Carta abierta a don Agustín, “El fantasma del Torreón”, para ayudarle a comprender la figura del presidente Sánchez y las genialidades de la alcaldesa Quislant (Pasta en velas, incluida)

Estimado don Agustín:
He leído sus reflexiones sobre el parche de las velas que han colocado en la plaza del Padre Vallet.
Y me sorprende que el margen de las velas usted reflexione sobre otras cuestiones, como algunas referidas al presidente del gobierno. Me da la impresión de que como usted es muy antiguo no comprende las nuevas costumbres de nuestros mandamases y que por ello no entiende que don Pe.ro Sánchez más que presidente del gobierno actúe como bis-rey, vaya con el falcón a la residencia regia de La Mareta y junto a su doña Begoña intente ponerse moreno en el palacete de Doñana.
Me da la impresión de que usted no comprende que don Pe.ro es de los que piensan -si es que piensa- que como bis-rey tiene derecho a reinar pero no a gobernar y a disponer de los bienes del reino como le salga de los pulmones. Y que como todo buen bis-rey es indolente y que nadie le pida cuentas.
¿Qué el país se pudre con lo del virus? Pues que se pudra. Ya ha dicho bien alto y claro que él no tiene nada que ver con esa podredumbre.
Así que aterrice usted y no quiera vivir en el Siglo de Oro español. Ahora estemos en el Siglo del Oropel.
Y que ese aterrizaje le haga usted comprender también las genialidades que se sugieren a la casi bis-reina local doña Susana como las siguientes:
-Para que los niños y los jóvenes no se infecten con el virus pues que se cierren los parques deportivos. Que no los mate el virus, que los mate el aburrimiento.
-Si los jóvenes necesitan divertirse -como cualquier joven- pues que se vayan a burrear, sin que nadie les moleste, al Cerro de los Perdigones. Allí no podrá ir la policía municipal pues como todos sabemos la tal poli no es peatona sino cochera y el coche no puede subir hasta allí.
¡Ah! ¡Y lo de las velas que sirven de sombrajos en la Plaza del Padre Vallet! Nadie podrá disfrutar de los sombrajos, pero hay que reconocer que son muy entretenidas: los niños muy niños juegan a saltar de una sombra a otra y se desafían para ver quien da el salto más grande.
Los abuelos que acompañan a los niños se preguntan: ¿Qué consejero de la alcaldesa se ha llevado la pasta que han costado los sombrajos? Porque no cabe pensar que idea tan peregrina se le haya ocurrido a la alcaldesa o a otro concejal, no son tan descerebrados.
Juan Pijolero.






