Don Francisco de Húmera: Un ilustre, glorioso y desconocido personaje de Pozuelo. Un artículo de Ángel Montero y Domingo Domené

Don Ángel Montero Sánchez vino a vivir a Pozuelo para que sus hijos, unos niños, se criasen con y en la tranquilidad que nuestra villa proporciona a sus habitantes. Preguntó sobre la historia de la localidad. Se le dijo que nadie sabía nada. Le sonó a desafío y se dedicó a investigar. A lo largo de muchos años ha ido recabando datos y noticias sobre nuestra historia en archivos nacionales y extranjeros y en las publicaciones más diversas. Se puede afirmar, con seguridad total, que él posee más documentación sobre la historia de Pozuelo de Alarcón que el archivo municipal o que el servicio municipal de documentación existente en la biblioteca Miguel de Cervantes. En algún momento don Ángel cedió parte de esa documentación (y algunos libros) a nuestro ayuntamiento. La burocracia ¿cultural? (no la política) lo ignoró y años después don Ángel sigue esperando que alguien le dé las gracias y le diga si aquellos documentos fueron a la papelera o a algún ignoto lugar. Y si hoy don Ángel volviera a hacer algo similar tenemos la seguridad, porque así nos lo han dado a entender los burócratas, que el resultado sería el mismo.
A través de una tercera persona, de don Pedro Martínez, cura párroco de la iglesia matriz de Pozuelo, la parroquia de la Asunción, el segundo firmante de estas líneas ha conocido el interés de don Ángel Montero por Francisco de Húmera, uno de los personajes más importantes y más benefactores de la historia de Pozuelo, del cual el autor de este artículo no sabía absolutamente nada a pesar de que hace ya bastantes años coordinó un equipo de doctores y licenciados que publicó un completo -aunque breve- estudio de nuestra villa.
De don Francisco de Húmera, posiblemente el más ilustre de los pozueleños en toda su historia, lo más que se ha dicho en este su pueblo natal, hasta ahora, son las breves líneas que figuran en la página digital del archivo del ayuntamiento.
Vamos a ver, brevemente, lo que don Ángel Montero nos dice sobre nuestro ilustre paisano. Copiamos, literalmente, sus palabras que van entre comillas y en un espaciado diferente. Y por eso, porque la más importante parte de este artículo son sus palabras lo firma en la condición de coautor.
“Don Francisco de Húmera nació en Pozuelo de Aravaca, como entonces se llamaba la localidad, que aún no era villa, hacia el año 1.536. Después de ordenarse de presbítero en Toledo, marchó a Roma. Fue capellán de don Juan de Austria y del duque Alejandro Farnesio cuando éstos fueron gobernadores de los Países Bajos. Designado Protonotario Apostólico en abril del año 1586 siendo vicario general del ejército en los Países Bajos y administrador de los Hospitales Reales para los tercios en el período 1.579-1.590”.
Para valorar adecuadamente lo antedicho aclaremos algo los significados de sus títulos y sus obras. Lo de protonotario apostólico era una dignidad bastante más elevada de lo que a primera vista pueda parecer. Era el más alto de los títulos de la curia pontificia. Los protonotarios apostólicos eran siete, y como su nombre indica (proto->primero) eran los notarios más importantes de la cancillería papal. En la época de don Francisco de Húmera su número ascendió a doce en toda la cristiandad por disposición del papa Sixto V.
Lo de vicario general del ejército en Flandes supone afirmar que don Francisco de Húmera sin ser obispo ejercía como tal porque se decía que el obispo, el ordinario de las fuerzas armadas, por no tener éstas un territorio propio era el papa en cuyo nombre actuaban los vicarios generales de los ejércitos
En la página del archivo municipal se dice que pudo ser el “fundador del pósito antiguo, que dejó una fuerte impronta en el municipio, pues tenemos documentado que, además del pósito, fundó capellanías en la iglesia parroquial de la Asunción y un mayorazgo”.
El año 1583 Felipe II reguló los pósitos debido al alza de los precios del pan. Solían organizarlos los concejos. Como el del Pozuelo de entonces no debía tener ni un maravedí don Francisco de Húmera se vio obligado a hacer el pósito (edificio almacén y compra de grano) a sus expensas.
“Cuando don Francisco de Húmera regresó a España desde los Países Bajos en el año 1.600 es recompensado con una capellanía en la Capilla de los “Reyes Nuevos, de Toledo.
