Primera crónica del último Pleno del año político en el que, después de llorar, no tengo más remedio que pedir la dimisión de Carlos Ulecia y, de paso, de Félix Alba
Empezaré la crónica diciendo que los concejales deberían ir al Pleno con sus necesidades fisiológicas hechas. Vaya trasiego que han tenido a lo largo del debate. Y eso que las cámaras apenas seguían sus movimientos.
Dicho esto, debo señalar también que el último Pleno del año político ha estado a tres centímetros de conseguir un suicidio masivo entre los espectadores que lo estábamos viendo. Me incluyo en ello.
Un suicidio masivo que podría haberse producido en cualquier momento del Pleno en el que alguien fuese consciente de la inutilidad de las mociones expuestas. Suicidio por aburrimiento, sería diagnosticado. O por vivir ese momento de tristeza a la que nos arrastró Calvo Sotelo hablándonos de Miguel de la Cuadra Salcedo. Ay, Andrés, lloré tanto que se me acabaron los clínex. O, sencillamente, ese suicidio masivo se pudo producir para evitar la vergüenza ajena que suponía escuchar cualquiera de las intervenciones de Carlos Ulecia. De verdad, háztelo mirar, Ulecia.
El pleno ha tenido, por otra parte, dos protagonistas: Carlos Ulecia y Paloma Tejero, sobre los que han pivotado varias mociones y preguntas, con resultado desigual. Y dos estrellas invitadas: Félix Alba (qué oportunidad has tenido de callarte) y Andrés Calvo Sotelo con una actuación tan lacrimógena que me recordó al gran Leonardo de Caprio…
Pero vayamos por partes, como diría Jack el Destripador.
Amén de empezar tarde, como ya viene siendo habitual, el Pleno comenzó con sorpresa. Fuera de guión y sin venir a cuento, Ángel González Bascuñana hizo una extraña pirueta en la que, también sin explicación alguna, vino a decir que retiraba una serie de cosas de la denuncia que había presentado por corrupción sobre Pablo Rivas. No sé si era que el marido de la madre de Rivas ya no era el marido o el marido era otro. No me quedó claro. De entrada pensé que todo se debería a una larga meditación sobre el tema. Nada. Luego supe que esa retirada de familiares, allegados y tal se debía a que Bascuñana había recibido un burofax o varios, tampoco lo sé bien, en los que le conminaban a ello. No quedó nada claro, vaya. Volveré a visionar el vídeo. Pero todo es rarillo, al menos.
Después se pasó a la Sección Resolutiva del Pleno de la que tampoco se sabe nada porque ya viene trillada de las comisiones. Menos mal que algunos concejales tienen la deferencia de contarnos de qué va. Y el caso es que eran temas importantes porque trataban de pasta de los contribuyentes y eso siempre es un tema delicado.
La primera moción iba sobre las fiestas de Pozuelo. Nada nuevo bajo el sol. La presentaba Somos Pozuelo y su portavoz contó lo ya sabido. Bueno, cada uno de los portavoces habló de lo suyo. Pero con el mismo problema del año pasado. Nadie expuso su concepto de Fiestas Patronales. Y así no hay manera. Las actuales fiestas patronales no son de Pozuelo sino del Barrio del Centro de Pozuelo y esa mini matización haría que se avanzase mucho.
La segunda moción era de Ciudadanos e iba sobre las obras que deben realizarse en la pista de atletismo del Valle de las Cañas para conseguir su homologación y poner a Pozuelo, de paso, en donde le corresponde, algo de cajón de madera de cerezas del Jerte. No puede ser el municipio más rico de España y tener una pista de atletismo de la señorita Pepis.
Todo el mundo lo vio menos el concejal de deportes. Nunca vi a Carlos Ulecia en peor situación. Como no tenía defensa, divagó. Pero divagó hasta hacer el ridículo. Un ridículo espantoso. Impensable. Patético. Déjalo, Carlos. Dimite. La dignidad está por encima de estas cosas. Es más, creo que te está faltando tiempo para presentar esa dimisión. Y no te quiero decir nada si la impresentable defensa que hiciste de lo indefendible, te fue impuesta. En ese caso, huye…
Miguel Ángel Berzal lo tuvo a huevo. Podía haberlo achicharrado. Hubiera sido una faena de dos orejas y rabo. Pero, ay Miguel Ángel, se te fue vivo al corral. Aún no sé de qué iba tu discurso. Y mira que era fácil.
La tercera moción era del Grupo Popular y en ella se pedía la adhesión de Pozuelo a la Semana Europea de la Movilidad. Y la defendía una Paloma Tejero que, hoy, estaba fantástica en plan Farrah Fawcett. Y debo reconocer también que tuvo una actuación bastante sensata para lo que es ella. Bien. Hay que reconocer las cosas y eso no era fácil ante el espectáculo del portavoz de Somos Pozuelo (el teatro es sin duda su vocación) y ante el discurso siestero que se pegó Adolfo Moreno (lo he sacado aparte para que sustituya a National Geographic en mis siestas veraniegas). Qué tío más plasta.
Al final, nada. Que el Gobierno se apunta a la cosa y a otra cosa, mariposa. Lo demás es bla,bla,bla…
En la cuarta moción, presentada por el Grupo POpular, sobre darle una calle a Miguel de la Quadra Salcedo me hinché a llorar. Tanto lloré que voy a comentarla mañana. No puedo. Qué llantina pillé. Menos mal que luego me acordé del BBVA y con eso se me cortó. Siempre, ante tanta obra maravillosa, están los bancos poniendo la pasta. Y lo prosaico es el mejor antídoto del llanto.
Pero de eso ya hablaré mañana. De eso y de todo lo demás que queda por comentar porque el Pleno dio para mucho. Incluso, me dará para pedir la dimisión de Félix Alba.
El Capitán Possuelo






