Tres historias pozueleñas, tan próximas como distantes: Pablo G. Perpinyà, Susana P. Quislant y Unai Sanz son sus protagonistas y queda claro y meridiano el interés que los mueve

Anda la izquierda pozuelera de luto por la obligada salida del otrora joven portavoz del líder de “las tres comidas diarias” en la Asamblea de Madrid, al cementerio de elefantes que es el Senado.
Feliz estaba Pablo Perpinyà, hasta que llegó la médico y madre, Mónica (no sabemos si hay más casos en el mundo) y haciendo de la necesidad interés y defensa del matriarcado, reubica la portavocía reserva de los “nuevos” comunistas en dos compañeras, asumiendo ella la titularidad y, por lo tanto, los focos.
Esto de la política, Pablo, es extraño de sobrellevar, contento estabas en tu puesto de “vocero” y sin más: ”llegó la Comandante y mando a parar”.
En línea con el ido Pablo de Galapagar con sus ex (anteayer Tania, ayer Dina, mañana se verá), en vez de retirarte al gallinero de la Comunidad o ponerte un periódico, aunque fuese digital, te trasladan al Residencial del Senado. Lugar que ningún expañol es capaz de señalar para qué sirve, salvo para llevarse la pasta: Más de tres mil eurillos al mes, sin contar los añadidos, por catorce pagas…
¡A quién le puede amargar un dulce así!
Y mucho más luto, y con toda la razón, sufre su colega y representante de partido en nuestra ciudad, tras la desvergonzada actitud de Susana Pérez “a la huida” que, en su intervención del último pleno, queriendo humillar al joven Unai (no humilla quién quiere sino quién puede y tú, Pérez, ni puedes ni sabes) menospreciándolo a él, quiso humillarnos a todos los que no la votamos… Incluso a los propios.
Habrá que recordarles a PSOE, VOX y “fúnebre” C’S que el PP está en minoría y que ellos han tenido la posibilidad de evitar que ELLA dejase de representarse a sí misma en lugar de a los pozueleros, elección que ha mostrado, una vez más, en su intervención ante Unai en el Pleno del Ayuntamiento pasado.
Es curioso como la infumable clase política que nos toca sufrir a la ciudadanía siempre ve la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio.
Así y con toda la razón, el joven Unai le recuerda a Pérez-Quislant sus deficiencias en medio-ambiente, protección de los más desfavorecidos, ausencia de vivienda pública…y él, sin embargo, nunca ha sido capaz de recordarle a los propios y cercanos social-comunistas su nefasta gestión sobre la pandemia en nuestra Comunidad de Madrid, ergo en nuestro Pozuelo vital.
Idéntica actitud han movido a Pablo y a Susana; el primero en la Asamblea de Madrid solo ha conseguido “gritar” a la solitaria Ayuso y ni una sola palabra en contra del gobierno central que la intentaba asfixiar y con ello ahogarnos a todos.
Y de nuestra alcaldesa, tanto criticar a la oposición municipal (resumida en Unai, los otros oposiamigos ) y cuando tiene que hacer gala de respeto, tolerancia y escucha activa, impide cualquier crítica a su nefasta gestión, ¡incluso ahora que las cuentas no salen…que ya le vale!
Al final, la única diferencia entre ellos, son las siglas que los acompañan porque en cuanto tienen la oportunidad (Unai, aún por ver, pero la democracia partidista se traduce en si no ladras, no cabalgas…) primero el partido, luego el partido y, finalmente, ellos con la disculpa del partido.
Es lo que hay y si además hay “pelas” por medio, incluso la familia nos la llevamos por delante que, acometer pareja nueva, es sinónimo de cambio y modernidad.
Y es que el dinero acaba juntando siempre: palabras, acciones e intereses… del partido, que, finalmente, acaban convirtiéndose en propios.
Alejandre