Viendo las necesidades que tenían muchos labradores de Pozuelo a la hora de obtener trigo como semilla para cultivar sus campos, fundó un pósito pío de trigo “para hacer bien a los pobres” y prestar a los jornaleros más necesitados de forma caritativa y desinteresada.
Este pósito lo estableció con dos fines, ambos de gran utilidad para el pueblo: El uno era prestar el grano a los labradores pobres que, por un año estéril u otro suceso desgraciado, no podían continuar sus labores si no se les prestaba la semilla. Y el otro, para que en los años de poca cosecha se hallase el pueblo con granos de repuesto para contener el alza de los precios y suplir la falta de trigo.
Don Francisco de Húmera fundó el pósito de trigo con licencia del cardenal don Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo, dada el día 16 de enero de 1.615. Esta licencia se concede porque don Francisco de Húmera “nos ha hecho relación que con celo del culto divino y caridad con el prójimo” y dejado un pósito de mil fanegas de trigo para prestar y beneficiar “en pro y bien del lugar de Pozuelo” amén de “repartir a pobres cada año buen número de fanegas de harina”. Para ello hipotecó su propia casa y la huerta de “los Abades, junto al arroyo de las Huertas.
El pósito desapareció de Pozuelo en el siglo XIX, como en casi toda España.
En el inventario de documentos, libros y muebles realizado en el Ayuntamiento de Pozuelo el día 18 de octubre de 1.873 y practicado por orden de su alcalde don Hipólito García, se encontraba un libro del pósito, que “comprende desde el año 1.622 hasta 1.673; otro que comprende dos libros, desde 1674 hasta 1.783 y un legajo que comprendía desde 1.784 a 1.842, con cincuenta y siete expedientes”. Desgraciadamente esta documentación ha desaparecido”.
También en la licencia concedida en 1.615 se dio permiso al presbítero don Francisco de Húmera para hacer capilla y altar en la iglesia de Pozuelo, “que sirviera para su enterramiento y el de su familia”. Para ello debía romper la pared norte del templo, quedando el cuerpo de la capilla fuera de la iglesia, y en lo roto hacer un arco de piedras a propósito, fuerte y lucido, con su reja de hierro. Así se hizo y se construyó un altar, retablo, reja con sus insignias y bóveda para la sepultura
Después del fallecimiento de don Francisco de Húmera acaecido el 17 de julio de3 1620, fue sepultado en esta bóveda y sobre la piedra del sepulcro se escribió un epitafio con mención de las obras pías que el presbítero había hecho en su vida”.
Y así estuvieron su capilla y sepultura hasta la guerra incivil durante la cual la iglesia de Pozuelo fue bombardeada. Todo, absolutamente todo, incluida la capilla, quedó tan deteriorado que como su reconstrucción era muy costosa se optó hacer todo nuevo porque sería más barato. Lo que quedaba del primitivo templo parroquial fue derruido y se construyó otro que en cierto modo recordaba al antiguo. En la reconstrucción de la capilla que se había hecho para enterrar al protonotario Húmera el arco por el que se accedía a ella desde la iglesia fue sustituido por un simple dintel. Según dicen los más ancianos de esta villa de Pozuelo de Alarcón lo que quedaba del retablo mayor de la iglesia, obra de Francisco Giralte, y del de la capilla-sepulcro de don Francisco de Húmera fueron vendidos o regalados a no se sabe a quien con el conocimiento y aprobación del departamento de Regiones Devastadas. ¿Dónde están? ¿Sigue enterrado aquí el protonotario apostólico don Francisco de Húmera? A don Ángel Montero y a quienes amamos a Pozuelo nos gustaría resucitarlo.
Don Ángel Montero ha escrito un grueso estudio (cuatrocientas páginas) sobre don Francisco de Húmera. Y está concluyendo otro sobre “Las relaciones topográficas de Pozuelo de Alarcón (1575) y de Húmera (1578)”, que lleva el mismo camino. No contento con esto también nos puede hablar del pozueleño Antonio de Espina (siglo XV), del establecimiento oleográfico que Juan de la Puerta Vizcaíno tenía en Pozuelo y en el cual se imprimió un libro (1876) que sigue siendo una obra de arte, del también impresor Manini, etc. etc. Es evidente que don Ángel merece el premio del millón para el mejor.
Ángel Montero Sánchez y Domingo Domené Sánchez






