A la Quedada Generacional de Pozuelo ya solo le queda el nombre. Tal vez, no habría que hacerla cada año y, desde luego, habría que ajustarla al paso del tiempo
Hace más de una década, 11 años creo, un grupo de treintañeros de Pozuelo pensó en hacer una quedada, en aquel momento la palabra se había puesto de moda, para recordar un tiempo que se había llevado el tiempo. Pura nostalgia del pasado. Querían, por una noche, volver atrás y que los viejos amigos se reunieran de nuevo para beber unas cervezas, recordar viejas aventuras y escuchar la música de su juventud en la calle Norte. Junto al Bar Norte.
A la reunión la llamaron Quedada Generacional. Era algo nuevo, distinto, imaginativo y no se necesitaba mucha pasta para organizarla. Bastaba con reunir a la gente para recordar. Fue un éxito total. Vinieron pozueleros de treinta y tantos años de media España. Todos atraídos por la nostalgia.
Fue una noche inolvidable. Creo recordar que la idea original duró dos años.
Como es natural, los políticos listos (que los había) de Pozuelo se dieron cuenta que aquello era una mina y en seguida se ofrecieron a organizar la mencionada Quedada. Ellos pondrían el dinero. Querían quedarse con ella y se quedaron. Pero, como siempre suele pasar, calcularon mal. No se dieron cuenta de que era muy complicado organizar sentimientos. Y con la oficialización, aquel derroche de imaginación popular, paso a ser simplemente una cita fiestera. No tenía vida. El Gobierno se dio cuenta y para animar la convocatoria pensaron que sería bueno contratar a artistas ochenteros que dieran conciertos de música de aquella época.
A partir de entonces, la filosofía fundacional se diluyó definitivamente y la Queda Generacional quedó en un concierto de carrozas. Era su muerte. No tenía sentido. Le habían puesto fecha de caducidad porque habían querido controlar los recuerdos y no se le puede poner puertas al campo.
Ahora. La Quedada Generacional solo es un concierto más de las Fiestas de N.S. de la Consolación. Uno más. Y los que se ven poco durante el año, se citan en el concierto. Es la única tradición que queda de aquella genial idea. Pero ya no viene nadie de fuera. Ya no les merece la pena. Todo es rutina. Y la rutina mata la ilusión.
Ahora, a la Quedada Generacional de Pozuelo ya solo le queda el nombre. El relato de lo que pudo haber sido y no fue.
Tal vez, no habría que haberla hecho cada año y, desde luego, habría que haberla ajustado al paso del tiempo. Da la sensación de que se hace solo para cuarentones.
Este año, el Gobierno trae a Jaime Urrutia. Un cantante que fue. Pero que, en la actualidad, está a tres centímetros de convertirse en olvido. O en juguete roto, que sería peor. Y cantará o hará que canta las viejas y maravillosas canciones de Gabinete Caligari. Y la gente puede que se lo pase bien. Pero ya no será una Quedada Generacional. Será otra cosa. Será un amable concierto, quizás, pero poco más. De alguna de aquellas canciones han pasado más de 30 años.
Puedo criticar la contratación de Urrutia, pero no es el caso. El caso es que esta ciudad no sabe evolucionar las buenas ideas para que no mueran. Las exprimen. Las agotan. Las destruyen.
Creo que sería bueno que el Gobierno no siguiese profanando aquella maravillosa idea. Creo que debería quedar en el recuerdo. En la parte de los buenos recuerdos. Pero esta ciudad y este Gobierno no sabe hacerlo y sigue destruyéndola cada año.
Dejen de llamarle Quedada Generacional, al menos. Ya no lo es.
El Capitán Possuelo






