El Fantasma de don Agustín reflexiona sobre estas elecciones autonómicas y sus promesas electorales y sus descalificaciones cuando se debería votar de acuerdo solo con uno mismo

Si algo tiene de bueno, esto del adelanto horario, es que la precampaña electoral va a durar una hora menos. Y es que, a mí, todo esto de la propaganda de los políticos, ¡que quieren!, me empieza ya a cansar un poco.
Bueno, no un poco sino bastante. Y, me temo, que esto que me sucede a mí, les pasa también a muchos de los sufridos mortales que están llamados a acudir a las urnas.
Los tenderetes y las carpas de los diferentes partidos ocupan las calles y las plazas. Los políticos dejan, por unos días, de pisar moqueta y bajan al asfalto para acercarse a los vecinos. No les hacen caso cuando están tras la mesa, en sus despachos, pero ahora les entra la avidez por abordarlos cuando acuden a comprar el pan o a tomarse el aperitivo dominical.
No deja de ser sino un mercadillo en el que todos, como buenos vendedores, dicen ofrecer la mejor mercancía al mejor precio posible. Y si el producto es del agrado del comprador, se le pide, en vez de dinero, el voto.
Todos los medios son válidos con tal de conseguir ese deseado voto. Pero saben, como experimentados feriantes que son, qué para conseguirlo, es mejor apelar a los sentimientos que a la razón. ¡Cuánto más fácil es llegar al corazón que a la cabeza!
Utilizan, unos y otros, el miedo. El miedo y la descalificación del contrario. Se les pide el voto a los vecinos, más que en apoyo de una opción, para evitar que se alce con la victoria la opción contraria.
¡Es el mundo al revés!
Porque todo resulta, al final, mucho más sencillo.
Porque la política, pese a los políticos, consiste simplemente en apostar por un modelo de sociedad que se aproxime, lo más posible, al que cada uno de nosotros entendemos que es el mejor. Ninguno de los que nos propongan se ajustará del todo a él. Pero habrá, sin duda, alguno que lo haga más que los otros.
Todas las opciones son igualmente respetables, si se sitúan dentro de la legalidad, porque detrás de ellas hay personas que se sienten identificados con ellas. Si se deprecia o se descalifica a alguna, se estará menospreciando a quienes las apoyan y a su derecho a apoyarlas. Y, de momento, todos tenemos los mismos derechos y somos igual de respetables, aunque opinemos de forma diferente.
Ese es el sentido último que tienen las votaciones, el hacer posible que el conjunto de los ciudadanos elija que modelo de sociedad quiere. Qué decida cómo y de qué forma quiere afrontar los próximos años. Que elija aquellos valores sobre los que deben fundamentarse las actividades políticas.
Lo demás, no deja de ser ruido. El gran ruido mediático, que toda campaña lleva consigo. Alejarse de él, puede ser una buena opción para no dejarse influenciar y elegir en soledad de acuerdo con nosotros mismos.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”





