Dimitió Ana Mato y las Mareas Blancas, que pierden a su muñeco de pim-pam-pum, buscan con afán un sustituto

(27-11-14) La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Ana Mato ya es historia. Debería haber sido cesada hace tiempo por Mariano Rajoy debido a su mala gestión pero ahora, curiosamente, se ha ido solita. O, mejor, le han dado la pastillita de cicuta política y le han enseñado la puerta. Suicido inducido. Honor salvado. Vieja reminiscencia romana. Rajoy no podía subir al estrado del Parlamento para hablar de corrupción con Ana Mato en el banquillo azul. Podía, pero no estaba el horno para bollos.
Aunque, en puro análisis jurídico, el auto del juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, que tanto escándalo ha montado,sólo califica a Mato de “partícipe a título lucrativo” de los delitos supuestamente cometidos por su ex esposo Jesús Sepúlveda. Un tipo que ha sido muchas cosas pero que siempre lleva a su lado la coletilla de ex alcalde de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Vaya toalla. Pero eso no es imputación. El juez no la acusa.
La acusación que hace Ruz a la ex ministra de haber incurrido en un delito lucrativo, tipificado en el artículo 122 del Código Penal, significa en el fondo reconocer que “ni participo ni conocía” los supuestos delitos cometidos por su ex marido aunque se pudiera haber beneficiado de ellos. El juez Ruz descarta que cometiera delito y que conociera que se cometían. Pero es igual. Ana Mato hace tiempo que era una política muerta aunque ella no lo supiese o no lo quisiese saber.
El caso de Ana Mato es digno de análisis. Había fracasado en su labor política y seguía en su cargo y, en cambio, se va por algo que, presuntamente, no hizo. Ana no consiguió prácticamente ninguno de los objetivos con los que entró en el Ministerio en el año 2011 pero no fue cesada. Y se ha ido ahora por algo que se desconoce que hiciese.
Es cierto que su ministerio tiene pocas competencias ya que todas están transferidas a las Comunidades Autónomas, en otro de esos casos insólitos de España y contrario a lo que algunos pedíamos en su día, pero así hay que asumirlo. A lo hecho, pecho. Ahora, tal y como está España es, en la practica, un Estado Federal y si los Gobiernos de España mantienen esa cartera es porque les da vergüenza que le pregunten en Bruselas por ese ministerio. De hecho, ahora el cargo, durante unos días, lo asumirá la Vicepresidenta del Gobierno y no lo notará nadie.
Pero, en las pocas cosas que puede hacer un ministro de Sanidad en España, Ana Mato no estuvo a la altura esperada. Ni siquiera logró poner de acuerdo a todas las comunidades para una compra de medicamentos común, aunque hay que decir en su descargo que no es nada fácil poner de acuerdo a 17 políticos creídos y crecidos. Si será complicado que cargó con todas las culpas de los recortes de Sanidad o el propio copago, algo que resultaba imposible porque no tenía las competencias para hacerlos.Pero era bueno para las Comunidades Autónomas y Mato no supo asumir el liderazgo que se necesitaba el Ministerio. No supo o no la dejaron. Las Comunidades hacían los recortes y la responsabilidad política la asumía Ana Mato. Así está montado este tinglado. Y así ha sido en realidad lo cuente Agamenón o su porquero.
Ha pasado, incluso, en la llamada crisis del ébola. La responsabilidad era de la Sanidad de la Comunidad de Madrid y ella se encontró a mitad de camino. Sin saber bien qué hacer. Sin capacidad de liderazgo. Al final, como era lógico, cargó con las culpas.
Daba igual lo que hiciera. La oposición y los fuertes sindicatos sanitarios encontraron en esa indefinición a alguien en quien depositar su acción política. Era tan fácil como robar a una vieja, que se dice. Estaba tirado. Además, su marido estaba tocado por el caso Gürtel y eso era imperdonable para ella. Ana Mato era el ministro a batir. Carne de cañón político.
En algún momento pensé que Mariano Rajoy la mantenía en el cargo porque desviaba la acción política de la oposición hacia ella. Es una táctica muy propia de la política. Mientras atacan a un ministro que manda poco, los demás ministros se sienten más libres. Ha pasado en todos los Gobiernos de España.
Ahora, Ana Mato ha dejado ser el objeto de toda la oposición.Se acabó.
¿Qué hará ahora la oposición parlamentaria y la oposición de la calle? Sobre todo esta última. Sus líderes llevan toda la legislatura manteniendo la presión en la calle de las Mareas Blancas. Ana Mato, para ellas, era el gran adversario a derribar. Sabían de su debilidad. Ya está derribado. Ya no hay muñeco de pim-pam-pum. Ya no hay blanco fácil.
Me cuentan que los poderosos sindicatos de sanidad andan desorientados. Nunca pensaron que dimitiría o que sería cesada. No tienen Plan B. Y necesitan un nuevo adversario fácil para mantener su actividad. Algunos de sus líderes son de Podemos y quieren mantener la Sanidad como bandera sensible de oposición política. ¿En quién personalizarán ahora su campaña? En teoría, el nuevo ministro ya no será lo mismo. Rara situación la suya.






