Hoy, Día de los Tercios Españoles en memoria de la victoria de Gembloux de 1578, El Correo de Pozuelo recuerda a don Francisco de Húmera, nuestro vecino más ilustre de la Historia

Para los europeos de su tiempo no hubo sombra de duda: durante más de ciento cincuenta años, entre 1534 y finales del siglo XVII, los tercios españoles fueron las mejores unidades militares del mundo.
Tres siglos después de su desaparición, todavía los especialistas de hoy comparan los tercios de infantería española con las legiones romanas.
Armadas con un arrojo incuestionable y una lealtad absoluta hacia su rey, los tercios fueron las grandes unidades de infantería, generalmente española, de los ejércitos españoles.
Eran solo un porcentaje pequeño de los ejércitos multinacionales de los Austrias, pero encarnaban su núcleo duro, la herramienta decisiva que forjaba las victorias de los ejércitos españoles.
Hoy se celebra el Día de los Tercios Españoles en conmemoración de la batalla de Gembloux, que tuvo lugar el 31 de enero de 1578 entre el ejército de los Países Bajos y las tropas de la corona española en el marco de la Guerra de Flandes, también conocida como Guerra de los 80 años, el momento más comprometido para los intereses hispánicos en Flandes.
Alejandro Farnesio -sobrino de Don Juan de Austria y también combatiente en Lepanto- guió un ejército de 6.000 soldados de élite en dirección a Flandes.
En total, las fuerzas hispánicas sumaban 17.000 hombres, lo cual inspiró cierto temor en los rebeldes, que comenzaron a pedir ayuda a Francia, Inglaterra, Alemania. Pero era tarde, la maquinaria de los tercios ya estaba en marcha y consiguieron una gran victoria.
Los Tercios fueron un prodigio de eficacia organizativa al que desde aquí rendimos homenaje.
Y, ante este recuerdo a los gloriosos tercios españoles, El Correo de Pozuelo también quiere homenajear a Francisco de Húmera, nuestro vecino más ilustre.
Tan ilustre que no tenemos más remedio que recordar aquí las palabras del historiador don Ángel Montero:
“Don Francisco de Húmera nació en Pozuelo de Aravaca, como entonces se llamaba la localidad, que aún no era villa, hacia el año 1.536. Después de ordenarse de presbítero en Toledo, marchó a Roma. Fue capellán de don Juan de Austria y del duque Alejandro Farnesio cuando éstos fueron gobernadores de los Países Bajos. Designado Protonotario Apostólico en abril del año 1586 siendo vicario general del ejército en los Países Bajos y administrador de los Hospitales Reales para los tercios en el período 1.579-1.590”.
Cuando volvió a la Villa, y siguiendo el relato de don Ángel, “Viendo las necesidades que tenían muchos labradores de Pozuelo a la hora de obtener trigo como semilla para cultivar sus campos, fundó un pósito pío de trigo “para hacer bien a los pobres” y prestar a los jornaleros más necesitados de forma caritativa y desinteresada.
Este pósito lo estableció con dos fines, ambos de gran utilidad para el pueblo: El uno era prestar el grano a los labradores pobres que, por un año estéril u otro suceso desgraciado, no podían continuar sus labores si no se les prestaba la semilla. Y el otro, para que en los años de poca cosecha se hallase el pueblo con granos de repuesto para contener el alza de los precios y suplir la falta de trigo”.
Esperemos que algún día, el Gobierno de Pozuelo de Alarcón honre su memoria como merece…
Juan Manuel Sánchez






