Crónica apresurada pero llena de orgullo y emoción del grandioso éxito que ha tenido la Banda Sinfónica La Lira de Pozuelo en el festival internacional de bandas de Pamplona. Algo inenarrable (vídeos)

Casi sin tiempo para digerir lo que ha pasado este fin de semana en Pamplona, he pasado las cuatro horas que se tarda en llegar a Pozuelo pensando de que quería escribir en esta crónica que el director de El Correo de Pozuelo me ha pedido.
Y es que la participación de la Lira de Pozuelo en el IFOB 2019, un festival internacional de bandas de música organizado con motivo del centenario de “La Pamplonesa”, la banda de música local, ha tenido dos caras claramente diferenciadas.
El sábado por la mañana la banda pozuelera era invitada a dar un concierto en la sala principal del Baluarte, uno de los auditorios más importantes de España. Por ese mismo coliseo han pasado entre el 12 y el 16 de junio bandas del prestigio de la Primitiva de Liria o la Municipal de Barcelona.
Ha sido todo un reto de 90 minutos de música de la mejor calidad en los que la Lira de Pozuelo ha tenido la fortuna de ser dirigida en una obra por uno de los mejores directores del momento Johan de Meij, y ha interpretado el concierto para trompeta de Luis Serrano con el solista José Sibaja, venido desde Boston para la ocasión.
Por si era poco, La lira nos ofreció la segunda sinfonía para banda, de nuevo de Luis Serrano, que ya tuvimos ocasión de escuchar en el pasado concierto de Navidad en el MIRA, ya que la banda está preparando este festival desde octubre del año pasado.
La guinda del concierto fue la obra “Poema Sanférmico” compuesta por el director de la Pamplonesa, Vicente Egea, inspirada en la música popular de los San Fermines y que fue la obra obligada en la edición de 2016 del Certamen Internacional de Bandas de Valencia, que ganó la Lira de Pozuelo.
Fue el propio Egea, que muy satisfecho con la ejecución de su obra en el certamen valenciano, quiso que la Lira fuera a interpretar “Poema Sanférmico” a Pamplona.
Posiblemente sea la persona menos indicada para hacer una crítica de la Lira de Pozuelo, ya que no voy a ser ni objetivo, ni ponderado, ni pondré un solo milímetro de mesura en lo que escriba, pero llevo muchos años escuchando música de bandas y no recuerdo un concierto como éste de esta banda.
De lo que hicieron las otras, no puedo hablar porque no tuve la suerte de escucharlas.
Pero si que les digo que fue hora y media de música de la mejor calidad, de una enorme dificultad de ejecución y que la banda estuvo inmensamente grande. De categoría. A la altura de los dos certámenes de bandas de Valencia.
Por ponerle dos peros, en los fuertes de la banda, el sonido se empastó un poco ya que la Lira se presentó en Pamplona con 115 músicos (fue la agrupación más grande de las más de 60 bandas que asistieron al festival) y posiblemente el volumen del sala 1 del Baluarte habría pedido un poco menos de sonido.
Y otro pero: la brutal intensidad del repertorio, de una extraordinaria complejidad musical, poco apto para oídos pocos entrenados en escuchar bandas, pero que un servidor se tragó sin pestañear y que nos dejó sin aliento.
La única concesión que hizo el director fue regalarnos en los bises el magnífico pasodoble “La Lira de Pozuelo”, compuesto por Luis Serrano con motivo de 20 º aniversario de la creación de la banda.
Y ahí, ¿qué quieren que les diga…? Cuando una buena banda toca un buen pasodoble se abren las puertas del cielo y lo que pasó en ese momento fue exactamente eso.
Si el concierto fue espectacular, el pasodoble nos hizo estremecer de emoción.
La otra cara de la participación de la Lira de Pozuelo en este festival del centenario de la Pamplonesa fue esa misma tarde.
Si el repertorio de la mañana era sofisticado y de una dificultad extrema, por la tarde fue todo lo contrario: la banda participó en un inmenso pasacalles, que partiendo desde seis puntos de la vieja ciudad, la recorrió hasta la plaza de toros, donde 60 bandas con casi 2500 músicos, nos dimos cita para homenajear a la banda anfitriona.
Desde la calle Nueva, dejando a su izquierda la capilla donde se venera a San Fermín, la banda empezó su caminar con “los Nardos”. Madrid puro, por las calles de Pamplona. Canela fina….y se armó la tremolina.
Fue espectacular la entrada de la Lira de Pozuelo, con sus 115 músicos ocupó casi tres cuartas partes del diámetro del coso pamplonica. La nuestra fue de las últimas bandas en entrar en la plaza y tras ella, los Gigantes y los Cabezudos de Pamplona hicieron un pasillo para recibir a la Pamplonesa que entró en el ruedo entre el delirio y el fervor de los 10.000 pamploneses que abarrotaban la plaza.
Es admirable la fusión entre un pueblo y su banda. Fue impresionante el cariño que grandes y chicos demostraron a la Pamplonesa cuando pisó la arena y los gigantes de Pamplona, los míticos gigantes de Pamplona, bailaron con su música.
Todas las bandas interpretaron un par de piezas tradicionales de Pamplona, que en unos días sonarán en los San Fermines. Pero era tal el ambiente de las calles de la ciudad en ese momento que la Lira de Pozuelo formó para empezar un nuevo pasacalles que les llevó desde la plaza de toros, por el medio de la calle Estafeta hasta la Plaza del Ayuntamiento.
Pero es que eran las once de la noche y en Estafeta no cabía un alfiler. El caso es que la bandera roja de la Lira se abrió paso como por encanto y fue arrastrando tras ella una multitud de pamploneses y visitantes que estaban absolutamente entregados a la música de la banda de Pozuelo.
He visto muchos pasacalles en mi vida, pero creo que como ese, ninguno. Los pamploneses nos demostraron esa noche mágica que adoran a su banda pero que sobre todo aprecian a la música, disfrutan con ella. Y emocionan con su entrega y su calor humano. No he visto nunca mejor público.
Solo puedo acabar dando la enhorabuena a la organización del festival por la maravillosa oportunidad que le han dado a una banda de Pozuelo, felicitar a La Pamplonesa en su centenario y agradecer a los pamploneses su acogida.
Si tenemos que juzgar una banda por la pasión que mueve, La Pamplonesa es la primera banda del mundo. Sin duda.
Juan José Granizo






