La dedicatoria de un parque a Spottorno forma parte de la estrategia político-personal de Susana P. Quislant para reforzar su posición ante la militancia

No conocí a Álvaro Spottorno. Sí a su padre. Y mucho a su tío, con cuya amistad me honro. Según me cuentan, Álvaro era un chico estupendo y, en el poco tiempo que ocupó su acta, un buen concejal que no pudo ver culminado ninguno de sus soñados proyectos para Pozuelo.
¿Son motivos suficientes para dedicarle un espacio público a alguien que, además, ni nació ni vivía aquí? Yo creo que no. Y como yo, opinaba mi invitado a cenar la otra noche, que ocupa un alto cargo en lo que él denomina “el nuevo Partido Popular de Madrid” (aunque aquí, entre nosotros, también lo ocupara en “el antiguo Partido Popular de Madrid”)
¿Por qué, entonces, se ha propuesto dedicarle un parque a Spottorno? Pues, según me dicen, porque la alcaldesa considera que ese gesto le refuerza ante los militantes del partido. Ella cree que la militancia valora ese detalle para con los suyos, en contraposición a la anterior, que no miraba esas cosas. Todo, pues, se resumiría a una simple estrategia partidista propia de una bandería, pero con nuestros símbolos y nuestro dinero. Qué pena.
Y es que, al parecer, todo pensamiento y actividad de nuestra regidora tiene como objetivo final la ocupación del poder dentro del partido. Algo muy pobre de ideas, pienso yo, pero que cuadra perfectamente con la imagen de menesterosa intelectual que ofrece la alcaldesa.
“Ella es un perfecto ejemplo de político de esta fase de nuestra democracia -me dice mi invitado- No ha hecho nada más que medrar en el partido, y para eso no hace falta ser muy brillante. Al revés, cuanto más mediocres y más desapercibidos más duran”.
“Esa es la única clave de su éxito– continúa- y eso es lo que llevó a Adrados a elegirla a ella en vez de a otros concejales mucho más capaces. Pensó que elegía a una obtusa que le sería leal, pero le salió mal. Probablemente porque tampoco ella es que sea el intelecto y la agudeza personificada”.
“A Susana solo le preocupa ganar el partido. Es su única obsesión porque cree que eso le asegura repetir como candidata en las próximas elecciones. Pero es inútil. No lo conseguirá nunca. No tiene el apoyo de nadie. Ni de la Presidenta de Madrid. Ni de la Presidenta de Pozuelo. Ni de la militancia. Ni de los concejales. Tiene el desprecio general y solo cuenta con un apoyo declarado, el de su marido. Demasiado poco ejercito para asaltar tan grande castillo”.
Compruebo, una vez más, que los políticos viven bajo la maldición de Caín y que, como en aquella película de los 80, están condenados a cortarse la cabeza unos a otros hasta que solo queda uno. Pero me sigue molestando que lo hagan con mis impuestos.
Mi invitado se levanta. Mañana tiene que madrugar. Le acompaño hasta la puerta y nos despedimos.
De repente, como si hubiera olvidado algo, se gira en las escaleras y me pregunta de improviso: “Por cierto, ¿sabes que dicen que significa SPQ?”
¿Susana Pérez Quislant?– contesto yo ingenua e insegura.
“No– me dice con media sonrisa- Siempre Planeaba Quitarla”. Se gira y se aleja sonriendo.
Y Adrados creyendo que era su criatura. Vaya par.
Isabel Bathory




