembros del equipo de gobierno de aparatos de audición. Es una compra urgente porque pareciese como si los mencionados concejales sufriesen una sordera galopante.
Ya sé que los aparatos únicamente les permitirán oír y que lo de escuchar es otro cantar, pero al menos se podrá mitigar la sensación que tienen los vecinos, cuando les plantean sus necesidades y demandas, de que se practica una política de hacer oídos sordos a las mismas.
Ya sé que a estas alturas muchos de ellos andarán más que preocupados pensando en su futuro. Queda poco más de un año de mandato y hay que dedicarse “a tiempo completo” a lo verdaderamente importante que no es otra cosa que maniobrar hábilmente para poder continuar en los cargos. Las cosas parece que están algo complicadas y cualquier empeño que se ponga en ello siempre será pequeño.
Oír, pero sobre todos escuchar para poder entender exige tiempo y esfuerzo. Y como no están por la labor, tienden a pensar que lo que ocurre es que los vecinos se ponen un poco pesados con sus problemas y que nunca están satisfechos.
Ora son los vecinos de la colonia La Cabaña y sus cuitas con lo del aparcamiento, ora son los comerciantes de la Estación con sus quejas acerca de las obras que allí se están llevando a cabo. Unas obras que están complicando, y mucho, su actividad y están poniendo en grave riesgo su continuidad en unos momentos ya de por sí delicados por la situación económica que se está padeciendo.
Pero ya digo, ¡es que son unos pesados!
Unos pesados que lo único que consiguen con sus reivindicaciones es incordiar y que no entienden que es más cómodo estar en política para salir en las fotos que para afrontar las responsabilidades y tratar de solucionar problemas.
Por eso se me ha ocurrido lo de los audífonos. No estoy seguro de si puede ser la solución, pero tal vez ayude.
¡Ojalá!
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






