El bochornoso espectáculo de la caridad a la carta: El Aquarius como atractivo político y lección de marketing viral mientras la costa andaluza se llena de gente que huye de la miseria africana

Desgraciadamente conocemos a la clase política, mal llamada casta, en cuanto que son impresentables… en general. Los habíamos visto posando para el Vogue, acompañando a cuantos dictadores en el mundo hay, viajando en avión, oficial, para no perder los toros, que ya sabemos lo importancia de una buena corrida de idem; con novias varias y con pisos del estado; disfrutando de París o Nueva York, incluso reclamando dádivas al finado Botín y, por supuesto, siempre defendiendo cualquier causa lejana, porque las locales… no dan votos.
Ejemplo claro esto último es lo recién acontecido; mientras en nuestro sur de España, el que colinda con Marruecos y la colonia de Gibraltar tan española como el resto de la península ibérica, se veía inundado el fin de semana pasado con la llegada de más de novecientos ilegales, personas como cualquiera de nosotros, huyendo de las miserias africanas y nadie del gobierno del postureo, ni de sus múltiples socios actuales, ni por supuesto del partido de la gaviota dijo ni movió un dedo, pero hete aquí que en cuanto apareció el Aquarius, con otra tragedia humana idéntica a la recibida en Andalucía todas las semanas pero con luces, focos e, imaginamos todos, algún que otro voto posible… todos a una y con un viajecito, añadido, de más de dos mil kilómetros… nos los quedamos los españoles, porque ellos, nuestros políticos, nunca acogen a nadie.
Y empezó el compadreo, sin embargo, ninguno para sus casas, ¡faltaría más! Nuestros demagogos políticos, amigos todos de la igualdad social y del mundo sin fronteras se apuntaron en un bochornoso e insultante espectáculo a llevarse personas, cada cuál para su comunidad… autónoma. Destacando, como siempre, nuestra ínclita Carmena, tantos meses con la pancarta y los únicos acogidos están en Guadalajara: ¡Ay, Podemos, consejos doy que para mí no tengo!.
No le anduvo a la zaga el PP y el dizque candidato a sustituir al hombre que solo sabía caminar, antes de leer el Marca, mi paisano Feijóo, que también se sumó a la caritativa obra, teniendo tantos, desgraciadamente, sin salir de Compostela… Lo que da de sí, un barco rechazado en Italia y el actual momento político; eso sí, a costa del contribuyente que los alienta y que ignora que la factura la paga él.
Dicen que la caridad bien entendida empieza en la puerta de al lado, siempre bajo el signo del anonimato. Cuando llega acompañada de la foto y del circo mediático, lo veremos pronto, solo supondrá para los recién salvados: quitarles hoy el hambre, para enseñarles que no podrán comer mañana.
Pero se habrá pasado al olvido la acción acometida, Pedro Sánchez (tan solícito con el Ramadán) y demás estarán en otros menesteres y nadie, nunca máis, recordará qué fue de los “acogidos”, qué caminos siguieron y en qué situación están. Y esta, si, esta será la verdadera tragedia para ellos, lejos de su familia y hogar, rodeados de costumbres ajenas, idiomas excluyentes y religiones ajenas. Se verán acogotados hasta acabar cómo puedan y dónde puedan. Dura vida, es la vida.
Pagaron hasta lo que no tenían, para tan largo viaje a los traficantes de personas que conociendo el “buenismo” de nuestra sociedad ya se encargan de “empatizar” a los nuevos esclavos del siglo XXI que traen, incorporando mujeres embarazadas y niños. La realidad es que ninguno de los afectados sabía que la salvación no la alcanzaron por las miserias vividas, ni por los apetitos pasados, sino por la desvergüenza de una clase política que por una foto de cooperante, son capaces de saltarse ley y sentido común a coste cero y con algún voto en el zurrón.
Solo hubiese faltado que nuestra alcaldesa Quislant viendo la oportunidad y al salir su foto en El Mundo -imagen del municipio más rico y con menos paro de España… a pesar de ella y tan irreal- para no ser menos que la defensora de refugiados, sin asistir a ninguno de nuestra capital autonómica, levantando la voz y recordando nuestro superávit, se hubiese apuntado al juego, desvergonzado, de reclamar un número de ellos con la esperanza que sentados a su mesa fuese razón suficiente para mantener candidatura y posición en las próximas municipales. De traca hubiese sido, aunque no descarten que lo hubiesen podido pensar.
Qué habremos hecho, para tener a esta tropa. Y los pobres recién llegados creyendo que han llegado a la tierra de promisión…
A. Nogueiro





