¿Es tan grave la contaminación atmosférica para la salud como dicen? La respuesta es SI. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Con frecuencia creciente leemos noticias sobre la contaminación en la ciudad de Madrid. Las medidas de control que está tomando el Ayuntamiento son impopulares y nos preguntamos si ese asunto es tan grave como para que se tomen estas molestas soluciones.
La respuesta es si.
Entre el 5 y 9 de diciembre de 1952, Londres sufrió lo que se ha llamado la “gran niebla”, una malévola conjunción de falta de viento, aire frío con una espesa niebla más humo de carbón.
La visibilidad era tan baja que se llegó a impedir la circulación y se suspendieron las representaciones teatrales por que era imposible ver el escenario desde los palcos.
En los días de la “gran niebla” y los inmediatamente posteriores se produjeron unas 4000 muertes por enfermedades respiratorias, en su mayoría en niños pequeños y adultos con afectación pulmonar previa.
Entre 1981 y 1987 se produjeron en Barcelona 26 brotes de asma alérgico con el resultado de miles de personas afectadas y docenas de fallecidos.
Tras las investigaciones epidemiológicas se descubrió que la causa era la descarga de soja en un silo del puerto que carecía de filtros. Cuando el viento llevaba las partículas de soja hacia la ciudad, se disparaban los casos de esta enfermedad entre las personas susceptibles.
Son solo dos ejemplos de lo que puede suponer la contaminación atmosférica para la salud.
Hay muchos tipos de contaminación: algunas son naturales como los volcanes. Otras son esporádicas, como los incendios forestales. Algunas dependen de la industria, la minería o la agricultura, otras de actividades domésticas (como la calefacción) o el tráfico.
Por ello, puede haber infinidad de sustancias químicas contaminantes.
Esta es la razón por la que el estudio y comprensión de este problema es complejo, pero es de suficiente magnitud como para ser identificado con claridad desde los años 50. Los recursos tecnológicos actuales nos permiten afirmar, sin muchas dudas, que las cosas son peores de lo que pensábamos.
Ya que hemos empezado hablando de la contaminación en Madrid, vamos a centrarnos en ella.
El ayuntamiento de la capital se focaliza en las partículas en suspensión y en cuatro gases: dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono y ozono.
Las partículas en suspensión son pequeñísimas cantidades de materiales sólidos o líquidos que son emitidos a la atmósfera en procesos industriales. Por su pequeño tamaño se quedan flotando en el aire pudiendo ser inhaladas en la respiración.
De esta manera llegan al pulmón y se depositan en él, causando inflamación y fibrosis. Se suelen denominar como PM10, lo que hace referencia a partículas de menos de 10 micrómetros (millonésima parte de un metro), que son las más peligrosas por llegar fácilmente al pulmón.
El monóxido de carbono (CO) es producto de la combustión imperfecta de cualquier combustible. Es la causa habitual de intoxicaciones por braseros y estufas defectuosas, pero los viejos motores y las calefacciones antiguas son fuentes habituales en las ciudades. Su efecto es bloquear de manera irreversible la hemoglobina, la proteína que transporta el oxígeno a los órganos.
Los otros gases provienen de la combustión de combustibles fósiles: el dióxido de azufre (SO2) se origina por quemar carbón (el de baja calidad tiene más azufre). El monóxido de nitrógeno (NO) se produce en la combustión de cualquier tipo de combustible al reaccionar el oxígeno y el nitrógeno atmosférico dentro de motores o turbinas.
El ozono (O3) se produce por efecto de la luz de sol en el oxígeno cuando hay gases de combustión presentes.
Estos tres compuestos son muy tóxicos y producen inflamación de las vías aéreas. En niños pequeños esta inflación obstruye los bronquios de menor tamaño, impidiendo el paso de aire. En adultos con problemas respiratorios previos tiene un efecto similar.
La inflamación favorece la producción de moco y ello favorece el crecimiento bacteriano lo que es causa de causa de bronquitis y neumonía: dos causas frecuentes de muerte en ancianos en los picos de contaminación.
Por si fuera poco, en los últimos años se ha demostrado de manera bastante contundente que durante los episodios de alta contaminación hay un exceso de casos de infarto de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
Tras muchos años de exposición, los contaminantes pueden producir bronquitis crónica, enfisema o fibrosis pulmonar y aumentar ligeramente el riesgo de cáncer de las vías respiratorias.
Y esto por hablar, sólo, de unos pocos contaminantes…
Que las medidas tomadas sean eficaces en reducir la contaminación es harina de otro costal, pero cualquier responsable político sensato debe tomarse este asunto en serio. La contaminación atmosférica es una amenaza para la salud de todos.
Juan J. Granizo, Doctor en Medicina, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública





Buen artículo. Como vecina de Pozuelo mi pregunta es ¿Qué hace nuestro Ayuntamiento para reducir la contaminación?
Muchas gracias por su participación. Saludos