El nuevo Partido Popular (o como se tenga que llamar en un futuro próximo) debe olvidarse desde ya mismo de Soraya, Cospedal o Feijóo y debe apostar por recuperar primero ideología

No puedo dejar pasar la ocasión de comentar la situación del Partido Popular en este momento. Hablo del Partido Popular Nacional, no de la Agrupación de Pozuelo. De aquí ya habrá tiempo.
Y digo que no puedo dejar pasar la ocasión porque los escenarios hay que intentar analizarlos desde la previa y siempre me gustó arriesgar. Analizar los resultados, como hacen los economistas, es muy fácil. A mí me ha gustado siempre aportar mi granito de arena al debate y, tras la pérdida del Gobierno y la airosa retirada de Mariano Rajoy, la situación ofrece un sinfín de posibilidades y yo, al menos, quiero arriesgar la mía. Aunque parezca una locura.
Desde hace mucho tiempo, los lectores de El Correo de Pozuelo saben que yo defiendo la llamada Derecha Social. Lo he explicado muchas veces. Con lo que no estaba de acuerdo era con hacer una derecha social que llevase consigo la perdida de los valores eternos de la propia derecha. De esos valores que arropan a la ideología y que le dan, en estos tiempo, su principal apoyo.
Y el problema es que el Partido Popular había ido perdiendo esos valores desde hace mucho tiempo. Podría exponerlos aquí pero me llevarían demasiado lejos y lo que hoy toca es escribir la previa de lo que creo que debería pasar de aquí a la celebración de ese Congreso Extraordinario que se va a convocar para finales de julio.
Porque a ese Congreso Extraordinario se debe llevar varias cosas fundamentales cosidas si el partido quiere seguir siendo alternativa de gobierno de España.
En primer lugar, debe dejar de lado ya el protagonismo que Soraya Saenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal o Alberto Núnez Feijóo y rebuscar en sus valores para rearmarse ideológicamente. El PP actual empieza a tener un ‘cacao maravillao’, por ejemplo, en su idea de España, de las autonomías, de los idiomas de sus posicionamientos mediáticos y eso no se puede seguir manteniendo… Pero esto es solo un ejemplo., como digo.
En segundo lugar y rearmado con los valores ideológicos, sería el momento de cambiarle el nombre al partido. PP o Partido Popular es un nombre quemado. Achicharrado, diría yo, por mucho que se empeñen sus dirigentes en tratar de limpiarlo. Es imposible. Ya es imposible.
Es cierto que la corrupción afecta a las personas y no a las instituciones. Es cierto que el PP no ha sido nunca condenado penalmente a consecuencia de una financiación irregular, cosa que si ocurre con otros importantes partidos (PSOE o Convergencia, por ejemplo) que sí han sido condenados por financiación irregular pero el PP, extrañamente, es el partido corrupto a nivel de la calle. Y ese sambenito, guste o no, lleva consigo un desgaste enorme y permanente.
Lo mejor es cambiarle el nombre. No pasa nada. Lo han hecho muchos partidos de países como Italia, Francia o Alemania por citar solo algunos. Es marketing político puro. Es así la vida.
Y una vez que se tenga claro qué se quiere y como se quiere presentar, sería el momento de hablar de líderes. En ningún caso de Soraya Saenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal o Alberto Núnez Feijóo.
Santamaría porque es más de lo mismo y, además, no es querida por el aparato del PP. Su nombramiento llevaría división interna.
Cospedal tampoco debe ser y casi por las mismas razones que Soraya. Pero, además porque, personalmente, me parece pasado. Pasado y fracaso.
Y Feijóo, esa gran esperanza blanca que él mismo se ha sacado de la manga, me parece alguien menor. Amén de que España no es Galicia, el nuevo partido empezaría con el hándicap de su pasado fotográfico pero tirado con misiles
Lo que los actuales dirigentes del PP deben buscar es alguien nuevo, que traiga un aire creíble y que sea capaz de aglutinar e ilusionar a la derecha española o si quieren de centro-derecha, aunque a mí eso del Centro me ha sonado siempre a chino, a invento de Adolfo Suárez para navegar por un mundo político muy complicado en la Transición.
Podría decir que deberían buscar un nuevo “Enmanuel Macron” español. Porque, cuenten las milongas que quieran, Macron es un hombre de derechas. De la Derecha Social francesa.
Supongo que habrá mucha gente que no esté de acuerdo con estas premisas y me parecerá bien. Solo son puertas abiertas a un debate absolutamente necesario para que el desierto que deberá cruzar el PP sea corto, porque como los afiliados se dejen llevar por el romanticismo político, se pueden perder en ese desierto y no salir nunca de él.
Que el debate no se detenga…
El Capitán Possuelo






