El Fantasma de Don Agustín desenmascara al Gobierno de Pozuelo: Su inseguridad personal y su falta de convencimiento solo busca el aplauso fácil y la docilidad de los vecinos
Ahora ya saben, todos y cada uno los pozueleros, lo que supone estar confinado entre cuatro paredes. Yo lo estoy para siempre, pero a ellos, el mucho tiempo que llevan en esa situación, les está pareciendo ya toda una eternidad.
Y por eso, entre otras cosas, han empezado a protestar.
De momento son protestas aisladas, pero, mucho me temo que, de persistir el obligado encierro, se van a ir generalizando.
¡Les comprendo perfectamente!
Me siento completamente identificado con ellos y con su protesta.
¡Cómo no iba a ser así, si ya en su día, tampoco acepté las normas que se me querían imponer, hasta en la forma de pensar y de ver la vida!
Los españoles siempre hemos sido un poco ácratas y respetamos el poder lo justo. Y el límite para soportarlo, lo solemos poner en aquellas decisiones, de los de arriba, que afectan a nuestra vida personal.
No soportamos el poder ilimitado, utilizado siempre por personas de escasas capacidades y nunca por el hombre virtuoso.
Lo único que nos diferencia a los vecinos y a mí, es que ellos, de puertas para adentro de sus casas, pueden organizarse como mejor entienden y yo me veo obligado también a soportar las normas y costumbres impuestas en “la Casa”.
Intento adaptarme como mejor puedo, ¡pero a veces me cuesta!
Me cuesta soportar la propaganda barata y de escaso recorrido, los intentos de utilización, a mayor gloria personal, de los trabajadores municipales.
Me rebelo contra el abuso de los reportajes fotográficos vacíos de contenido, que únicamente buscan un pretexto para estar una y otra vez, de forma harto cansina, en las redes sociales.
Ya es sabido que, en los gobiernos arbitrarios, aquellos que mandan se acostumbran desgraciadamente en ver en la opinión pública a su peor y más encarnizado enemigo. Y por ello, se empeñan tozudamente en intentar controlarla.
Y una buena forma de hacerlo, piensan, es transmitir en cada momento la imagen de sí mismos que más les conviene, no la que en realidad es.
No actúan por convencimiento sino buscando la oportunidad.
Están más por el parecer que por el ser.
Su inseguridad personal, su falta de convencimiento en lo que hacen y en las políticas que acometen, los lleva a buscar el aplauso fácil y la docilidad de los gobernados, haciendo de ello una especie de bálsamo de Fierabrás que les proteja y les permita autoafirmarse.
No toleran ni consienten la crítica porque presienten que, a través de ella, pueden enfrentarse a la triste realidad de que se sustentan en unos débiles pies de barro.
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”






